lunes, 11 de octubre de 2010

Crítica a “Para una Meditación de la Edad Media”, de Luis Rojas Donat, Ediciones Universidad del Bío-Bío, 2009, 434 pp.


"El libro es un importante aporte para el estudio de la Edad Media, en especial de los grandes temas que giran en torno a ella. Cada capítulo, nos lleva a concluir que este período es mucho más valioso de lo que parece; que la percepción típica y estigmatizada que se proyecta en torno a la Edad Media es un gran error."

Por Leslie Perera Álvarez
Magister © en Historia
por la Universidad de Concepción


El carisma cercano, profundo y erudito del profesor Luis Rojas Donat se proyecta en Para una Meditación de La Edad Media, libro en donde se detiene a reflexionar, interpretar y encontrar razones a los hechos históricos del Medioevo.

Este texto es la recopilación de 15 años de investigación, ensayos y reflexiones que el autor ha desarrollado a través de diferentes ponencias en Congresos y cursos sobre la época medieval, dictados en las diversas universidades de la VIII Región en que ha trabajado (U. del Bío-Bío en Chillán; U. Católica de la Santísima Concepción, U. San Sebastián y U. de Concepción). Su última obra, compuesta de 434 páginas, dividida en siete temas que expresan una mirada particular sobre el entorno, la mentalidad y el contexto en donde suceden los procesos de la Edad Media, Rojas la describe como “un libro de historia, consistente en un conjunto de estudios en los que he puesto más que nada reflexión (…) Me he preocupado de grandes temas con una mirada global -holística- del tiempo, del espacio, de la enseñanza universitaria, del derecho, de la lengua, de la guerra y, finalmente, de las proyecciones que el mundo medieval legó a la formación de la fisonomía moral del hombre americano."

El autor establece un diálogo con el lector, conduciéndolo así en sus lecturas. De esta manera, apelando constantemente al presente, sugiere la problemática medieval, no alejada de la realidad, realizando un paralelo, una analogía, entre el presente -que el lector y autor viven- con el pasado. Él lo describe de la siguiente forma: “Este libro es una meditación, o al menos eso he pretendido plasmar en las páginas que siguen, para que el lector pueda llegar a mirarse en ese pasado”.

Con una prosa prolija invita a transitar por las diferentes preocupaciones, miedos y vivencias del hombre medieval, no así de la mujer, la que no es considerada como tema ni vocablo, sino tan sólo como una advertencia al inicio del libro. Escrito en primera persona, el autor va interactuando, conversando y cuestionando a un lector activo quien podrá apreciar con una mirada crítica las costumbres y la forma de pensar en la Edad Media.

DESMITIFICANDO UNA ÉPOCA

Mediante la magia del lenguaje, Rojas nos entrega la comprensión y la humanidad de una época, corrigiéndola en aquello en que popularmente ha sido considerada oscura, de barbarie, violencia y mal gusto. Esta visión, más luminosa de la Edad Media, suele ser ignorada por los datos duros, documentables y cuantificables. Elementos tradicionales que han utilizado los historiadores, al centrar su atención (casi exclusivamente) en los grandes hombres, batallas, documentos jurídicos, entre otros, que constituyen fuentes históricas valiosas, pero que se alejan de la vida y preocupación del ser humano común. De esta forma, son marginados los ideales, los imaginarios colectivos, los valores que guían y encausan al actuar de los hombres y mujeres del pasado.

“El historiador tiene el deber de señalar la falsedad de esa ilusión presentando los hechos que cree efectivamente sucedieron, hurgando tanto en la lastimosa miseria humana como también en su esperanzadora grandeza. Al destruir la imagen creada por la imaginación popular, se borra también una parte de la realidad, porque la vida, junto a la existencia de las cosas y los hechos objetivos, es también ilusión, sueño, quimera. ¿Será la realidad sólo lo que vemos o es, asimismo, lo que queremos ver, lo que soñamos viendo?”

El libro, a su vez, trata de desmitificar aquellas tradicionales creencias populares acerca de la Edad Media, desenmascarando a través de los diferentes capítulos, todas aquellas falsas verdades, tan arraigadas en la mentalidad colectiva. De esta forma se abre el pasado, con los grandes y pequeños legados como el actual calendario; la historia concebida linealmente con un antes y después de Cristo; el mantenimiento y conservación de los libros a través de los códices; el derecho canónico; las universidades; los castillos; la institución de la iglesia y sus enormes aportes; el resurgimiento urbano; el origen de las naciones; de la burguesía y del mundo moderno, por mencionar algunas de sus contribuciones y legados. “Frente a objetos como éste, uno se pregunta si la barbarie que muchos siguen asegurando que hubo en la Edad Media, ¿no sea acaso la suya propia… la ignorancia burdísima?”, el desconocimiento del período y de su riqueza.

LA OBRA

El capítulo primero “Hacerse medievalista en Chile” serviría como manual, por decirlo así, para los estudiantes de historia. A través de su vivencia personal, Rojas narra su formación como historiador, recordando que un historiador no nace, no surge de la nada; tampoco se trata de un camino fácil, sino que es un esfuerzo personal y “divino”, motivado y potenciado por formadores. Dentro de los estudios universitarios, nos señala que uno como alumno o alumna, descubre dentro de sus profesores a sus maestros; aquellas personas que imprimen o despiertan la curiosidad en sus discípulos en algún área de estudio, un sello y un estilo de hacer historia. En el caso particular del autor fue la figura del profesor Héctor Herrera “gran amigo e insigne maestro”, a quién también le dedica este libro.

Llama la atención en este capítulo, la importancia del trabajo y vinculación con otros colegas e historiadores del área dando a conocer la necesidad de no ser isla, que cada encuentro, carta, congreso, cofradía, permiten crear un círculo de amigos y estudiosos de la Edad Media. Amistades que recuerda y agradece y que nos actualiza sobre los historiadores medievalistas que existen en Chile.

“Es un manual de historia medieval”, me dijo Luis Rojas, con su sencillez; sin embargo difiero de esta apreciación: el libro da por entendido diversos conceptos, personajes y estudiosos de la Edad Media, que si no se es un iniciado en el período, pueden quedar algo extraviados en nuestro marco referencial; además, cada capítulo lleva implícita una reflexión, puesto que no se trata una sucesión de datos, sino estamos ante una interpretación y análisis de uno y otro tema, lo que no permite una lectura ligera puesto que no se lograría captar o alcanzar el propósito y el esfuerzo que Rojas propone.

Al leer el texto, se descubre un período maravilloso, sumergido en dicotomías y realidades opuestas: la existencia de una historia institucional a la par de una historia de los seres humanos. Apreciando una noción del tiempo línea junto a un popular tiempo cíclico; el derecho jurídico, canónico, que convivía junto a las costumbres; una sociedad altamente religiosa, pero ritualista y temerosa; estratificada y jerarquizada, pero movible; una comunidad mayoritariamente iletrada, bárbara, que convivía, sin embargo, junto a monjes intelectuales y guardianes del saber. Vivencia dual de la sociedad que inserta entre lo bueno o malo; lo sacro y lo ordinario.

Algunas ideas que se desprenden del presente libro:

Los campesinos durante la Edad Media, en su mayoría se regían por un “tiempo natural”, movido por fuerzas misteriosas, influenciado por dioses y cargado de emoción. Coexistían paralelamente dos formas de entender el tiempo: uno lineal (cristiano) y uno circular, místico y repetitivo.

A la sociedad campesina medieval, no le interesaba cambiar las formas de concebir el tiempo; incluso, no existió “una clara distinción entre el presente y el pasado, ya que éste renacía sin cesar llenando de contenido el presente.”

Respecto a la noción de espacio en los campesinos, éstos, seres inmóviles, atados a la tierra del feudo; fueron, no obstante, también nómades, migrantes, que se desplazaban en la recolección de alimentos, como peregrinos penitenciales o saqueadores, en la lucha contra los infieles.

“En un mundo enteramente gobernado por la naturaleza, esto es, por el espacio inmenso e inculto, apenas visible en él la mano humana, los hombres buscaron refugio en la comunidad de la que formaban parte (…) La regla era vivir agrupadamente, entre otras razones, porque el aislamiento era sinónimo de peligro ante los bandidos, los hambrientos, los contagiados con la peste, ante algunos jóvenes guerreros nobles inmisericordes”.

La guerra fue un elemento constitutivo y referencial a todas las instituciones políticas, religiosas, literarias y filosóficas. Hechos de violencia que modelaron a un período, sumergido entre “el evangelio, la espada y el arado, una cultura contradictoria, casi incomprensible, hermética, también, por lo mismo, humana y piadosa”. Violencia salvaje y temor que afectaba a la sociedad; sin embargo, ésta respondía con venganza, ante el crimen o una violencia solidaria, contra los invasores. Situaciones que llevaron a la iglesia a intervenir, legislar (derecho canónico) y condenar (excomunión o anatema) a aquellos que no desearan la paz o respetaran los días fijados para ella (La paz de Dios).

En suma, el libro es un importante aporte para el estudio de la Edad Media, en especial de los grandes temas que giran en torno a ella. Cada capítulo, nos lleva a concluir que este período es mucho más valioso de lo que parece; que la percepción típica y estigmatizada que se proyecta en torno a la Edad Media es un gran error. El mensaje que nos deja este libro de Luis Rojas es el llamado al estudio y riqueza del período medieval, al pensar y valorar este momento de la historia universal.