miércoles, 2 de marzo de 2011

Reseña a “Adivinanzas, un Libro para Niños” de Sergio Hernández. Ortiga Ediciones, 2009



“Lo importante de esta obra de Hernández es que cautiva con simpleza y nos da una lección subliminal de cultura para redescubrir nuestra lengua e instar a los pequeños, que recién se están familiarizando con la literatura, a despegar todo el potencial creativo que tienen”

Por Arnoldo Ferrada


Editado por Ortiga Ediciones en noviembre de 2009 en su tercera edición (antes había visto la luz en 1998 y 2005) con un tiraje de 1500 ejemplares, 76 páginas y financiado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, este último libro del poeta chillanejo Sergio Hernández (1931 – 2010) apunta directamente al público infantil preescolar a través de adivinanzas, pequeños acertijos enmarcados en la tradición oral que encierran un juego creativo que demanda rapidez mental e imaginación. En el caso de los niños, Hernández, integrante de la generación del 50, premio Municipal de Arte de 1968, ha elaborado este libro cuidadosamente con el objeto de acercar el mundo de la literatura a los infantes y no sólo hacerlos reflexionar en el ámbito intelectual, sino que además instarlos a jugar con el lenguaje en un espacio lúdico, rico en formas estéticas y en contenido visual.

La obra cuenta con 35 adivinanzas acompañadas con sus respectivos dibujos, muy coloridos, y está encuadernada con una estructura muy amena y de fácil lectura que invita a entregarse a su narración, fantaseando con elementos cotidianos de la naturaleza que tanto niños y adultos disfrutarán y desafiarán con espontaneidad.

Lo importante de esta obra de Hernández es que cautiva con simpleza y nos da una lección subliminal de cultura para redescubrir nuestra lengua e instar a los pequeños, que recién se están familiarizando con la literatura, a despegar todo el potencial creativo que tienen, situación que les contribuirá significativamente en su desarrollo personal y profesional.

Cabe señalar que la gran vocación de Sergio Hernández es la de enseñar, transmitir los conocimientos y las herramientas necesarias que servirán a las nuevas generaciones para crear caminos y cultivarse como seres humanos. De testimonio están su docena de publicaciones en las cuales desarrolla ensayos sobre figuras relevantes del quehacer cultural nacional (Gabriela Mistral, Nicanor Parra) y temas que conectan el arte con la vida, así como su ejercicio poético en el que rescata lo cotidiano y lo transforma en una experiencia de sabiduría e ingenio para ir degustando y palpando nuestras propias raíces y lo significativo de la existencia.

Estas “Adivinanzas” vienen entonces a constituirse en una acabada herencia cultural de un hombre que ha ido sembrando su verdad a través de la simpleza del lenguaje. Como decía Neruda en el prólogo del segundo libro de Hernández “la poesía de este autor es canto que corre, cristal que canta” comparando la claridad de la prosa del escritor chillanejo con el devenir del agua pura, y que mejor que apuntarla también a los cimientos de una sociedad, en este caso los niños.

En suma, un libro infantil exigente, acertadamente ilustrado, que no adopta nunca una postura complaciente con los pre-escolares y muy por el contrario, intenta en todo momento ser un verdadero desafío intelectual y emocional para nuestros niños, de una forma amena y constructiva.