jueves, 11 de marzo de 2010

Comentario a “Sal y Memoria: Los Antiguos Salineros de Cáhuil” de Solange Carrasco y Constanza Lillo, Sin Ref. Editorial, 2008, 120 pp.


“Si bien las salinas son parte de la identidad y de la memoria del pueblo de Cáhuil y sus habitantes, no son consideradas como un capital cultural. Son un emblema de la localidad, no obstante, no se potencian como parte del patrimonio y como un elemento representativo de tradiciones de lugar que permitiera transformaciones en la economía local y familiar” (Las autoras, p 80).

Por Jorge Díaz Arroyo
Lic. en Historia
Imágenes cortesía del Gobierno Regional de O'Higgins
Estudio para el fortalecimiento de la identidad territorial de la región de O´Higgins (ver créditos al pié del artículo)

"Estatua de sal” es, de acuerdo al relato bíblico, quien a causa de mirar hacia atrás, hacia el pasado, hacia “la tragedia” de la que se ha librado, no aborda su presente o no se hace cargo de él. Sobre esto es, curiosa e irónicamente, en lo que bien se podría reflexionar respecto a los salineros de Cáhuil, sujetos sociales que abordan las antropólogas Solange Carrasco y Constanza Lillo en el libro titulado “Sal y Memoria: Los antiguos salineros de la Laguna Cáhuil”, editado gracias al apoyo del FONDART del Fondo del Consejo de la Cultura y las Artes.

EL LIBRO

Como señala Fresia María Salinas, antropóloga prologuista de la obra “lo que aquí publican (las autoras) corresponde a una selección de esos abundantes datos de campo, selección orientada por la focalización en un oficio que los habitantes todavía practican, aunque cada vez más escasamente, pero que es significativamente recordado -recordar es traer a la memoria con el corazón- por los ancianos salineros. No es puramente asunto del pasado, aunque actualmente su importancia económica y laboral esté en decadencia, es un pedazo importante de la vida de chilenos de los cuales sabemos poco, y que, como toda vida humana, merece ser recordada” (p 11).

El estudio no es histórico, aunque está cruzado por la memoria del ayer, proyectada al presente y especulando hacia el futuro de las salinas, su forma de vida conexa y la experiencia de su explotación. Es en el imaginario, en la vivencia subjetiva y recordada, donde las autoras enfocan su quehacer, acorde, por lo demás, a la forma de evocar de los protagonistas de este relato: “podemos concluir que para los salineros es difícil dar fechas exactas sobre estos acontecimientos. Se recuerdan temporalidades y episodios y no una cronología oficial de los hechos” (p 57).

Lillo y Carrasco señalan que, aunque la técnica de extracción prácticamente es la misma que antaño, las condiciones se han suavizado un poco, por ejemplo, con la introducción en la década de los 80’s de carretillas para transportar los sacos de sal (antes estos eran movidos en angarillas -suerte de camillas- sostenidas a mano); Lo mismo es válido para la disminución de la capacidad y peso de los sacos usados. Se ha pasado de los descomunales 100 kilos por saco, a los 84 kilos luego, para llegar en la actualidad a los 60 kilos. No son los únicos cambios:

“Si bien no existen grandes diferencias en el pasado y el presente en las formas de producción, sí las hay al comparar la cantidad de salineros que laboraban hace cincuenta años atrás, con la cantidad que lo hacen hoy. Antiguamente, había una mayor dotación de trabajadores: se estima que cerca de doscientos salineros trabajaban en el sector de Laguna Cáhuil; sin embargo, en la actualidad se ha reducido cuantiosamente y no alcanzan a cubrir una plaza de veinte trabajadores” (p 70).

Las razones para la decadencia de la actividad son muchas: La extrema dureza del trabajo y las amplias jornadas de trabajo se confabulan el exiguo mercado que hoy tiene la sal, más la actual posibilidad de nuevas alternativas para los hijos y nietos de los más veteranos salineros, que mediante los estudios y/o el ejercicio de otras profesiones y oficios proyectan mejores perspectivas para sí mismos.

Por otra parte, el insuficiente yodo de la sal marina la inhibe de poder ser usada para el consumo humano (tiene 88% y lo que por norma se exige es el 95% para permitir el buen funcionamiento de la glándula tiroides y evitar con ello enfermedades relacionadas al bocio); a esto se suma el embancamiento de la cuenca lacustre a causa del exceso de sedimentos de la cordillera arrastrados por las aguas lluvia y la construcción del puente que cruza el pueblo de Cáhuil, que ha tenido como consecuencia un cambio en el flujo de las aguas marinas, dos factores que dificultan el proceso desarrollado en las salinas. El reciente maremoto y tsunami de 2010 (que, obviamente, no está registrado por las autoras) bien podría ser un golpe mortal a la actividad.

DIGRESIONES SOBRE UN PASADO Y UN FUTURO

Con este panorama, no es raro pensar que el antiguo oficio salinero se acabe, y con ello un patrimonio y una memoria que constituyen identidad y tradición. El romanticismo es un escape fácil para seguir porfiando en un hacer que no tiene, hasta donde puede verse, modo de sustentarse económicamente en el mundo moderno, en la forma que hoy se explota y comercializa. Pero, precisamente, si se le da una vuelta de tuerca a la actividad, surge una posibilidad de rescatar este legado.

“Si bien las salinas son parte de la identidad y de la memoria del pueblo de Cáhuil y sus habitantes, no son consideradas como un capital cultural. Son un emblema de la localidad, no obstante, no se potencian como parte del patrimonio y como un elemento representativo de tradiciones de lugar que permitiera transformaciones en la economía local y familiar” (p 80).

El mantener una memoria, un recorrido, un relato y un trayecto que de cuenta de esta tradición y actividad que le dio (y da) personalidad a Cáhuil, puede hacer sustentable el mantener esa “infraestructura” y paisaje que le son tan propios. Es también una posibilidad de entrada de recursos mediante el turismo patrimonial, para el que existe un creciente, culto y ávido público, y adicionalmente una oportunidad para provocar ese motivo de orgullo y de reconciliación e identificación del pueblo de Cáhuil con su rasgo más característico.

No se trata de endulzar el relato ni el oficio, hacer una caricatura de la actividad salinera, algo “plástico”, sino plasmar en su real y total dimensión la memoria de lo que fueron y son los cuarteles, las angarillas, los quintales y las calles. Una variación -por citar un ejemplo- de lo que se ha hecho (y sigue evolucionando) en Lota, en la octava región de nuestro país.

“Es importante señalar que la identidad no siempre está aferrada a percepciones positivas o ideales, también se configura desde lo incierto, desde las problemáticas que conlleva formar parte de algo. Algunos salineros, en este sentido, si bien se sienten orgullosos de haber trabajado en las salinas por tantos años, se muestran disconformes con el oficio que ejercieron, al ser un trabajo extremadamente duro, mal pagado, con consecuencias en la salud, y en desventaja con otros trabajos que requieren de menor esfuerzo físico y están mejor remunerados” (p. 90).

Visto así, pareciera que en términos económicos puros, de mercado, la actividad no tiene otro porvenir que extinguirse con el avance de su actual decadencia, salvo que se reinvente y recicle como una que explote y fomente su capital patrimonial, con todos los beneficios económicos, identitarios y sociales que su comunidad podría recibir. Porfiar en contrario equivaldría a ser “estatuas de sal”… estancarse hasta morir.

COMENTARIOS FINALES

El estudio es acucioso y corresponde a un texto de investigación, escrito en forma amable, llana y correcta, pero que no es divulgativo, propiamente, aunque si asequible. El aporte es mayúsculo para el conocimiento, puesta en valor y rescate de una actividad y sus cultores que ha sido insuficientemente conocida y estudiada hasta ahora. La edición y selección fotográfica también es apropiada, bella y simple, aunque, lamentablemente el balance de grises utilizado (la edición es en blanco y negro) no es a veces el óptimo para sacar provecho de la totalidad de las imágenes, perdiéndose algunas.

Dos observaciones, muy pequeñas: Hizo falta una inducción luego del prólogo e introducción, que familiarizara el oficio, su técnica y proceso antes de iniciar el relato, propiamente, pues este comienza suponiendo un conocimiento del lector de la actividad salinera, saber que por si solo no alcanza a proporcionar el glosario anexo en las últimas páginas. Segundo, la selección de planos, sobre fotos satelitales, al final del texto, no es la apropiada para un texto impreso en blanco y negro. Más si parte de la simbología se presenta en base a la tonalidad de ciertas zonas geográficas. El resultado es confuso y poco amable al lector.

En suma, un importantísimo libro que pone en relieve una actividad y legado propio de nuestra región, el que corre un real y severo peligro de perderse para siempre.

Créditos fotográficos:
Foto 1, "Origen", de Jaime Rubén Salinas Pozo.*
Foto 2, portada libro Sal y Memoria
Foto 3, "Emoción", de Jaime Rubén Salinas Pozo.*
* Cortesía del Gobierno Regional de O'Higgins, Estudio para el fortalecimiento de la identidad territorial de la región de O´Higgins.