miércoles, 2 de marzo de 2011

Mineral El Teniente: La llegada de Capital Extranjero y la Explotación del Mineral a Mayor Escala


En esta segunda parte de nuestra serie sobre Sewell (iniciada en el tercer número impreso de Observatorio Regional, marzo de 2009), abordamos la conversión del yacimiento, hasta entonces rudimentariamente explotado, en una gran industria minera, gracias al concurso de capitales norteamericanos. La transformación genera la necesidad de captar mano de obra y, a la larga, la construcción de un campamento para albergar a los mineros y sus familias. Surge así Sewell.

Por Constanza López Meneses
Fotografías recopiladas por Paulina Vithar M.


En 1903 Willian Braden llega a Chile. Acá lo esperaban, en Valparaíso, Marco Chiapponi y su esposa; mientras, el norteamericano venía en compañía de su esposa e hijo. Él quería inspeccionar la mina lo más pronto posible, esto producto quizás del gran empeño que debe haber puesto Chiapponi al describir el mineral en la carta enviada a Braden en EEUU, por lo que éste pide a Chiapponi lo lleve de inmediato al lugar donde se encuentra la mina. El italiano le aconseja que lo mas recomendable sería primero visitar a la familia Irarrázaval Correa, dueños de la misma, como gesto de cortesía, a lo que el norteamericano accede, por lo que fueron conducidos a una estancia en Graneros donde se encontraban los dueños de la mina.

Cumplida la “visita protocolar” Braden y Chiapponi se dirigieron a la mina en compañía de sus familias, un cocinero, algunos hombres para coger las rocas y un guía que Chiapponi había buscado para esa misión. Fue un duro viaje de ascenso y descenso por las montañas para poder llegar al mineral. Braden quedó muy satisfecho con lo que vio.

“Por lo tanto, esta permanencia en terreno tuvo como objetivos explorar y comprobar los antecedentes dados por Chiapponi en su carta y la recolección de muestras del mineral. Sólo de esa manera práctica y con el análisis científico riguroso que se hizo en Santiago, Braden pudo comprobar fehacientemente las bien fundamentadas suposiciones de su amigo respecto de la riqueza del yacimiento. ”

El autor Hiriart relata que:

“El mineral fue estudiado en la Universidad de Chile, en Santiago, dando muy buenos resultados, dejando conforme a Braden para iniciar el negocio. Al norteamericano no le gustaba perder el tiempo y, una vez sabidos los resultados de los exámenes, trazó sus planes de trabajo estando aún en Santiago, y lo primero que pensó fue en encomendar a Marco Chiapponi la construcción de un camino que permitiera transportar hasta la mina los materiales y la maquinaria que debería instalarse para ponerla en marcha .”

A la llegada de Braden a EEUU, éste se dirigió donde su amigo y cliente E. W. Nash a relatarle lo ocurrido. Ambos comenzaron a organizar lo que sería la empresa. A ellos se les uniría otro hombre, el cuál era un fundador de la American Smelting and Refinig Company y conocedor de la fundición de metales: su nombre era Barton Sewell. Estos tres hombres fueron los organizadores de la futura Braden Cooper Company y los creadores de una nueva empresa en Chile.

En un comienzo la sociedad tomó el nombre de Rancagua Mines Company, la que posteriormente cambio de nombre a The Rancagua Mines, esto debido al aumento de capital y acciones que entraron en la sociedad, en total 1250 dólares. Luego, el 6 de Agosto, cambia nuevamente de nombre pasando a llamarse The Braden Cooper Company al agregársele más acciones y capital a la empresa, para finalmente llegar a su nombre definitivo Braden Cooper Company, nombre que se mantuvo hasta el final de sus días.

Según la autora Celia Baros, la Braden Cooper Co., de acuerdo con sus estatutos como entidad, estaría integrada por un directorio de cinco personas que tomaba las decisiones y eran propietarios y poseedores de acciones, entre los cuales se cuentan Millard Baldwin como representante legal y presidente, W.A Castner, tesorero, H. E. Mason, director y Jas Hernan y James Manter, todos ellos domiciliados en Portland, Maine, EEUU, lugar donde se organizó y formó la empresa, lo cual estuvo corroborado por el Cónsul General de Chile en Estados Unidos y el Ministro de Relaciones Exteriores. Probablemente ninguno de estos hombres viajó a Chile a conocer la mina, por lo que Braden fue el real conocedor de su riqueza. Posteriormente, al cabo de un tiempo de funcionamiento de la novel empresa en Chile, se agregan al directorio los nombres de E.W Nash, Barton Sewell, Guy C. Barton y William Braden algunos años después.

Por otro lado, mientras lo antes mencionado ocurría en EEUU, Chiapponi seguía organizando las tareas encomendadas por William Braden en Chile, entre las que se cuenta la construcción de un camino que permitiera llegar a Cerro Negro, lugar donde se ubica la mina. Con la construcción de éste se lograría trasladar los materiales necesarios para comenzar con la construcción de las instalaciones. Este camino se dice empezaba en la hacienda de la Compañía y llegaba hasta la mina. Además Chiapponi debía traspasar las propiedades a nombre del norteamericano. Así nos cuenta la escritora Celia Baros:

“Tramitar la declaración de las primeras pertenencias mineras a nombre del norteamericano, la idea era afianzar la tutela total sobre la propiedad comprometida y prácticamente adquirida. Las primeras pertenencias estuvieron ubicadas en el Cajón El Teniente y hacienda La Compañía. ”

Con el tiempo se fueron anexando otras propiedades, entre las que se cuentan los sectores de Caletones, Parrón y Rancagua, entre otros. Todas estas adquisiciones Braden las fue comprando para la empresa a medida que iban necesitándose más espacios para la construcción de nuevas instalaciones.

“El decreto No. 1854, promulgado el 29 de Abril de 1905 por el gobierno de Germán Riesco, autorizó a la nueva empresa a operar en territorio chileno. Y así la mina, situada a 50 kilómetros al este de Rancagua, comenzó a funcionar con una planta de concentración gravitacional con capacidad de 250 toneladas diarias, un andarivel que unía al molino con la faena extractiva y un camino de 40 kilómetros desde Graneros hasta el yacimiento. A esto se agregó una central hidroeléctrica. Ese mismo año el nombre de la compañía fue inscrito en el registro de la Industria y Comercio.”

A la llegada de Braden a Chile, ya todo estaba dispuesto para comenzar con las faenas. Trajo consigo algunos ingenieros, entre los que se contaban el norteamericano Hamilton, quien se dedicó a inspeccionar la mina y buscar la mejor manera de extraer el mineral y Grahan, el que se encargó de la construcción de los andariveles por los que serían sacados los carros con el metal, además de la construcción del tranvía que serviría de transporte en el campamento. Ambos querían terminar con uno de los problemas más importantes que presentaba la mina: el trabajarla en los meses de invierno, por lo que buscaron una solución. Construirían instalaciones de madera, lo cual evitaría el frío y las nevazones. Este material se utilizó también para la construcción del molino y, posteriormente, de las viviendas.

Una vez instalados, Braden y sus compañeros se dieron a la búsqueda del personal que operaría en la mina, para lo cual utilizaron la técnica de enganche a través de los diarios de la zona, donde se ofrecía también a los dueños de carretas fletar éstas para el traslado de gente y materiales, sobre todo de estos últimos, ya que las maquinarias y herramientas se encontraban aún en el Valle de Rancagua. Se ofrecía más dinero, dependiendo de la carga que se debiera llevar. Además se solicitaban mineros, carpinteros y peones, entre otros (Ver nota aparte sobre las modalidades de contratación de personal para la mina).

Así da cuenta el libro El Teniente, Los Hombres Del Mineral, donde su autora nos comenta:

“La gente llegaba a caballo y en carretas hacia la mina, producto de los avisos de los periódicos “El Rancagüino”, “La Voz del Pueblo” en Rancagua, y “Las Ultimas Noticias” y “El Mercurio” en Santiago, donde gracias a estos avisos fue que la Braden Cooper logró reclutar gran cantidad de gente por este sistema, además por los ofrecimientos de dinero que allí se mencionaban. La gente que allí llegó en un principio vivió en carpas o en viviendas a gran altura, en cavernas o a la entrada de la mina la Fortuna. Toda la gente que llegó a instalarse en el campamento provenía del norte o del sur del país y en su mayoría eran campesinos sin conocimientos de minería, por lo que debieron aprenderlos en el campamento.”

Una vez que se comenzó con la construcción de la planta y de las demás instalaciones, se determinó que la oficina comercial de la Braden estaría situada en Granero(s). El campamento seria conocido como “El Establecimiento”, como lo menciona Celia Baros:

“Dado el terreno rocoso y la escasez de recursos, el primer campamento fue levantado se podría decir, “a ojo”, sin ningún cálculo, sin planificación arquitectónica, utilizándose más que nada materiales de desecho proporcionados por el yacimiento. Afortunadamente para la población, en corto tiempo mejoró la calidad de la edificación, pues se adoptó una sólida construcción que podía ser de piedra o concreto (¿y?) techo de hojalata. ”

Durante los primeros años los crudos inviernos obligaban a la población a bajar a Rancagua y a volver nuevamente en primavera, pero con la gran demanda que había por pertenecer al campamento la gente se fue quedando en el, dando origen a varios campamentos simultáneamente, entre ellos Fortuna 1, 2, 3, 4 y 5. Además se construyó la planta de concentración, la que fue construida con los últimos adelantos técnicos, al igual que la planta de fuerza eléctrica.

Con la construcción del molino o concentrador se necesitarían nuevos cursos de agua para su funcionamiento, por lo que se dio inicio a peticiones sobre posesiones correspondientes a los ríos Codegua y Cachapoal. Con esto se buscaba también expandir las instalaciones de la empresa.

El campamento establecido por William Braden se llamó en un principio “El Establecimiento”, y casi simultáneamente pasó a ser “El Molino”, esto a raíz del molino que se construyó en el lugar, hasta que, tiempo después, la propia empresa lo denominó Sewell, en 1915, en honor a un ex presidente de la compañía y pionero en la sociedad Braden Cooper, Barton Sewell.


Enganche y contratación en el Mineral El Teniente: generación de una identidad socio-laboral


“Lo que se buscaba era crear en el trabajador y habitante del Campamento un sentimiento de arraigo con el yacimiento, lo que se logró, ya que todos los que residían ahí veían a la empresa con una percepción paternalista, puesto que ésta les proporcionaba todas las condiciones básicas de vida, además de las recreativas, otorgándoles garantías que en ningún otro lugar del país hubieran encontrado en ese período”

Las transformaciones que fueron insertadas por la administración norteamericana no sólo produjeron cambios a niveles tecnológicos, sino también generaron la necesidad de incrementar la mano de obra que hasta estos momentos había sido ejercida por trabajadores estacionales, sin mayor continuidad y en un número bastante reducido debido a las difíciles condiciones de vida que existían en el lugar y sus accesos.

Con la explotación a mayor escala introducida por la nueva administración a comienzos del siglo XX, surge la necesidad de contratar una mayor cantidad de trabajadores. En la primera etapa se puede decir que éstos no eran mineros, sino hombres provenientes del mundo rural, pertenecientes a las cercanías del valle de la Sexta Región. Con el trascurrir del tiempo y la fama que fue adquiriendo el mineral, además de la acción de “los enganchadores”, comenzaron a llegar hombres de todo el país, dispuestos a emprender esta aventura.

Es importante tener en cuenta que, en sus inicios, esta explotación era de baja escala, condicionada por el clima, la ubicación del yacimiento y las tecnologías disponibles en este período, remitiéndose a ser una actividad realizada sólo los meses de primavera y verano, producto de las adversas condiciones climáticas de los meses invernales y las continuas avalanchas.

Debido a la ubicación del mineral se hacía a la vez muy difícil obtener hombres dispuestos a emprender este desafío, para lo cual la compañía debió implementar diversos sistemas para conseguir a sus empleados, los cuales detallaremos a continuación.

“Los primeros que llegaron eran individuos pobres, en su gran mayoría mañosos y supersticiosos, que tuvieron que ser acogidos para que aprendieran, paso a paso y con enorme paciencia, todo lo relativo a su nuevo trabajo y forma de vida”(1).


EL ENGANCHE

En sus inicios, el sistema utilizado para obtener mano de obra era a través de lo que se llamaba “enganche”. Este proceso se caracterizaba por contar con un enganchador, persona con gran verborrea y poder de convencimiento, encargado de visitar distintas regiones y lugares transitados por hombres dedicados a diversas actividades estacionales a los cuales invitaba a comer o beber, ocasión donde él se encargaba de contar la buena vida y condiciones de trabajo del mineral. Luego los embarcaba en el ferrocarril hacia Rancagua, donde eran esperados y en donde el enganchador cobraba una comisión por cada individuo.

Es importante tener presente que el enganchador buscaba hombres capacitados físicamente para esta labor. Una forma de “evaluar” esto era a través de las manos de los “candidatos”: si tenían callos, eso indicaba que se trataba de un hombre de trabajo.

Esta modalidad duró aproximadamente hasta mitad del siglo XX ya que, en 1948, el Código del Trabajo en un reglamento prohibió este procedimiento y, además, las nuevas necesidades del mineral apuntaban a un sistema que reuniera una mayor cantidad de hombres, mejor capacitados para el trabajo.


EL PASE

Este sistema fue utilizado paralelo al enganche con la diferencia de que los hombres que llegasen a través de esta vía no sólo se desempeñaran en la mina, sino que en diversos departamentos de la Braden.

El “pase” era una autorización que se daba a ciertos individuos que tenían un amigo, primogénito o pariente trabajando en el yacimiento para poder embarcarse en el ferrocarril e ingresar a la mina.

Para 1955 éste era uno de los métodos más utilizados, hasta imperar como política de Braden Copper en 1955:

“(…) por norma, el Departamento de Bienestar Social no interviene en la contratación de personal, sino que los jefes respectivos seleccionan a los obreros y les envían el correspondiente “pase”. Actualmente se están ocupando sólo obreros temporales que hayan trabajado en la empresa. O sea no se están tomando nuevos, porque hay compromisos contraídos con directivas sindicales y autoridades”(2).


POR PARENTESCO

La aparición de la contratación de parientes de obreros y luego los hijos de la primera generación que trabajó en Sewell se debe a que, a través de este sistema, se deseaba dar forma a una nueva cultura en el habitante del campamento. La idea era que éste ya no sólo fuera un trabajador del yacimiento, si no que él y su círculo más cercano pertenecieran a la “Gran Familia Braden”.

“Para 1940, la Braden decide contratar preferentemente a este tipo de colaboradores debido a las continuas deserciones de los individuos captados a través del enganche. Así las vacantes serán otorgadas, de acuerdo a las siguientes prioridades:

A hijos de trabajador
A hijos de ex trabajador
A familiar de trabajador
A familiar de ex trabajador
Otros calificados”(3).

A través de este método lo que se buscó fue crear en el trabajador y habitante del Campamento un sentimiento de arraigo con el yacimiento, lo que se logró, ya que todos los que residieron ahí veían a la empresa con una percepción paternalista, puesto que ésta les proporcionaba todas las condiciones básicas de vida, además de las recreativas, otorgándoles garantías que en ningún otro lugar del país hubiesen encontrado en ese período.

Ya en esta época la empresa contaba con gran fama en cuanto a las condiciones de trabajo que entregaba a sus empleados, por lo cual se formaban grandes filas de obreros dispuestos a embarcarse en esta aventura de ser mineros en El Teniente.