miércoles, 2 de marzo de 2011

Omar Lara, poeta: “La poesía es una lucha con la palabra en la que creemos cada vez menos”



Omar Lara es un poeta hecho por experiencias fuertes: infancia y juventud solitarias en medio de parajes que no ofrecían mayores estímulos, condenado a un exilio político lleno de dolores e incertidumbres y un retorno a su tierra marcado por la reconciliación. Ha transformado su vida es una más de sus creaciones lo que, en estos momentos, lo tiene situado en un escenario donde prima la tranquilidad y la claridad a la hora de analizar lo vivido para transformarlo en un elemento poético fructífero para crear, su mayor pasión. De su vida y obra, como de su visión de la poesía actual, conversó con Observatorio Regional.

Por Arnoldo Ferrada


Hablar de Omar Lara es hablar de un poeta identificado con las más profundas raíces del Chile rural, donde la naturaleza es la que lleva las riendas de la vida e invita a soltar las amarras de la imaginación para adentrarse en un mundo de pausas y respiros más hondos, donde, muchas veces, las emociones tienen un lugar de privilegio en el teatro de la vida.

Nacido en Nueva Imperial en 1941, Lara sintió desde muy pequeño el llamado del mundo poético, el que lo ha acompañado toda su vida y el que lo instó a fundar el Grupo de Poesía Trilce en 1964, un grupo de poetas que hacían sentir su voz a través de la revista del mismo nombre, la cual se constituyó en una de las publicaciones más importantes de Latinoamérica. Exiliado político en Perú, Rumanía y España, por más de una década (desde 1984 en Concepción), fue en el país del Drácula de Bram Stoker, donde el vate chileno profundizó en su labor poética, graduándose en Filología de la Facultad de Lenguas Romances y Clásicas de la Universidad de Bucarest y desarrollando una investigación concienzuda de grandes poetas de esas tierras (Mihai Eminescu y Marin Sorescu, entre otros) con las que daría a conocer a los países de habla hispana la obra de estos creadores.

Así mismo, fue fundador de Ediciones Literatura Americana Reunida (LAR), para apoyar el trabajo de nuevos valores y con más de una veintena de trabajos propios, entre los que destacan Argumento del Día (1964), Oh, Buenas Maneras (1975), el Viajero Imperfecto (1979), Voces de Portocaliu (2003) y Papeles de Harek Ayun (2007), además de una nutrida cantidad de premios nacionales e internacionales (Premio Casa de las Américas 1975, Beca Guggenheim 1983, Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo por una traducción de Marin Sorescu, 1983, Premio Municipal de Artes Literarias Baldomero Lillo - Concepción 1992, Medalla Mihai Eminescu 2001, Medalla Presidencial Centenario Pablo Neruda 2004, Premio de Poesía de Casa de América - España 2007, entre otros, Omar Lara presentó un par de obras en la Feria del Libro de Santiago de 2010, como también una antología personal y una traducción del rumano Geo Bogza en México, situación que lo motiva aun más para seguir disfrutando y viviendo la poesía como en aquellos días en el escurridizo pueblo de Nueva Imperial, cuando era un infante.

Hoy, desde su querido rincón poético llamado “Alas”, ubicado en calle Ongolmo 139, Concepción, recibió a Observatorio Regional para conversar de su vida y obra con una claridad que conmueve y que da forma a su lúdico pensamiento.

¿Cómo fue su infancia, sus primeras nociones de poesía?
“Nada especial, como la de cualquier niño de pueblo chico, de barrio íntimo. Eso sí, fui hijo y nieto al mismo tiempo pues me crié con mis abuelos”.

¿Dónde nace la poesía en Omar Lara?

“Supongo que eso permanece en una región nebulosa de la memoria. Me refiero a las marcas más definibles y determinantes de esos inicios. Sin embargo, puedo decir que empecé a escribir muy temprano, todavía en la enseñanza básica, luego en el liceo, donde participé tempranamente en algunos concursos de poesía. Y los gané. Mi poesía nace en el sur, en los espacios semi-rurales de Nueva Imperial. De hecho yo nací en el campo, en un lugar llamado Nohualhue. Me siento naturalmente campesino”.

¿Cuándo publicó su primer libro “Argumento del Día” y qué significó?
“Argumento del Día fue escrito totalmente mientras estudiaba la enseñanza media. Supongo que me aburría en la mayoría de las clases y tomaba apuntes de lo que luego serían los poemas de este librito. Argumento del Día fue recibido muy fraternalmente por los amigos escritores y muy amablemente por la crítica. Creo que es uno de mis libros que más reseñas, comentarios y estudios ha suscitado. Fue elegido el mejor libro de debut y el tercer mejor libro de poesía publicado ese año, 1964, superado por dos poetas mayores y de mucho prestigio. Supe, entonces, que no estaba dando palos de ciego. Esa es su significación mayor”.

¿Cómo nació TRILCE y qué lugar ocupa en su vida?


“Entre mis lecturas constantes y casi obsesivas de esos tiempos, sigo en 1964, estaba la de César Vallejo. Su poesía y su figura de hombre americano siguen conmoviéndome y siguen enseñándome. Trilce es un saludo, un tributo de amor y admiración a ese poeta esencial”.

¿Cómo fue ese periodo de exilio en Perú, Rumania y España? ¿Qué le quedó al poeta, al hombre y al ser humano?

“Todo exilio es una condena mayor. El desgarro, la soledad, el desconcierto cósmico, es algo que sólo pueden comprender quienes han experimentado este castigo y esta humillación. Sólo que muchos decidimos vivir, no morir. Y junto a toda la des-humanidad que trae el exilio surge también la palabra fraterna, el gesto solidario, la mirada dulcificadora del otro. Y uno descubre al hombre, al otro hombre que convive al ladito del sátrapa y del asesino y del torturador. Esa mirada, ese gesto, esa palabra nos salvan y nos ponen de pie.

"Mi permanencia en el Perú fue pura humanidad y solidaridad. En Rumania, luego de un tiempo desconcertante e implacable en la nostalgia y el reclamo del cuerpo y del alma vino la compenetración a fondo con otra cultura excepcional. Allí estudié, estudié y estudié. Y trabajé con intensidad no sólo mi propia poesía sino la poesía rumana para entregarla a los lectores del español. Esa poesía, de algún modo, la hice también mi poesía. Todavía estoy en ella. España fue un momento y un lugar de transición, la preparación de mi regreso”.

¿Con qué panorama de realidad e irrealidad se encontró al regresar a Chile?

“Me encontré con un país que no era mi país. Después de 11 años de ausencia Chile se había transformado en un campo de batalla en que se enfrentaba duramente la ambición y el arribismo. La solidaridad, la fraternidad en que nos formamos había perdido varios puntos, pero también estaba… algo escondida, castigada, perseguida, temerosa, allí estaba. Pero al contrario de las películas del oeste, los malos habían ganado”.

¿Qué significa “Voces de Portocaliu” en su vida?

“Portocaliu es mi lugar, mi refugio. En este pueblo imaginario o imaginado coexiste lo más representativo de los espacios amados por mí, de las ciudades de mi memoria. Lugares y seres”.

¿Hay alguna otra expresión artística dentro de su proceso creativo? pintura, cine, teatro, etc.

“Me gusta mucho la música y, sin saber nada de teoría, he compuesto varias canciones. Una de ellas fue semifinalista en el Festival de la Canción de Ancón, en Lima, 1974. También le puse música a una obra de teatro del director Rubén Sotoconil. Pero de eso hace ya mucho”.

¿Qué representan para usted los premios que ha obtenido?

“Son parte del dialogo del poeta con la historia, las cosas, las geografías, las culturas. Yo he dicho algo y alguien me ha escuchado y lo que escuchó o leyó le ha parecido bien y me lo dice. Lo dice así, concediéndome una distinción, como otros me conceden una sonrisa o un abrazo o una palabra cariñosa”.

¿Qué poetas o creadores en general, de cualquier disciplina artística, han influido en usted y su obra?

“Siempre digo que la influencia mayor fue la de mi abuelo Juan, un campesino y carpintero que sabia de las cosas más que todos los sabios y me las decía con su silencio, que era más elocuente que cien discursos. Ya mencioné a César Vallejo, el enorme poeta peruano y americano, por su mirada que miraba más allá y sigue mirando más allá. Por su ser y estar, como él mismo lo dice. Pienso también en los poetas de mi propia generación, llamada generación de los sesenta, o generación diezmada o de la diáspora: ahí están Manuel Silva, Gonzalo Millán, Oliver Welden, entre varios otros. Por lo demás, al poeta lo influye todo, y cuando digo todo es todo. No sólo la poesía, no sólo la literatura, no sólo la cultura. Todo. El vuelo de los pájaros o los grandes cataclismos, el nacimiento de un nuevo planeta o un paseo por la campiña. La muerte de un amigo o las represiones en algún lugar del mundo. Todo, todo nos hiere y nos abrasa… y nos abraza”.

¿Cómo se conjugan los temas, obsesiones y pasiones recurrentes en su obra?


“Algunos críticos eminentes como Grinor Rojo, Mario Rodríguez, Gilberto Triviños o Edson Faúndez, entre otros, han profundizado agudamente en los asuntos que tú mencionas. En homenaje a la comodidad prefiero remitirme a ellos, que han indagado con mucha perspicacia e inteligencia en mi obra”.

¿Qué libros presentó en la Feria del Libro en Santiago y a qué se debe su viaje a México?

“En la Feria del libro de Santiago se presentaron dos libros míos: Prohibido asomarse al interior, la antología más abarcadora de mi trabajo literario y la reedición del libro Los buenos días, publicado por primera vez en 1972. En México presentaré una antología personal y la traducción de un poeta rumano que recientemente fue editada por la Universidad de Monterrey”.

¿Cómo crea Omar Lara?

“Se me ocurre pensar que arrastramos desde siempre con nosotros esa carga de emociones, preguntas, encuentros y desencuentros que, de pronto, nos hacen despertar y nos conminan a mover nuestras piezas, en el gran ajedrez de los tiempos, los espacios y la historia. Esa pieza que movemos es, a veces, la poesía”.


EN TORNO A LA POESÍA
¿Cuál es su análisis de la poesía actual tanto a nivel regional, como nacional y mundial?

“Lo único que puedo decir es que la poesía está más viva que nunca y es una de las tablas de salvación en un mundo cada vez más caótico, displicente e in-solidario”.

Para usted ¿cuándo un poema es de calidad?

“Esa idea, ‘poema de calidad’, es muy difícil de hacerlo un concepto en el que coincidan todos de la misma manera. Lo que para unos tiene calidad para otros puede no tenerla. Como se dice, es cuestión de gustos y en gusto no hay nada escrito. Ni siquiera en el poema. Entonces, yo personalmente recurro a otros recursos. Si un poema -o pintura, o música o teatro, etc.- me conmueve, modifica mi ser interior y agrega a mi sensibilidad y a mis saberes algo que antes de esa experiencia no tenía, estoy frente a una obra de calidad. Puede ser subjetivo pero por ahora no tengo otra herramienta mejor”.

¿Cómo califica las políticas públicas y privadas en materia de fomento de la cultura y en específico de la poesía, particularmente en la región del Bío-Bío?

“Creo que la cultura en general, la literatura en particular y la poesía muy especialmente, son parientes pobres de los afanes del estado y los poderes. Es grave cuando pensamos en las carencias que eso supone en cuestiones tan esenciales como el acceso a la lectura (bibliotecas, libro al alcance de cualquier bolsillo) y los signos de respeto a estas formas de convivencia y crecimiento. En lo que tiene que ver con el hecho creativo mismo, las consecuencias son menos drásticas. Este nace, crece y se desarrolla aun en los peores momentos de la historia humana”.

¿La poesía es talento, trabajo o necesidad vital?

“Un poco de todo eso más otras tantas cosas. Es sobre todo un vacío, sobre todo una lucha con la palabra en la que creemos cada vez menos”.

¿Cuánto de realidad y fantasía hay en la poesía?

“Todo es realidad, todo es fantasía. La poesía crea su propia realidad o su propia fantasía. En la medida que la hagamos creíble la poesía nos da su visto bueno”.

¿Cree en algo superior? y ¿cómo se relaciona esto con la creación poética?

“Creo en muchas cosas, superiores e inferiores. Esas cosas están en la vida, la vida está en la poesía. Hay momentos de tal intensidad y plenitud, de tan embriagador abandono en el otro -o la otra- que no puede significar sino que por unos segundos nosotros mismos somos ese algo superior, o lo percibimos o lo intuimos”.

Al llegar la muerte, ¿qué es más importante?, ¿el poeta o la obra? ¿Por qué?

“Depende. Para el muerto no creo que nada de eso interese ya. Para los que amaron al finado será más importante el ser que se les va. Para los que se ganan la vida con la enseñanza de la literatura y las reseñas y las crónicas, lo será la obra. A veces ni conocen ni les interesa quien produjo esas obras. Todo es muy relativo, amigo mío”.

¿Dónde está la felicidad en la poesía?

“Me gustaría saberlo”.

¿Es la poesía tan necesaria? ¿Por qué?

“No sé si sea tan necesaria. Depende. Si todos pensáramos que la poesía es necesaria otro gallo nos cantaría”.

¿Qué desafíos futuros tiene en proyecto?

“Nada lo tomo como un desafío. A menos que comer y respirar sean un desafío. La poesía es también un poco eso. Algo tan esencial y al mismo tiempo tan simple, algo tan ‘piel’ y al mismo tiempo tan misteriosamente deslumbrante”.


Fotografía principal: El poeta Omar Lara. Fotografía de Kary Cerda.