lunes, 11 de octubre de 2010

Centro Cultural Artístico Artesanal Ayllarel: Encuentro con lo criollo en la comuna de Pinto


El Centro Cultural Artístico Artesanal Ayllarel se ha constituido en un referente de la vivencia criolla en nuestra provincia, generando tanto eventos y muestras especiales, o desde su cotidiana oferta de artesanía, antigüedades y libros de viejo. Observatorio Regional conversó con sus gestores, quienes tienen planes para desarrollar de modo aún más integral este espacio, alojado en la localidad de Recinto, en la ruta a las famosas Termas de Chillán.

Entrevista y fotos de
Jorge Díaz Arroyo


Alejandro Placencia es oriundo de Talcahuano, con estudios incompletos de ingeniería estuvo -como él mismo señala- “perdiendo mucho tiempo” viviendo parte de su vida en Santiago, y ahora por fin está de vuelta en su región, específicamente en Recinto, “disfrutando de su familia”, como se encarga de enfatizar.

Sin embargo, parte de su familia se la trajo, precisamente, de la capital: su pareja, Iris Galleguillos Donoso, Profesora y Licenciada en Historia, “hoy día felizmente artesana y gestora cultural lo que -señala- me parece lejos maravilloso y en lo cual yo creo que me he podido realizar, más que como profesional, como persona”.

Porque ellos, desde hace ya tres años (partieron en su actual ubicación en el año 2007) son los gestores y responsables del “Centro Cultural Artístico Artesanal Ayllarel”, ubicado en Recinto, comuna de Pinto, a la altura del kilómetro 46 del camino que une Chillán con las renombradas Termas del mismo nombre.

¿Cuál es el origen y cómo llegan a desarrollar sus actividades culturales en este centro?

Iris: En la universidad conocí todo ese mundo de la artesanía y siempre estuve un poco ligada a ello, por el recorrido de las ferias artesanales y los pueblitos, que se yo, y acá surgió como la manera, digamos, de sobrevivir, porque yo siendo Profesora de Historia acá no encontré pega, entonces tenía que hacer algo; una para no deprimirme (ríe) y otra para buscar el sustento; entonces recurrí a lo que ya sabía hacer y que he ido mejorando con el tiempo: hacer aros, collares, que ya lo había aprendido antes y que hoy día me sirve para vivir.

Alejandro: En mi caso es una situación bastante especial. El tema de las antigüedades para mí ha sido siempre muy atrayente, no por lo que significa comercialmente, sino por lo que significa cada objeto, cada artículo, y de lo que su historia ha implicado para la sociedad, sobretodo la nuestra. Por ejemplo, una máquina de coser que yo encuentro en un cachureo, en una casa de compra y venta de metales, toda oxidada, yo voy y lo consigo no en función del artículo propiamente tal, sino en base a lo que habrá significado esa máquina para una persona, para una dueña de casa, para una costurera, haber logrado tener ese artículo. En lo personal me satisface mucho el poder revivir ese componente tan irrelevante materialmente en su momento, pero tan importante en la historia, porque hay mucha gente que en su oficio de costurera -mi mamá fue costurera- lograban generar recursos para mandar los hijos a la escuela, por ejemplo.

Entonces, el tema es bien especial, como te decía, porque siendo un hobbie, hoy día pasa a ser parte importante de nuestra subsistencia, como dijo Iris. Sacrificando este conjunto de piezas, tratando años de coleccionar, restaurar y mantener, tuvimos que llegar al momento de comercializarlas, por una cuestión de subsistencia. Pero si bien eso nos ha dado la posibilidad de subsistir, no hemos dejado de lado lo que significa manipular, rescatar piezas históricas y resaltar su sentido histórico. Creo que eso es lo importante.

Iris: Lo otro que hacemos nosotros es generar un espacio de cultura: no se trata de vender una pieza, sino también de contar a que periodo pertenece, digamos, contar su historia.

¿Cómo llegan a Recinto? ¿Cómo lo descubren? y ¿Con qué expectativa llegan?

Iris: Nos vinimos de Santiago para buscar una opción de vida distinta que estuviera expresamente ligada con la naturaleza. Habíamos pensado primero ir más al sur, a Chiloé, y cuando vinimos para acá -veníamos a las Termas de Chillán, a conocer la nieve- nos enamoramos de este sitio, es realmente un lugar muy bello. Cuando descubrimos que estaba inserto dentro de un corredor biológico tuvo un plus para nosotros; era mejorar nuestra calidad de vida y también desestresarnos. Yo siempre pensé que iba a encontrar pega como profesora, no tenía una expectativa distinta, pero llegamos acá y teníamos que generar algo y empezamos con la tienda de antigüedades, y empecé a hacer algunas artesanías, y nos empezó a ir bien. O sea, no una cosa espectacular, pero podíamos vivir dignos, y por consiguiente, generamos un primer encuentro costumbrista, donde reunimos a toda la gente de la localidad que desarrollaba alguna actividad artesanal y la convocamos a este primer encuentro, en el cual resultamos sobrepasados por la cantidad de gente que asistió, público nacional y extranjero.

Ahí nosotros nos dimos cuenta que era necesario generar un espacio para la localidad, pero también había que generar un espacio para la cultura, donde el turista -porque acá nuestra actividad se desarrolla fundamentalmente hacia el turista nacional y extranjero- encuentre espacios culturales, porque es lo que ellos buscan y es muy importante.

AYLLAREL: LO QUE HAY Y LO QUE VIENE

¿Cómo definirían material y “espiritualmente” el centro? y ¿Cómo se distingue de otros centros culturales – artesanales?

Alejandro: Yo creo que no hay nada que se pueda copiar o trasladar. Ha habido muchos intentos de desarrollar una idea de este tipo, pero obedecen a las características particulares del lugar, ya sea en términos geográficos, en términos culturales y en términos humanos y naturales. Entonces, nosotros creemos que este proyecto, esta idea, tiene que ser distinta y tiene que ser diferente a lo que se conoce hoy día como un pueblito artesanal. Porque ocurre que estos procesos de organización de artesanos, de vitrinas culturales parten por privilegiar lo que significa una actividad cultural, esencialmente artesanal, pero, lamentablemente, eso se desvirtúa en el tiempo, cuando la cosa rápidamente se transforma en un atractivo tanto turístico como comercial, con lo que lamentablemente se deforma y distorsiona. Entonces ya no se vende el producto típico de un lugar, no es una artesanía típica del artesano local, sino empieza a incluir ahí las ambiciones comerciales, y se empieza a comprar artesanía de otras partes, que no es la artesanía auténtica, ya que no es la que representa al lugar.

Lo que queremos hacer nosotros acá es en definitiva rescatar y proyectar las capacidades y las habilidades de la gente de aquí.

De hecho, acá se ve mucho trabajo de autor, a diferencia de lo que se ve en otras ferias artesanales, donde los productos están mayoritariamente estandarizados y no varían significativamente unos de otros. Acá incluso, uno puede identificar las distintas piezas de tallados en madera, por ejemplo, por su estilo y con eso vincularlas a los distintos autores que exponen acá.

Alejandro: Y tu puedes apreciar, incluso, que hay todo un proceso de aprendizaje y desarrollo, porque, como bien tu dices, hay artesanía en madera que no es lo más fino, no es lo más elaborado, pero el artesano se está desarrollando, está aprendiendo y descubriendo sus habilidades. Así que eso es lo interesante.

Iris: Nuestro proyecto, por así llamarlo, nace precisamente con ese concepto. O sea, rescatar. Nosotros venimos como “al rescate” de todas nuestras tradiciones. Es decir, si hay un tejido de lana, la idea es que sea telar o sea a palillo y que el teñido sea orgánico. Es decir, a lo mejor no tendríamos colores esplendorosos como los conseguiríamos con una anilina química, pero son los colores de la naturaleza, y nosotros queremos privilegiar eso.

Todo el trabajo que hace el artesano, el trabajo de las avellanas, toda la elaboración de la avellana, todo tiene su característica y que es de este lugar. Este pueblito tiene que tener la impronta de que es de aquí; de que todo lo que la gente va a venir a ver acá se confecciona y se realiza aquí: acá se tiñe la lana, acá se talla, digamos, con las maderas que se dan acá, no de otros lugares del país; entonces esa es nuestra idea y la esencia: rescatar, hasta en las comidas, nuestras tradiciones.

¿Cuanto tiempo llevan acá funcionando? y ¿cómo ven la respuesta de la comunidad y del público flotante?

Iris: Este pueblito tiene como característica que cuenta con una variedad de público y es la población flotante del lugar, o sea, no es la gente de la comunidad local, la que lo visita, sino más bien turistas nacionales y extranjeros. Nosotros tenemos una buena capacidad de convocatoria. El público responde para los encuentros costumbristas -llevamos tres- y tenemos una alta convocatoria.

Los agentes culturales, como los artesanos, ellos son más propensos a participar cuando un evento tiene buena convocatoria y saben que van a tener buenos resultados. Entonces, uno de los problemas que hay con los artesanos del lugar es precisamente la falta de perseverancia o la constancia de consolidar un punto de venta, de consolidar un lugar donde el turista sabe que siempre va a ver esto.

¿Cuál es el panorama actual del centro Ayllarel y cuál es su proyección?

Iris: Hoy día tenemos artesanía, especialmente en madera, en lana de oveja y orfebrería; hay harto tallado en madera; tenemos un fogón de comida típica, donde se ofrece comida al palo… eso ya funciona. La gente que quiere venir a comer, puede hacer incluso reservas y se van a encontrar con un fogón típico, además agradable -se llama “La Trifulka”- donde realmente van a vivir momentos inolvidables. Tenemos un espacio al aire libre, con un escenario, que es maravilloso: hay coihue, hay maitenes, hay puros árboles nativos; se va a terminar un carrito de tren en el que pensamos que se van a vender jugos naturales y helados. La idea es disponer de este espacio para todos los eventos culturales que sean posibles, ya sea música, teatro, danza, o puede ser el lanzamiento de un libro, una exposición de pintura, o sea, estamos abiertos a todas las posibilidades artísticas; también más adelante queremos tener un lugar definido para la biblioteca, por que la biblioteca es para los chicos de la localidad, pero también es para turistas extranjeros, tenemos además del español, textos en inglés y en alemán y eso también requiere un espacio propio, crear como un café literario. Y también generar un museo. Ojala las antigüedades nosotros no las tuviéramos que vender, las pudiéramos solamente exhibir, sería lo ideal. Queremos apuntar hacia allá… y también generar un sector de juego para niños.

Alejandro: La idea que siempre hemos tenido es desarrollar un museo interactivo. Hay que tratar de analizar muy bien lo que eso significa. La idea en el fondo es recuperar maquinaria y utensilios de trabajo de orden forestal y agrícola de aquí y que se utilizaron, para generar un espacio con ese tipo de maquinaria en que los niños puedan aprender jugando y que puedan ir captando como ha ido evolucionando la tecnología, como de algo tan básico en algún momento se ha llegado al desarrollo tecnológico que tenemos actualmente.

Iris: También queremos generar un espacio que sea una especie de escuela o taller, donde los niños o la gente interesada puedan aprender un oficio para cultivar y para que no se pierdan las tradiciones, porque muchas tradiciones en nuestro país se pierden porque no hay nadie que las continúe.

RECINTO: UN POTENCIAL SUBDESARROLLADO

¿Cómo ven la posibilidad de generar redes o apoyos mutuos con otros centros, con el municipio local, o mediante la postulación de fondos concursables para cumplir con todos estos planes y objetivos?

Iris: Con el municipio hemos tenido algunos gestos… gestos… pero no hay una política de ayuda ni de participar en algún proyecto, porque quizás hay otras prioridades dentro del municipio y la cultura o nosotros no estamos dentro de esos objetivos, por ahora.

A través de los fondos concursables, nosotros antes no podíamos hacerlo, porque teníamos solo un local de ventas, pero hoy día nosotros tenemos un espacio propio y ya podemos participar, y esperamos concursar en todos los fondos posibles para que este proyecto lo más rápido posible sea una realidad y que nos beneficie, y beneficie a la comunidad, a los artesanos, y al país.

Recinto está dotado de una gran belleza natural, además de estar en la ruta a ese gran atractivo que son las Termas de Chillán ¿Ven un poco desaprovechado ese potencial?

Iris: Sí. Y es por eso que al municipio le falta la visión de potenciar específicamente esta localidad. Este lugar tiene mucho más, tiene bosque nativo, tenemos los ríos, que también son mal aprovechados, tenemos un tema con la basura que tampoco el municipio controla, entonces yo creo que este pueblo tiene mucho potencial que todavía no se ha logrado desarrollar.

Alejandro: Yo creo importante destacar que siempre se habla turísticamente de las Termas de Chillán, pero el “objetivo” Termas de Chillán, donde está instalada toda la parte comercial y empresarial de este polo turístico, está allá arriba, y pertenece a la comuna de Chillán, pero no hay una visión de desarrollar el trayecto a ese objetivo turístico. Entonces, el turista no necesita hoy llegar a un hotel de muchas estrellas para disfrutar, a lo mejor, lo que él ya tiene: una buena piscina, una buena cama, una buena comida. Eso ya está en su vida. Pero lo que los turistas hoy necesitan es acción y diversión, que es lo que hay que generar, y eso es, lamentablemente, lo que los municipios o la gente responsable del desarrollo turístico de Recinto no visualizan: que cada espacio del trayecto hacia esa actividad turística que son las Termas, tiene su atractivo, tiene su particularidad. Y es eso a lo que nosotros apelamos, a generar en este lugar un punto obligado de paso del turista. Que no solo se lleve la visión de esa concentración de actividad turística que existe a partir del valle Las Trancas, sino también disfrute y conozca la comunidad que está alrededor de ese centro, y que tiene su particularidad, su atractivo, su entorno.