miércoles, 2 de marzo de 2011

Comentario a “Fruto Tardío”, de Jorge Días. Ediciones Cider (Centro de Investigación para el desarrollo regional), Chillán, 2009.



“El libro, lleno de ingenio e inteligencia, es de fácil lectura y es posible ver en él, a un autor maduro, observador y con una fragilidad escondida tras un humor sencillo y empático”.

Por Arnoldo Ferrada


Tercer libro del poeta panquehuino Jorge Días, Fruto Tardío es un poemario compuesta por tres capítulos: Oasis, Luciérnagas y De trenes y duendes, en cuyas páginas el autor derrama una verdadera autobiografía que deambula por los recuerdos, obsesiones y pasiones que han ido construyendo su vida, en la que no faltan la infancia (duendes), la familia (casa familiar), y el entorno (personajes y paisajes típicos), que se tornan una verdadera bitácora de una existencia observadora, analítica y mordaz, bañada con gruesas capas de humor negro que seducen al lector por la honestidad de Días, al abordar lo cotidiano desde pequeños y graciosos poemas hasta profundas reflexiones personales en las que evidencia su placer por el pasado, por las huellas y en los que suele proponer un sarcástico final.

Fruto Tardío es un grito que se aguardó muchos años, que se fue fraguando en las polvorientas sienes de su autor, y que despierta una curiosidad hasta en el lector más distante, debido a su total apertura y su ácido punto de vista, muy autocrítico, pero de una ternura devastadora.

Jorge Días, como hombre rural que es, logra sacudir las emociones y nos invita y transporta a su mundo, ya que Fruto Tardío tiene un sello personal y característico y es quizá el gran mérito del poemario, que jamás se pierde en poesías dispersas, sino que en él, cada verso se transforma en una estrella más del universo Días, con luz propia y con un contenido intencionalmente direccionado hacia la reflexión.

El libro, de 118 páginas, lleno de ingenio e inteligencia, es de fácil lectura y es posible ver en el, a un autor maduro, observador y con una fragilidad escondida tras un humor sencillo y empático.

Luego de sus anteriores incursiones editadas, Oveja Negra y Antología Imaginaria, Días continua por la misma senda, aunque esta vez, se da mayores licencias para dejarse ver como ser humano y metamorfosearse en el centro mismo de su propuesta. Esto porque la mayoría de sus composiciones están en primera persona, con la velada intención de “decir lo que piensa” y “pensar lo que dice”, aunque en ocasiones ello pudiera cansar un poco a algunos lectores.

Lo anterior hace que Días sea un poeta que seduzca o del que definitivamente se tome distancia, puesto que si no se entra en su “juego”, difícilmente se sentirá su especial magia.

Con todo, Fruto Tardío se vuelve un libro recomendable, un aconsejable acercamiento a la realidad del hombre común y corriente de la sociedad chilena, con toda su imaginería vivencial y toda su sabiduría existencial, que inunda hasta los rincones más impensados de nuestra diversa geografía cultural.