jueves, 11 de marzo de 2010

Muelle Barón


"Me gasté tanto tiempo pensando en cómo decirlo, que finalmente todo lo que lograba era eludir el acto, pasar por el lado, siempre pensando en ella, en como contarle todo ésto, mientras al mismo tiempo buscaba una excusa para no tener que ponerme en frente y hacer exactamente lo que me pasaba el día pensando en cómo hacer".

Cuento
Por Juan Pablo Vásquez

Me molesta que traten tan mal a los días nublados. Les han hecho una fama terrible. En tardes así, me gusta venir a mirar el color del mar.

- ¿Te meterías con alguien que tiene pololo?
- Sí, creo. Sí.
- ¿Sí?
- ¿Por qué nunca te fijaste en mí?
- ¿Qué? – reaccionó sorprendida, un poco incómoda, fingiendo no entenderme.
- ¿Por qué nunca te fijaste en mí? ¿por qué siempre me has visto tan simpático… tan… equilibrado?
- ¿…?
- ¿Por qué siempre tu cariño conmigo ha sido tan bien intencionado… tan casto?
- … Juan Pablo…

Me miró de frente, muy fijamente, dijo mi nombre en un tono casi indescriptible, incorporando varios estados de animo en su voz. En ese momento quise creer que había un poco de nostalgia aunque, la verdad, no podía dejar de sentir cierto dejo de rabia en su expresión, en su mirada fuerte, en las palabras que componían mi nombre que en su voz sonaban a extrañeza, confusión, incomodidad. Yo seguí hablando, diciendo cosas, seguí explicando de diferentes formas lo que me pasaba. En ese momento, quería pagar todas las deudas que tenía conmigo mismo, pedirme disculpas por hacerme esperar. Había sido triste darme cuenta que todos mis fantasmas eran las cosas que no hice.

- Es bonito el Muelle Barón, me gusta venir acá. Me gusta sentarme aquí contigo… Me molesta que la gente trate tan mal a los días nublados. Les han hecho una fama terrible, son los días más lindos que hay. Cuando está así me acuerdo de varias cosas, y me gusta venir a mirar el mar.

El cerebro es el músculo del ser humano que más trabaja.
Siempre me han gustado los días nublados.


Ella me preguntó si quería fumar, tenía unos cigarritos hechos a mano, de los que hacen reír.

- Con este frío hay que darse calor en la cara -dije.
- Prendamos uno, entonces -y me lo pasó, yo no tenía con qué encenderlo, ella no lo notó, nunca fue buena con los detalles. Nunca los notaba.
- Es plomo, cuando está así, el agua toma el color del cielo, de las nubes, por eso es plomo, como tu gorro. Pero, además, con un poquito de verde, fíjate… Tú tienes los ojos pardos, se parecen un poco al color del agua cuando está nublado… ¿Te han dicho que el cerebro es el músculo del ser humano que más trabaja? …No quiero que te vayas, siempre me gustaste. No sé por qué me haces sentir torpe, no sé por qué pienso tanto en todo esto. No sé por qué nunca te fijaste en mí, ni por qué nunca intenté nada… en realidad, sí sé, y tú también. Pero siempre me gustaste, y yo siempre preferí dejarlo así, con tu amiga feliz, contigo tranquila y conmigo… no sé, en una comodidad un poco fakir.

Esta vez, definitivamente, no pude leer lo que había en sus ojos, creo que agachó un poco la cabeza, no sé, me desvió la mirada. Hay momentos en que los silencios se tornan espacios de incomodidad, sin embargo para mí esos instantes sin que nadie hablara fueron necesarios, yo ya había dicho más que en un buen par de años, y además descubrí en ellos que no me esperaba otra cosa. Me gasté tanto tiempo pensando en cómo decirlo, que finalmente todo lo que lograba era eludir el acto, pasar por el lado, siempre pensando en ella, en como contarle todo ésto, mientras al mismo tiempo buscaba una excusa para no tener que ponerme en frente y hacer exactamente lo que me pasaba el día pensando en cómo hacer. No esperaba una respuesta, por eso tal vez me convencí que no llegaría. No me miró, tenía la vista clavada en el plomo con verde del mar. Fue raro, su voz subió de a poco hacia mí…

- …¿Y en días nublados vas a venir al Muelle Barón y cuando mires el agua te vas a acordar de mis ojos? …No entiendo para qué decirme esto ahora. A mí también me gustan los días nublados, y me gusta cuando hace frío. ¿Por qué hablas tanto? ¿y para qué piensas tanto? Yo sí me metería con alguien que tenga polola, y sí me fijé en ti, y mi cariño nunca fue casto, a pesar de mi amiga, tu novia, y mi pololo… Y ahora me tengo que ir de esta ciudad ¿no te gustaba ser fakir? Ahora los dos somos fakir por culpa de tu estúpida comodidad, o por el imbécil de tu cerebro.

- …¿Te quedarías?
- ¡No! cómo se te ocurre… ¡Cállate una vez! …Dame un beso…
- Tienes razón, cuando esté nublado y venga al Muelle Barón, me voy a acordar de ti.