miércoles, 2 de marzo de 2011

Jorge Días y Mario Labrín, Poetas de Panquehue: UN DÍA DE TRAVESÍA HACIA LA EMOCIÓN DE DOS PARAÍSOS POÉTICOS



¿Qué es poesía?, ¿unos cuantos versos o una actitud de vida? esta interrogante me fue dilucidada luego de conocer a estos dos poetas rurales de la localidad de Panquehue, Jorge Días y Mario Labrín, que han hecho de su vida, una verdadera creación lírica, donde se evocan recuerdos de infancia, pinceladas de juventud y la crudeza de la adultez. Verdaderos universos que nos muestran al ser humano al desnudo.

Por Arnoldo Ferrada


JORGE DÍAS, PROFESIÓN: POETA A TIEMPO COMPLETO


Luego de un corto sueño, me dispuse a levantar para no perder el bus que me llevaría a esta localidad de la sexta región la cual desconocía por completo ¿Panquehue? La verdad es que jamás había escuchado de ella, pero lo que me motivó y despertó mi curiosidad era el ejercicio poético que estos dos hombres habían hecho de su vida.

Tras tomar el transporte a las 6:00 a.m. desde la ciudad de Bulnes, en el corazón de la región del Bío-Bío, y viajar por más de cinco horas, por fin tuve el primer contacto con Jorge Días: una llamada por teléfono para decirme que me estaba esperando en la carretera, fueron las primeras palabras que intercambiamos y que me terminaron por despertar.

Al bajar del bus de inmediato fijé mí vista en un hombre de gafas de sol, camisa y jeans que estaba de pie a un costado de la ‘panamericana’. Lucía tranquilo y afable, y tras el saludo y presentación de rigor, me invitó a su casa, a su refugio, a su cubil poético, a ese espacio físico que es el mismo y que con gran astucia ha bautizado como ‘EL GRANERO’, quizá para destacar esa despensa de vivencias de infancia, juventud y adultez, con temáticas simples y directas que son tratadas con una pizca de ironía que vuelve sus poemas unas historias entretenidas y con momentos de reflexión implícitos.

Tras mostrarme el laberíntico lugar y luego de compartir una cerveza, Días se sentó para conversar de todo, para evocar algunos versos e irradiar esa atmósfera lúdica que despide su hogar adornado de artilugios ingeniosos que sacan más de una sonrisa al visitante y así deslizar su posición en la vida.

¿Cómo fue la infancia de Jorge Días?

“Tuve una vida más matriarcal, con mi abuela junto a un bracero contándonos cuentos como un juglar. Toda esa cantidad de historias fantásticas se quedaron en mí y, sin duda, fueron siendo los cimientos de mi romance posterior con la poesía”.

¿Cómo fue tu encuentro con la poesía?

“Yo desde pequeño fui un autodidacta, pero me faltó la guía, esa mano que me orientara. Claro que por un lado, también fue una ventaja, porque me permitió ir descubriendo solo la poesía. Al principio, todo era escribir para mi mismo, después fui comprando libros, haciendo mi biblioteca y familiarizándome con algunos autores”.

¿Cuáles fueron tus primeras temáticas?

“Fueron cosas sencillas, me dejaba llevar por cualquier cosa que llamara mi atención, por ejemplo, al mirar las nubes decía: ‘ameba gigante en el cielo’ o al ver una posa de agua decía: ‘tengo miedo de caer a la inmensidad del cielo’.

“Crecí como hombre, pero constantemente vuelvo a la infancia para retroalimentarme, como una aldea lejana. Recuerdo que disfrutaba con mis primos y amigos, pero siempre fui el que vio las cosas diferente, más lúdicas”.

¿Cómo se manifiesta hoy ese niño?

“Cuando uno es niño no tiene pasado. Ahora, me sigo asombrando de las cosas, rescato el alma de ellas, lo escondido…”

¿Qué opinó tu familia de todo eso que acontecía en tu interior?

“Cuando mi hijo estaba en el liceo, por la primera mitad de los `90s, ahí recién comencé a mostrar mis poemas. Yo no compartía mi poesía porque nunca se dio la instancia. En cambio ahora es diferente, pero siempre resguardo esa soledad compañera y amiga, que me ayuda a crear”.

POESÍA: CÁMARA DEL TIEMPO ACTUAL

¿Qué es la poesía hoy para ti?

“Encuentro poesía en todas partes. En todos los rincones de lo material y del alma. La poesía puede llegar a ser abstracta y también concreta. Sobre ese escenario deslizo temáticas siempre actuales, contingentes, es decir, la poesía me mantiene conectado con el entorno. El humor también es un elemento importante, ya que es para mí, como poeta, lo que para el gladiador la espada”.

“Aquí te lo reflejo con un poema de mi libro Fruto Tardío:


Nautas

La inmensidad del mar
Para Cristóbal…

El misterio del cosmos
Para Stephen…

Todo el corazón del hombre
Para quien escribe poesía…”


¿En qué momento te sientas a crear?

“Con los años uno va adquiriendo un oficio, hay un 10% de inspiración y un 90% de trabajo. Ahora, las temáticas dependen de las obsesiones de cada uno. En mi caso estás giran en torno al tiempo, al amor, la traición y el ser humano en su universo total.

“La poesía es una necesidad fantástica: mágicas, las ideas vuelan por la cabeza y cuando llegan, llegan. Pero es una necesidad que está incorporada en el espíritu de los poetas que viven la poesía”.

¿Qué autores son de tu predilección?

“Soy partidario de la poesía castellana, en la que se puede hallar a Efraín Barquero, Jorge Teillier, Delia Domínguez, Nicanor Parra y Claudio Bertoni. Aun cuando siento que ya todo está dicho, lo clave es hacerlo a través de tu propio lenguaje, sin traicionarse”.

¿Cómo sientes que la comunidad aprecia la poesía?

“Zurita dice que hacer poesía es interpretar los sueños de las personas. Eso es clave, aun cuando hay gente que no logra captar algunas cosas y eso también es respetable, pero el poeta jamás debe extraviar su norte de interpretar emocionalmente”.

Por ejemplo, este otro poema de Fruto Tardío:


Círculo

Guardo en la niñez
Un tren y su silbido…
Un duende
Que fue parte de mi asombro.

Guardo en la juventud
Un beso imaginario
Y de mi padre, su adiós.

Atesoro en el baúl más grande
La flor de mi semilla…
El sudor de búsquedas heroicas
Los regresos que ahogó la lejanía.

Quedará en mi vejez
La humareda de un tren que se aproxima
Y las huellas
De un duende de ojos asombrados
Que viaja, en el último vagón”.


¿Cómo difundes tu poesía?

“Vivir aquí es un accidente, yo siempre me dije: “tengo que salir al mundo”. Al publicar un libro, trato en lo posible de mostrarlo por todos lados, en varias ciudades. La poesía es una lucha constante y eso además es luchar por uno mismo. El poeta cómodo o de cofradías no es verdadero poeta. Siempre hay que estar proponiendo, eso a la gente le agrada. Independiente de los críticos uno tiene que seguir escribiendo y creando”.

¿Cuál es tu relación con la vanguardia de la poesía nueva?

“Aquí en Rengo he leído poesía, por ejemplo, de Angélica González, una joven poetisa, y no me llega, pero la valoro. Soy más amigo de los poemas que de los poetas. Lo negativo de la poesía de vanguardia es que se olvida fácilmente y es por ello que se me representa más como una búsqueda, siento que es la antesala para la madurez del poeta”.

¿La creación debe ser en primera persona o debe tener lejanía por parte del creador?

“En muchas ocasiones escribo poesía en primera persona, pero la diferencia es que no soy yo, estoy viviendo en la piel de otro. En realidad no importa cómo se exprese, lo importante es ser honesto y perceptivo. Allí está el talento del creador”.

“Mi mundo interno es más grande que lo externo. Esa es mi magia, mi verdadera creencia espiritual y el motor que me estimula todos los días”.

¿Qué otras expresiones artísticas te gustaría cultivar?

“Me encantaría trabajar la pintura, admiro mucho a Vincent Van Gogh, Gauguin, que no podían separar al creador de la persona como ser humano corriente. Esa es la gran razón para querer buscar nuevas formas de expresión, el continuar profundizando en la creatividad y los alcances de esta”.

¿Cómo te gustaría ser recordado como poeta?

“Me gustaría que me recuerden por el aporte y entrega. Además siento que mi trabajo es bueno y que puede ser una contribución a la literatura. Tengo fe en ello y no deseo traicionar nunca a ese niño que una vez comenzó a soñar poesía”.


MARIO LABRÍN:
“LA POESÍA ES MI FORMA DE RESPONDER LA VIOLENCIA DEL MUNDO”



Mario llegó montado en un vehículo antiguo hasta la casa de Jorge Días, para recogerme y así dejarse descubrir en su propia casa, un ‘edén’ construido a punta de trabajo y sueños que fue el marco ideal para una charla distendida, llena de emoción y regada con un delicioso borgoña que abrió las compuertas de su corazón y nos regaló una cantidad de versos que de inmediato nos dieron cuenta de la calidad y talento que hay detrás de un hombre tallado al sacrificio y al dolor que significó abandonar su tierra en tiempo de la dictadura, para tener que anidarse en un poblado francés donde hizo de todo para vivir… y para aprender a ser feliz.

Es así como antes de un distendido almuerzo de carne y porotos con riendas, dimos el vamos a esta entrevista del alma que dejó al descubierto las huellas y cicatrices del paso de los años, con sus flores y púas.

¿Cómo te conquistó la poesía?

“Fíjate que éramos niños y nos íbamos desde Cunaco, junto a la que hoy es mi esposa, al internado del pueblo, y en el tren, cuyo viaje duraba alrededor de hora y media, con nueve años, yo tenía que contar cuentos para entretener a los cabros de todas las edades que viajaban. Yo contaba siempre un cuento distinto que tenía que terminar en San Fernando. Lo maravilloso era que todos al partir esperaban mi relato. Después, más adelante, comencé a escribir cartas de amor a pedido y con el dinero que reunía invitaba a mis amigos a diferentes partes. Así fueron mis primeros encuentros con la poesía, con la poesía de la vida, de lo anecdótico, de lo cotidiano.

“Ya siendo profesores se nos ocurrió con mi esposa ir al Ministerio de Educación y pedir una escuela donde nadie se quisiera ir, y nos fuimos a Patagonia, a la Escuela 3 de Chile Chico, ubicada en Río Tranquilo”.

Tu esposa ha sido clave en este camino poético que has tenido ¿Cómo fue tu encuentro con ella?

“Ese encuentro es como el encuentro con mi memoria, porque desde los tres años ya estábamos juntos, toda la vida, nunca nos hemos separado, me da seguridad. Hay un poema que escribí en mis años de exilio donde yo decía que con ella nunca estaría lejos de mi tierra. Entonces en todas partes estoy bien, porque estoy con ella”.

Mario nos recita un poema que considera clave para acercarnos a las vivencias de ese momento, cuando junto a su esposa deciden emprender la aventura de la Patagonia:


Ven conmigo

Ven conmigo,
Ven a ver conmigo el amanecer en otoño
El bosque es colores, se estremece
Y la vida tranquila se enternece.

Ven a ver conmigo los días enteros en invierno
Los ríos se fijan amarrados a los cerros
Y sus aguas se confunden con el hielo eterno.

Ven a ver conmigo, compañera
Esta tarde clara, tranquila
En el aire diáfano las golondrinas
Desde tierras lejanas te traen primavera.

Ven a ver como y cuando el bosque y los ríos se despiertan
Al mirar conmigo las flores que a lo lejos visten la pradera
Ven conmigo noche y día
A guardar sol, fruta y estrellas,
A sentir el olor de las cosechas.

Ven a darme las uvas de tus besos
A tomar conmigo el vino nuevo
Y esperemos juntos en un día lento
El calor íntimo e inmenso que me dan tus brazos en invierno.

Ven conmigo por toda la tierra
A sembrar de amor cada primavera”.


Me has contado que escribes tanto cuentos como poesía ¿dónde está el punto de encuentro de ambas expresiones artísticas?

“En extraño, porque en mi vida he escrito más poesía que cuento, pero mi vida son los cuentos, especialmente los que están dirigidos a niños, que son de una ternura extraordinaria. Pero de repente hay cosas que me molestan, que ocupan mi espíritu, que no me dejan tranquilo para poder escribir cuentos. Por ejemplo, la guerra, el exilio, la prisión, alteran mi paz. Entonces, mi forma de responder a eso es reaccionar con violencia, y mi violencia es la poesía”.

Frente a esto ¿cuáles son los grandes temas de Mario Labrín, esos que toman por asalto tu alma?

“Te lo puedo responder con un poema que escribí en el exilio, cerca de 1990 cuando además tenía un cáncer al estómago que me hacía perder las esperanzas de regresar:


Yo me acuerdo

Yo me acuerdo de mi pueblo
De los niños sin zapatos
De las heladas matinales que hacían sangrar los pies
De épocas de clases vacías cuando los patrones mandaban
Más manos para las cosechas
De ojos que crecían de flaqueza
Yo me acuerdo de la muerte que golpeaba a la familia
De guitarras y cantos que acompañaban los duelos
De largas noches de miseria, de inviernos, de braceros, de veladas
De la piedra de moler el maíz, de los suecos que se perdían en el barro
Yo me acuerdo, yo soy testigo, yo estaba

Yo me acuerdo de mi escuela,
De hojas cosidas para hacer un cuaderno
De libros ajados a sílabas usadas
Del aceite de bacalao amargo como la vida
De bolitas de tierra con colores borrados
De trompos tallados en maderas robadas
De latas de conserva para tomar nuestra leche
De niños desvanecidos, de vientres hambrientos
Yo me acuerdo de las vendimias, de los ríos, de acequias en verano,
De frutos, de pájaros, de flores, de trigo,
De gritos, de llantos y de un niño ahogado
Yo me acuerdo, yo soy testigo, yo estaba

Yo me acuerdo de una partida, de viajes, de una ropa bordada
De libros, de plumas, de un internado
De muros y juventud enclaustrada
De sábados y domingos, de días libres y de regreso
Y de amistades que se me alejaban
De un viejo señor que me hablaba de libertad
Yo me acuerdo de la ausencia, de la primavera
De los amores soñados,
De las preguntas y respuestas, de un amigo que buscaban
Yo me acuerdo, yo soy testigo, yo estaba

Yo me acuerdo de las luchas, de las esperanzas,
De los sueños a compartir, de golpes,
De la miseria, de dolores, de revueltas,
De tristezas, de esperanzas
De un cura que traicionaba
De amigos expulsados
Yo me acuerdo después de grupos de jóvenes que creían
De las miradas, de las palabras de José
De las reuniones que la luna aclaraba
De sueños que los míos buscaban
De imágenes, de cartas, de policías
De montañas, de mujeres desesperadas
De un viejo que leía
Yo me acuerdo, yo soy testigo, yo estaba

Yo me acuerdo de mi pueblo
De risas de poemas de otros veranos
De abrazos, de tierras liberadas, del amor
Y de mis primeros besos
De trabajo, de cosecha, de amistades, de pintura, de música
De un circo y un payaso Timoteo
De tambores, flautas y canciones cantadas
Yo me acuerdo de libros, de cuentos lejanos a leer en las tardes
De nuestra historia que escribíamos
De sueños soñados que vivíamos
De volantines, de arco iris, de casas, de caminos, de escuelas
De juegos, de árboles que sembrábamos y del cobre y el oro
Que poseímos
Yo me acuerdo, yo soy testigo, yo estaba

Yo me acuerdo de la rabia, del odio y de los fariseos
De los dólares que la traición pagaba
De muertos, de ojos enceguecidos,
De fusiles, de las armadas, de la noche torturada
De gente que arrancaba, de guitarras destripadas
De poemas y canciones interrumpidos
De manos cortadas
De nubes y frío, incluso en verano
De jóvenes y libros quemados
Yo me acuerdo, yo soy testigo, yo estaba

Yo me acuerdo y me acordaré
Mientras el océano haga olas
Mientras la luna nazca en nuestras montañas
Yo me acuerdo, yo me acordaré
De mi pueblo que cantaba
De las caras del amor
De todo yo me acordaré
Yo fui testigo
Ya no lo soy más
Yo estuve con los míos
Yo fui expulsado
Yo no sueño más, pero yo soñé”.


Se puede distinguir una evolución de tu proceso creativo ¿Cómo es este hoy? ¿Cómo lo compartes?

“En mi época en Francia yo fui de todo, por ejemplo fui basurero y electricista, y cuando llegaba a la casa de un cliente, muchas veces tenía que esperarlo y ahí me sentaba en la escalera, luego sacaba una libreta y me colocaba a escribir poesía. Nunca quité tiempo en la casa, incluso por las noches, cuando no tengo sueño, vengo a la biblioteca y escribo. Lo que sí me he dado cuenta es que necesito utilizar mi energía física, es por ello que realizo mucho trabajo con mi cuerpo. Hago esculturas, mesas, muebles.

“Cuando volví a Chile yo fui obrero agrícola temporario y eso me permitió conocer personas, seres humanos, y cuando vienen a mi casa hacemos los tremendos asados y yo les leo poesía. Son verdaderas tertulias fraternales donde logro percibir la emoción de esos hombres, que muchos no saben leer ni escribir”.

¿Cuánto ha incidido tu formación profesional en el ejercicio de crear?

“Políticamente yo soy lo que aprendí como profesor, en ese tiempo la formación del profesorado era muy exigente y de gran calidad, de prueba está que muchos docentes chilenos formaron la estructura educacional moderna en varios países de Latinoamérica como México, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela, teníamos el mejor sistema educativo. Lamentablemente ahora tenemos uno bastante deficiente gracias a la dictadura.

“Esa formación me heredó una concepción estética que me ha permitido crear, eso lo traduzco como una preocupación interna por el equilibrio que todo debe tener, por ejemplo, la naturaleza”.

Se suele decir que en el mundo de la derecha política no tiene sintonía con el arte, la cultura ni con los propios creadores ¿Crees que este nuevo gobierno de derecha respaldará la cultura como merece?

“A la gente le gusta la cultura, pero hoy en día es difícil que se vuelva a leer como antes. En la dictadura si encontraban a alguien con libros era un sujeto peligroso. Entonces leer era un crimen y tenía un riesgo de muerte, es por eso que se perdió la costumbre de leer, y para retomar esa sana práctica hace falta un proceso conciente y sistemático. La educación como ascensor social ya no existe, sobre todo porque ahora se da más una sensación clasista y los medios de comunicación están plagados de basura.

“Aquí hubo una masacre, la mayoría de los muertos, desaparecidos y exiliados fueron gente joven y preparada, por lo que Chile perdió de manera abismal y eso jamás se ha dicho o se ha sopesado. Sin ir más lejos, la fiesta del Bicentenario es un mal chiste, es una celebración para los menores de 30 años, ya que los mayores de esa edad no teníamos nada que celebrar.

“Los gobiernos de la Concertación han hecho un gran esfuerzo estos últimos años, pero con este gobierno de derecha las cosas han cambiado. Los fondos de cultura ya han disminuido un 20%, además, el personal de cultura va a aumentar en el mismo porcentaje, lo que me parece un descalabro. Entonces yo me pregunto ¿hasta que punto debe el estado tener las riendas de la cultura?”

¿Cuál es la relación entre comunidad y poesía?

“Es un encuentro muy nuevo. Yo veo que en el último tiempo la gente se está reorganizando. A mi me tocó verlo en Puerto Saavedra con el Círculo de Escritores de la zona, lo mismo que ocurre aquí en Rengo con la Corporación Cultural de Rengo, y eso diría que ocurre en todas las expresiones artísticas”.

¿Qué valores nuevos dentro de la poesía destacarías?

“Me gusta mucho el trabajo de Angélica González, que es una chica con una energía impresionante para hacer cosas”.

¿De qué manera influyen los medios de comunicación?

“De todas las formas concebibles. Por ejemplo, con el poder que tienen y con las influencias que ejercen en la población, deberían tener un rol más activo en lo que respecta a liberar la cultura de la elite. Pero no lo hacen porque justamente es la elite la que controla los medios. Yo me pregunto, ¿cómo es posible que los libros tengan un precio tan alto en Chile? Quizá de la única forma que me lo puedo explicar es que ‘es conveniente’ que sólo la clase alta tenga acceso expedito a los contenidos”.

“Me recuerdo mucho lo que realizamos en Puerto Saavedra, donde cree los poemarios itinerantes, con el fin de que las personas tuvieran acceso gratuito y libre a 35 libros de poesía, los cuales eran cambiados periódicamente para renovar los contenidos. Esa libertad es la que debería reinar en todo Chile, pero siento que para allá vamos. Como anécdota te menciono que nunca destruyeron alguno de los libros, pero sí se robaron algunos, principalmente los poemas de amor, un par de mi autoría. Y aunque eso es gratificante, siempre he dicho que el poeta no debe caer jamás en vanidad, y lo menciono porque yo caí en ella cuando estaba en Francia ¡En una ocasión fui dos veces a la librería sólo para ver mi libro! (ríe animadamente)”.

¿Qué autores que admiras?

“Yo creo que todos los artistas somos ladrones de belleza, por ejemplo, si veo una pintura bella que me diga algo, sin duda que me motivará para crear alguna escultura, escribir algunos versos o quizá pintar alguna obra… lo importante es ser ladrón de belleza, pero de forma gentil, porque esa pintura no pierde los colores…

“Cuando joven mis inspiraciones eran Pablo Neruda, Pablo de Rokha y Andrés Sabella. Además no puedo dejar de mencionar a Efraín Barquero, quien con su simpleza llegaba al corazón. Y como no, mi madre, Constanza Donoso, una gran artista que siempre me entregó una energía especial que me acompaña hasta el día de hoy”.

En la vida -y en tu vida- ¿todo ha sido un accidente?

“Siento que uno se fabrica las coincidencias. Por ejemplo, mi padre fue terriblemente violento, y la dulzura de mi mujer (Chinita, como le llama) me permitió protegerme de eso. Pero en el fondo es uno el que por “necesidad psicológica y emocional” busca provocar los acontecimientos”.

¿Cuál es el sentido de la vida para ti?

“La única justificación que tiene la vida es el amor. Si no tuviera a mi compañera, mis amigos, mis compadres, mis colegas, mis hijos, mis nietos, sin eso, nada valdría la pena”.

Mario sonríe y damos por concluida la entrevista, entonces pasamos a almorzar unos ricos porotos con riendas acompañado con un sabroso bistec, ensalada de papas y cebolla en escabeche. Todo inmerso de un agradable carmenere…

Más tarde, ambos poetas me acompañaron a las afueras del pueblo, hubo intercambio de abrazos y una emoción especial… justamente la que me hizo pensar que ese día tuve un viaje hacia lo profundo de dos paraísos poéticos labrados a punta de sacrificio y pasión… bienes escasos en nuestros días”.


Fotografías de Observatorio Regional