jueves, 11 de marzo de 2010

Sincretismo Cultural: Las Fuentes del Chile Mestizo en el Imaginario Artístico Religioso


Tras el terremoto que asoló la zona centro sur de Chile, se deteriora, daña o pierde (en el peor de los casos) gran parte del patrimonio que guardaban las iglesias, templos, casas y museos que fueron afectados por el movimiento sísmico. Al ser gran parte de estos edificios construcciones de adobe, se asocia con razón a ellos la tenencia de piezas de data o inspiración colonial. Una aproximación al valor y significado de esta expresión es lo que encontramos en el siguiente artículo que aborda el arte hispanocriollo.

Por Sofía Hasbún
Periodista.

El hombre, desde tiempos remotos, ha sentido la necesidad de dar explicación a los temas trascendentales: la muerte, la creación, de dónde venimos, cuál es el fin último del ser, la existencia de Dios, las cuestiones sobre el bien y el mal, etc. Para dar solución a estas interrogantes recurre a los símbolos otorgando un carácter más comprensible a algo qué es intangible y recóndito. Esos símbolos, objetos e imágenes, dan origen al arte.

En Chile, al igual que en el resto del mundo, el arte nace como una búsqueda de dar respuesta sobre los temas sagrados o esenciales de la vida. Así las expresiones artísticas indígenas hablan de las divinidades, la muerte, la fertilidad, los ritos funerarios, las ceremonias para lograr el éxito en las cosechas, etc. Por ejemplo, muchos de los vestigios arqueológicos encontrados durante el siglo XX son vasijas funerarias. Estos objetos son signos de su preocupación por el destino de las almas: el tránsito de la vida terrenal a la vida espiritual.

Posteriormente, con la llegada de los españoles a América, el panorama del arte fue cambiando poco a poco. El español llega con un cargamento de objetos e imágenes religiosas con el objeto de enseñar y evangelizar a los indígenas en lo referente a temas cristianos. A medida que la población local fue conociendo el imaginario occidental católico, comenzó a adoptar algunas imágenes. Sin embargo, no olvidan su pasado ni dejan atrás sus costumbres, por lo tanto, es en ese momento que se produce una mezcla o ensamblaje de culturas (española e indígena), que da origen al arte hispanoamericano.

Debido a esta mixtura es que muchas veces nos preguntamos: ¿el arte colonial o virreinal es copia del europeo o realidad propia? Para alcanzar una respuesta frente a esta interrogante debemos pensar en la conquista de América no sólo como un proceso de dominio administrativo y territorial por parte de España, sino también como uno en que este reino introdujo elementos religiosos a los lugares conquistados.

España tenía una visión cristiana y mesiánica sobre la llegada a este nuevo mundo, donde la civilización y el camino hacia Dios eran ocultos y desconocidos. El conquistador no sólo buscó ejercer el poder en nombre de la Corona Española, sino que también evangelizar y enseñar la filosofía de vida cristiana. Así, el español llega con una misión, con un espíritu salvador que tiene como resultado el origen de una nueva cultura, compuesta por elementos españoles e indígenas. Por lo tanto, en este proceso se produce la unión y mezcla de dos realidades espirituales, políticas y artísticas. Es dentro de este contexto que el historiador mexicano León Portilla escribe: “El encuentro de dos mundos, al acercar a millones de seres humanos que a través de milenios habían vivido en aislamiento recíproco, desencadenó una gama enorme de intercambios y nuevas formas de creación cultural”.

Siguiendo este punto de partida, es interesante mencionar la definición que hace la Real Academia Española acerca de la palabra mestizaje. Las acepciones que tienen relación con el tema son tres. La primera hace la siguiente enunciación: “cruzamiento de razas diferentes”; la segunda señala: “conjunto de individuos que resultan de este cruzamiento”; la última indica: “mezcla de culturas distintas, que da origen a una nueva”. Entonces se puede plantear la tesis de que el arte hispanoamericano nace de la unión, de la mezcla de lo español con lo indígena. En otras palabras, podríamos decir que el hispanoamericano se trata de un arte mestizo.

En el proceso de conquista y asimilación de los nuevos elementos entregados por los españoles, el papel del arte era bastante claro y concreto: enseñar a los indígenas la religión cristiana y la fidelidad a la corona española. En un principio, llegaron imágenes junto con los misioneros jesuitas y franciscanos. Al mismo tiempo, desembarcaron artistas provenientes del viejo continente, pero, poco a poco, el indígena, el mestizo y el criollo comenzaron a involucrarse en el proceso de creación, manifestando y poniendo el sello de su cultura, de su forma de ser y de entender el mundo, sumándole a ésto la visión de la realidad entregada por el conquistador, creando nuevos modelos estéticos y de representación.

Este nuevo discurso estético implicó enraizar y apropiarse de la religión cristiana, dando como resultado una forma nueva y original que también incluye las raíces y tradiciones de la realidad indígena. El pueblo, la tradición local, se funden con el imaginario católico para así dar origen a la identidad cultural hispanocriolla.

Fotografía: Imagen de la Inmaculada Concepción, barroco mestizo, siglo XVIII, Museo Regional de Rancagua. Imágen de Jorge Díaz.