lunes, 11 de octubre de 2010

Editorial: El Otro Cine de Ñuble


“Los alternativos recintos de exhibición, así como las refrescantes propuestas en creación audiovisual, de las que aquí mostramos apenas una selección, enriquecen nuestro acervo y patrimonio fílmico”

Junto a los múltiples coletazos que trajo el terremoto de febrero 2010, hubo uno que impactó en la oferta cultural y los hábitos de consumo y ocio de los chillanejos. El cierre del Mall Plaza El Roble, con él, el “único” cine que tiene en funcionamiento nuestra capital provincial.

Y aquí aparece un llamado de atención sobre la condición de “único”, que ostenta esta sala, que aunque formalmente es tal cual, en la práctica se ve complementada con otras ofertas, generalmente vinculadas a la extensión cultural universitaria, corporativa o privada, que de algún modo brinda opciones a los cinéfilos y público general, que ya a dos semanas del sismo, ansiaban reencontrarse con espacios donde reactivar rutinas de esparcimiento, de escape, de análisis crítico y de entretención frente a la pantalla.

Se evidenciaron así, más patente que nunca, la valiosa cartelera que, a través de ciclos temáticos, ofrece regularmente la Universidad del Bío-Bío en su Centro de Extensión Cultural de Chillán. Así mismo, las exhibiciones que realiza el Video Club The Oz, en el contexto del Cine Café, en su cálido local de Av. Libertad, en la misma ciudad. Se pudieron evocar, también, las giras que durante el verano 2009 – 2010 organizó el Centro Cultural Chilereality, llevando exhibiciones gratuitas de documentales a distintos puntos de la ciudad y región.

Todos estos espacios, que son solo muestras de una oferta aún más amplia, constituyen complementos al “cine principal”, que regularmente funciona con un (legítimo) criterio comercial en el mall de la ciudad, con dos salas, cómodas butacas, confitería, estrenos semanales, pero que no obstante, debió cerrar por varias semanas tras el sismo y que en último término está presionado a rentabilizarse mediante la exhibición de (solo) grandes éxitos de taquilla.

Son, por tanto, estos espacios alternativos, las instancias que enriquecen no solo las oportunidades de experimentar el disfrute del séptimo arte, sino que, por sobre todo, amplían la oferta en cuanto a contenidos y temáticas, permitiendo en muchos casos la profundización del análisis del filme para el espectador, al contener los diversos ciclos y muestras una inquietud curatorial (o bosquejo de ella) en la selección de la muestra, en la mayoría de los casos.

Pero no es este el único “otro cine” que, podemos apreciar en nuestra provincia, sino que a la oferta de exhibiciones se suma también la de producción diversa.

Es así como realizadores de Ñuble se han, en los últimos años, lanzado con ambición, trabajo y no pocas cuotas de sacrificio a la tarea de producir sus propias películas.

Tenemos el caso de Alejandro Fernández, quién con su galardonada ópera prima, “Huacho”, ha recorrido con éxito festivales nacionales e internacionales, conquistando crítica y público. Lo de Fernández tiene varios méritos. Ya su realización y los comentarios favorables obtenidos es algo de suyo positivo, pero su apuesta comprende además ciertos conceptos originales para el concierto local que hablan de valentía y convicción: temáticas locales (que de tan locales se vuelven universales), actores también locales además de amateur, la realidad de nuestra comunidad retratada en la ficción con un tono naturalista, crudo y cercano. Y en la misma línea repetirá la fórmula en su segundo largometraje, actualmente en preparación.

La innovación en cuanto a lo que estamos acostumbrados a ver como creación nacional audiovisual la ponen otros dos directores locales: David Contreras, angelino, director de “Abandonados” y Patricio Valladares, chillanejo, realizador de “Toro Loco”, de inminente estreno cuando se escriben estas líneas, con la actuación de Felipe Avello. Explotando el género de fantástico y de catástrofe uno, y de terror y horror el otro, estos creadores rompen los cánones asumidos como “lícitos” y “respetables” por un status quo algo estrecho de parte del establishment audiovisual nacional, que el público pareciera exigir se supere por parte de los creadores y realizadores (un indicador es la baja audiencia que ha afectado a las películas chilenas en los últimos años).

Contreras y Valladares vienen a provocar a la comunidad cultural local, y a entretener y también hacer reflexionar al público general, refrescando las propuestas y los formatos de nuestra producción audiovisual nacional.

Así, el “otro cine” gana espacio, aún cuando en muchos casos se nos haga imperceptible su presencia, a falta, probablemente de mayores espacios y vitrinas de difusión. Los alternativos recintos de exhibición, así como las refrescantes propuestas en creación audiovisual, de las que aquí mostramos apenas una selección, enriquecen nuestro acervo y patrimonio fílmico. Es posible que sean instancias e iniciativas insuficientes para satisfacer la demanda, pero esta insatisfacción será siempre un indicador de buena salud de la comunidad, que siempre demanda más cultura.

Por nuestra parte, con esta edición especial dedicada al séptimo arte queremos hacer una contribución a la consolidación del “otro cine” que nace, vive y palpita en la provincia de Ñuble, con la ambición natural de devorarse al país… y al mundo.