jueves, 11 de marzo de 2010

…Están en el suelo


"Somos los que se levantaron del terremoto de 1906, los que murieron parados entre los escombros en 1930, los que sobrevivieron a la tragedia y maremoto de 1960 y con el impulso organizaron un simple mundial de fútbol. Somos el adobe valiente y los ladrillos invencibles que resistieron la tarde fatídica de 1985. Somos la señora Nely y Don Juan, los papás de mi amigo que tuvieron que cambiarse un jueves en la tarde porque el terremoto dejó el block de departamentos inhabitable. Somos mi amiga Mouriel que arrendó un auto y sin conocer el camino viajó cientos de kilómetros por la carretera destruida para buscar a sus hermanos en el corazón del terremoto".

Por
Juan Pablo Vásquez

El progreso de los noventa, los condominios de mentira de la clase media, la clase media entera, las mentiras a la clase media, las mentiras de la clase media, la mentira de clase media, la mentira y la mentira y media.

Los conjuntos habitacionales, los edificios donde nunca vivió nadie, el orgullo falso por disfrazarse de un “no pobre”. Las uñas de los jaguares, los créditos hipotecarios, la hipocresía de la casa propia, la propiedad de la financiera, el cheque y el vale vista, la estabilidad y la tranquilidad para ser turista, el auto y el jeep, el jeep y el auto.

El Ipod, el Netbook, la pantalla líquida, el blackberry de la empresa, la empresa de Blackberries, el plan de telefonía, Faúndez y las almas a dos por uno.

Los casinos, las apuestas, el puterío VIP, la rifa más grande de Sudamérica, la Sudamérica más grande de Sudamérica.

La micro, la mediana, la gigante. El metro más bonito que en París, más limpio que en Manhattan, mejor que en Buenos Aires, mejor que en Buenos Aires, MEJOR QUE EN BUENOS AIRES!

La Carretera de la reconquista, one way to dead, fast track, autopista y By Pass. Rutas, limpieza, descanso, teléfono emergencia, emergencias emergentes, puentes, servicios, represas.

Los chistes, los peruanos, la Plaza de Armas, los inmigrantes, la xenofobia, la desconfianza, los argentinos, los bolivianos, la arrogancia, nuestros Mc Donalds, las inversiones, el Beto Cuevas, las teleseries, las aspiraciones.

Corrieron, se miraron, lloraron, arrancaron, se abrazaron, se mearon, se cagaron, se comieron, se violaron, no supieron donde ir. Recordaron, todos.

Recordaron. Todo resumido. Todo en la rutina, todo en las palabras, todo el comediante. La hediondez de Evo Morales, la flojera de Don Lula (1). La idiotez en una moto. Zarkozy, con modelos. Berlussconi, con escándalos, con putas, con canales. Pero nada, ellos, tranquilos. Morales, mal oliente. Da Silva, un payaso en el carnaval.

Todo en un pañuelo. Toda la arrogancia, todas las mentiras, todas las risas, toda en chistes, todo en nada. Todo el progreso bajo el adobe, bajo la mezcla de barro y paja que olvidada seguía siendo parte de los nervios de esta tierra.

De nosotros, el país de los crédulos. El pueblo de los que, apenas les dijeron algo lindo, se fueron gustosos a su cama. Los que dejamos tirada, empolvada y medio perdida la chilenidad, por allá, tendida, boca abajo, violada, empeñada, amontonada, gastada y apostada.

Porque somos la triste fotocopia de lo que deberíamos ser, porque somos un dibujo mal hecho de lo que éramos. Somos aquellos que abrieron las piernas y cerraron los ojos. Somos eufemismos baratos, vendidos por docena. Somos los que amamos que nos digan “en desarrollo” en vez de tercer mundo.

Somos los que en algún minuto nos olvidamos de lo que somos, y es que somos los que queremos ser lo que no somos.

Tú, yo, abre los ojos frente al espejo, ¡Somos Nosotros! Porque somos choros cuando hay que serlo, porque somos chorizos. Somos morenos, somos alzados, somos bravos.

Somos hijos de españoles del sur de la más baja calaña, en cuyas venas corrían mezclas de hispanos, sefardíes, árabes, moros y africanos, y que vinieron escapando de la cárcel y la pobreza a encontrar la América en una tierra desconocida.

Somos primos y sobrinos de los Incas, aquellos padres de los peruanos, cuya inteligencia alcanza para dictar mil cátedras en mil universidades sobre cómo se administra bien un imperio.

Somos vecinos de los argentinos, que salen a la calle y se alzan en batalla cada vez que es necesario.

Somos los nietos de los inmigrantes que dejaron todo y vinieron en barco a un planeta austral.

Somos choros, somos valientes. Somos pehuenches, somos araucanos, somos hijos de los mapuches, somos indómitos, somos guerreros, somos los que nunca entregaron su tierra.

Somos los que se levantaron del terremoto de 1906, los que murieron parados entre los escombros en 1930, los que sobrevivieron a la tragedia y maremoto de 1960 y con el impulso organizaron un simple mundial de fútbol. Somos el adobe valiente y los ladrillos invencibles que resistieron la tarde fatídica de 1985.

Somos la señora Nely y Don Juan, los papás de mi amigo que tuvieron que cambiarse un jueves en la tarde porque el terremoto dejó el block de departamentos inhabitable.

Somos mi amiga Mouriel que arrendó un auto y sin conocer el camino viajó cientos de kilómetros por la carretera destruida para buscar a sus hermanos en el corazón del sismo.

Somos la puta que vende el poto pero nunca la dignidad, porque siempre es más importante que coman los hijos.

Somos los vecinos que duermen desde el sacudón en la cancha de la esquina. Somos la vieja que pela más papas pa’ aumentar la comida. Somos la olla común del pasaje. Somos los que hacemos que alcance, somos los que siempre tenemos un plato extra cuando llega un amigo.

Somos la colecta familiar, el partido del domingo, la chela con los cabros. Somos anticuchá bailable, minga chilota, nguillatún eterno. Somos Polla Gol, somos los Herrera, somos los que aganchan. Somos Lota, cobre carbón y acero. Somos los héroes que son mis viejos veinteañeros viviendo en una mediagua con dos críos en la espalda.

Somos valientes, somos fuertes, somos unos hueones choros, y somos humildes. Se nos cayó la pedantería y la arrogancia, se nos vino abajo toda la basura que importamos, se nos fue a la mierda la estatura idiotizante y vendida de los “mejores del barrio”.

El progreso, humillado. La esperanza, hecha un puño. La dignidad, orgullosa en el pecho de los miles que hoy día levantan sus casas.

¡Somos Chile, mierda!

Acá, en mi país, la muerte persiguió a mis compas con un machete en la mano. Aquí, en mi tierra, las casas se cayeron, los edificios están en el suelo, pero ellos solos, vacíos, porque nosotros, los chilenos, estamos todos de pie.

(1) En el pasado Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, el comediante más importante de este país hacía reír casi a Chile entero con una rutina en la que trataba de ordinario y hediondo a Evo Morales y de flojo y vago a Lula Da Silva.

Fotografía de Jorge Díaz