lunes, 13 de abril de 2009

Contenidos Marzo – Abril 2009


Editorial
Vivir con Honor o Morir con Gloria

Patrimonio Cultural Regional
La Necesidad de Educar la Gestión del Patrimonio, por Gastón Gaete y Silvana Romo
Una Doncella que Bajó de la Cordillera, por Favio Vásquez
Los Obstáculos Actuales que Enfrenta el Desarrollo Cultural en la región de O’Higgins, por Favio Vásquez

Desarrollo Social
Antecedentes del Sistema de Seguridad Social Portuario, por Coordinadora de Trabajadores Marítimo Portuarios de Chile

Literatura
Manual Ediciones: Libros y Gestión a Escala Humana, por Jorge Díaz
Lluvia, Dulce Lluvia, por Oveja Negra
Mi Amiga de Cautiverio, por Enrique Escobar
Arte: Sobre Originalidad y Dignidad, por Jose Guajardo Valencia, 29
La Poesía de Bernardo González
Comentario a “El Misterio de los Calcetines Huachos”, por Hernán Quintanilla
Pateando Relojes, por Rafael Henríquez

Educación
Educación 2020, Por Lucía Muñoz
El Súbito Entusiasmo por la Educación de los Pobres: ¿Una Historia Nueva?, por Claudio Gutierrez
Profesor, una Palabra Gastada, por Carlos Poblete Ávila

Premio
“Abridores de Alamedas” 2009

Política y Medios
La Prensa Popular y la Prensa Sensacionalista Durante la Transición: Tratamiento de “lo Popular” y Configuración de Ideario, por Jorge Díaz
Barreras del Lenguaje, por Jose Guajardo
El Cohecho Electoral Ante las Nuevas Tecnologías, por Rodrigo Tapia
Venezuela y la Reelección Indefinida de Presidente, por Leonardo Jeff
Juzgando a Venezuela, por Luís Cuello

Ensayo
El Secreto de Viajar, por Rodrigo Ojeda
Física y Misticismo, por Pedro Torrealba
Dame una Palanca y Muevo al Mundo, por Juan Pablo Vásquez
Una Síntesis Cultural e Histórica para Acercarse a Pangal 1, por Mauricio Lorca
El Mineral El Teniente y Sus Orígenes, por Constanza López

Imagen
Axis Mundi, por Alex Castro
Memoria Visual, por Favio Vásquez

Editorial Nº3, Marzo 2009: Vivir con Honor o Morir con Gloria


No siempre tomamos consciencia de los rótulos que llevamos, o que, la mayoría de las veces, como casi todos los rótulos, heredamos. Es así como sin elegir camiseta de futbol, ya la usamos; o vamos a un templo católico, evangélico, judío…; en fin, la lista sería larga…

A veces, de tanto llevarlos, ni siquiera nos damos cuenta de la existencia de estos rótulos, su carga, sentido, significado; y es comprensible… a veces también están deslavados de todo eso.

¿Nos hemos puesto a pensar en el nombre de nuestra región? Pues bien, somos habitantes de ella, y por tanto, la llevamos con nosotros, tal como en cualquier país distinto al nuestro, “seríamos chilenos”, y donde, a la vez, nos sentiríamos -tal vez, descubriéndolo en profundidad y lucidez por primera vez- como tales.

Somos de la región de O’Higgins.

¿Qué significa esto? No gran cosa, probablemente, si lo pensamos con ligereza y locuaz honestidad. Y tendríamos razón. En estas mismas páginas, lo hemos dicho antes: se puede tener idiosincrasia, costumbres, características que nos identifican; pero si estas mismas nos resultan desconocidas a nosotros mismos, no las reconocemos o ni siquiera las hemos descubierto como propias, pues entonces no se han vuelto identidad. Y esta última ya es una palabra distinta.

Un pueblo (o también una persona) sin identidad, es uno que no se conoce, valora… sería incapaz de “presentarse a si mismo” como algo claro y distinto… algo único. Y no obstante, pudiendo ser todo lo anterior.

Vayamos por partes:

Una identidad se puede construir (siempre sobre verdades, nunca sobre mitos o inventos -o no es deseable-) mirando ciertos rasgos o costumbres, en muchos casos impuestos por condiciones atmosféricas, climatológicas, de relieve, fauna o flora, económicas, pasado histórico, etc. Esta suma de factores, mezclados (como es inevitable, de forma única), forma un necesario modo de vida, el que a la vez se constituye con una amplia gama de matices. No es, por supuesto, nuestra intención asignar una uniformidad de estos rasgos a toda una región político administrativa entendida, más aún comprendiendo lo caprichosa, arbitraria y amplia de esta figura. No obstante, si se pueden encontrar una suma de realidades que, distintas, por costumbre se nos empiezan a configurar como partes de un todo que a la larga se hace compacto e identificable. Tenemos una imagen regional, llena de partes distintas que, sin embargo, la conforman.

Otro factor, para “saborear” un “auténtico” y “no mentiroso” concepto de lo propio y particular a escala regional, es el factor dinámico del tiempo, la temporalidad, la “historia” no detenida. Abundantemente se nos presenta en colegios, campañas y discursos una imagen, sino ficticia, al menos caricaturizada y burda de la “identidad regional”, fruto de evocaciones manidas, anticuadas y anacrónicas, alimentadas de un falso historicismo. La identidad es un rasgo dinámico, como las sociedades, y el conjunto de hombres y mujeres que las integran. La identidad “se mueve” con los tiempos, y “el huaso de la zona central” puede vestir de jeans y portar celular, mientras espera el dinero en el banco, con “zapatos de montar” y chupalla, para ir a pagar el sueldo a sus campesinos, mientras lo espera, a media cuadra de distancia, la camioneta doble cabina estacionada -la carretela del siglo XXI para los más pudientes-.

Las caricaturas repelen a las nuevas generaciones, dada aquella sabiduría de la que el les dota, en su época más intuitiva: un lúcido sentido común. No esperemos “enseñar” patrimonio con caricaturas.

No obstante, es bueno volver a la cuestión del nombre.

¿Región de O’Higgins?

¿Por qué no? ó… ¿por qué sí?

Concedamos que el origen es al menos, algo caprichoso. La batalla de Rancagua que lo explica, podríamos decir que es un hecho fortuito. El importante enfrentamiento (que marca el fin de la Patria Vieja) pudo haber ocurrido en Talca, Linares, San Bernardo, Melipilla. Bien pudo tener este nombre la hoy Región del Bío-Bío. En ella, más precisamente en la ciudad de Chillán, el libertador nació, y aunque muy niño abandonó sus paisajes, de vuelta en Chile, se dedicó a trabajar la hacienda que heredara en el sur, hasta que los imperativos de su tiempo le hicieron dedicarse a otra cosa… Acá en “O`Higgins”… tan solo una batalla, una de muchas que el líder revolucionario tuvo.

Pero lo cierto es que la región lleva ese nombre, y cabe preguntarse si se ha realizado una gestión acabada, para que los habitantes de “O`Higgins” conozcan a quien les da ese apelativo... Ya sabemos que su figura, pese el paso de los años, se mantiene rodeada de un halo de controversia (tema para otra reflexión). Por una parte, la ciudad de Rancagua se ha visto, en los últimos 15 años, embellecida con una serie de intervenciones, principalmente de su casco histórico, que ha tenido un criterio patrimonial y de rescate del legado del pasado. No obstante, no se aprecia una -efectiva- divulgación y/o penetración de estos mismos criterios, variables o valores en la población, ni siquiera en la rancagüina, ciudad que más directamente está vinculada, por historia, con el prócer.

Lo mismo es válido para otros nombres, eslogan, títulos, o frases que decoran anacrónicos escudos, afiches y toponimia repartida por toda nuestra zona.

¿Cuál es nuestra identidad? ¿Cuál es nuestro gentilicio como región o pueblo? ¿Tiene sentido con nuestro ser y pasado más íntimo? ¿Da lo mismo usar un nombre que otro? No podremos saberlo mientras no conozcamos las razones que fundan y justifican los apelativos con los que nos reconocemos y llamamos día a día.

Nuestra revista se ha ocupado de explorar, buscar, exponer, discutir y divulgar lo que somos, sin aspaviento, trucos, ni recursos fáciles ni efectistas, menos ficticios. Algunos habrán considerado nuestra labor inoficiosa, absurda e innecesaria. La recepción ha sido, en distintos niveles sociales, etarios y territoriales, positiva y muy auspiciosa; no obstante, la indiferencia detectada ha venido de quienes debiesen gestionar ¡por voto popular o responsabilidad social! en primer orden aquellas políticas o recursos que posibilitarían (si se les apoyase) un impacto positivo en la cultura y buena gestión patrimonial (el sentido de ser de los pueblos, lo que hace humanos a los humanos, nada menos). De seguro habrá quienes nos augurarán la muerte prematura en nuestro esfuerzo, meta y “sueño”.

Y recordamos…:

“¡A mí, muchachos! ¡Vivir con honor o morir con gloria! ¡El que sea valiente que me siga!”

Haremos el empeño de volver a ustedes en estas páginas.

De eso se trató, la gesta de Rancagua, y los patriotas la tuvieron mucho más difícil que nosotros. Ya sabemos que ellos, al menos, lo lograron.

La Necesidad de Educar la Gestión del Patrimonio


La Gestión del Patrimonio Cultural se vuelve cada día más una necesidad, si lo que se quiere no es solo mantener nuestros bienes patrimoniales, si no que además transformarlos en un polo de desarrollo local de una comunidad. De ahí la necesidad también de educar a sus miembros en torno al valor de su Patrimonio y de su función social.

Por Gastón Gaete, Geógrafo
Académico Universidad de Playa Ancha (Upla)
Silvana Romo,
Estudiante Ped. en Historia y Geografía, Upla.

Entendemos por Gestión del Patrimonio Cultural las acciones planificadas y sistemáticas llevadas a cabo con el fin, no sólo de preservar y conservar un bien patrimonial, sino que, sobre todo, explotar sus cualidades en términos económicos. Este aspecto, gatillado por la necesidad de solventar los costos de conservación y restauración, que en el caso de muchos bienes patrimoniales resultan tan elevados, que muchas veces ni los entes gubernamentales ni las comunidades son capaces de solventar.

Esta gestión se lleva a la práctica, generalmente, a través de la reutilización de bienes patrimoniales para usos sociales, educativos o turísticos, todo con el fin de hacer el nexo patrimonio-comunidad a través del disfrute de éstos de manera directa y en la actualidad por parte de esta última.

Esta readecuación de los bienes patrimoniales, además debe estar acorde con las necesidades de desarrollo de la comunidad en la que se encuentra inmerso, es decir, la revitalización del patrimonio cultural de una comunidad ya no sólo se encuentra asociado a las necesidades de preservación de éste, sino que también gestionamos nuestro patrimonio con la intención que su nueva función contribuya al desarrollo económico y social de la comunidad. Es lo que se denomina desarrollo local y apunta directamente a la “administración” de estos bienes patrimoniales por parte de la misma comunidad y cuyos beneficios sean también para ésta. La idea del desarrollo local es algo que en una especie de lema quedaría expresado de la siguiente manera: “desde la comunidad y para la comunidad”.

Para lograr los objetivos de la gestión patrimonial debe existir un plan sistemático de educación, capacitación y difusión de elementos culturales comunes y de la valoración de éstos, el cual se debe realizar, en muchos casos, a través de un trabajo de larga duración, al que muchos no están acostumbrados, lo que en la mayoría de los casos lleva a desechar la actividad cultural como una forma de desarrollo local, generalmente por desconocer la forma en que nuestro patrimonio cultural puede relacionarse con nuestro desarrollo social. Esta dificultad presenta un estancamiento de iniciativas privadas en este sentido, pues la población percibe que actividades que tengan como lineamiento la cultura no son sustentables en el tiempo, pues no observan recompensas en lo inmediato.

Es claro que la gestión del patrimonio bien apuntada tiene que seguir lineamientos a través de un largo período para obtener logros considerables. Por ejemplo, si queremos recuperar una vieja estación de trenes para transformarla en una biblioteca pública, necesitaremos primero educar a la población en torno a la historia y el valor simbólico e inmaterial de éste, además del tiempo que tomarán los trabajos de restauración y readaptación para sus nuevos fines.

Ante esta circunstancia, es imperante inculcar a los miembros de la comunidad la responsabilidad que cómo miembros de ésta les toca en la tarea de revivir y mantener su propio pasado y considerar el largo plazo de espera para los “resultados” de la gestión como una etapa más en las tareas de revitalización de su patrimonio cultural. Esto se transforma en una necesidad vital y la comunidad no debe abandonar el trabajo constante y sistemático que significa la gestión del patrimonio. Hacerlo significaría romper esta verdadera cadena que significa revitalizar nuestra herencia cultural.

Nadie mejor que la comunidad para llevar a cabo esta tarea, pues es ésta quien mejor puede referirse a sus propio capital cultural, las variaciones que éste ha experimentado con el tiempo y el ¿por qué?, además la idea es establecer la conexión patrimonio-comunidad, lo que permite no solo la revitalización de las identidades culturales, sino que además una nueva forma de participación ciudadana en torno a los intereses directos de la población. El potencial de nuestro patrimonio en este contexto debe estar relacionado con el conocimiento que los ciudadanos tengan del lugar donde habitan, del valor de su patrimonio común y la capacidad de organización, planificación e innovación que éstos establezcan en la gestión de éste. Un ciudadano activo sabe de dónde proviene y hacia donde va, por lo cual, se identificará con el lugar donde habita y su desarrollo. Para esto, tanto la educación formal como la informal deben jugar un rol fundamental en pos de este objetivo.

También la difusión es un elemento esencial, por ello es imprescindible que los conocimientos no sean solamente saberes de un grupo reducido de personas. Se busca que los especialistas del tema presenten información en forma global “para todos” y no tan sólo “para algunos”. La utilización de medios de comunicación local es una excelente herramienta.

Considerando los lineamientos antes expuestos, es de real trascendencia exponer el potencial que cada localidad posee. Para ello hay que acabar con los supuestos de que existen localidades que no tienen un atractivo turístico, como ocurre con la ciudad Rancagua, la cual es seriamente criticada por sus propios pobladores en este sentido, debido principalmente al desconocimiento de su historia y sus más relevantes actores. Una de las bases del patrimonio cultural de esta ciudad, son los sobresalientes hechos acaecidos en la lucha por nuestra independencia nacional, específicamente el Desastre de Rancagua, así como su contribución a la economía nacional a través de su actividad minera.

Curiosamente existen una cantidad de hechos y puntos de atracción que surgen de estos hitos históricos que se han mantenido hasta nuestros días, y que son ignorados por los rancagüinos, principalmente por niños y jóvenes. Un ejemplo de lo anterior son los nombres con los cuales bautizamos nuestras calles: existe un desconocimiento de quien fue Cuevas, O´Carrol, Astorga, Almarza, Campos, etc. Siendo muy reducido la cantidad de habitantes que conocen el papel que jugaron estos en la defensa de nuestra ciudad durante el proceso de independencia. Asimismo, existe cierta indiferencia por parte de la población por construcciones que datan de aquel período y que, de una u otra manera, fueron piezas claves en el acontecimiento y que, además, poseen un valor arquitectónico y espacial en Rancagua. Ejemplo de ello será la catedral de Rancagua, la iglesia de La Merced y la actual Casa de la Cultura de la ciudad.

La idea por tanto es introducir estos elementos en los aprendizajes de los jóvenes rancagüinos. Para ello sería necesario un planificado proceso de educación patrimonial que abarcara tanto la teoría como la práctica. Una posibilidad concreta podría ser la realización de una publicación ilustrada de los acontecimientos más relevantes de la ciudad y su importancia a la luz de nuestra historia nacional, todo ello apoyado con visitas guiadas por parte de profesores, los que, a su vez, deberían ser capacitados para tal situación, comprendiendo que éstos juegan un rol fundamental en nuestra educación patrimonial pues se transformarán en los encargados de dirigir desde las aulas las iniciativas que transmitirán y revivirán la historia local rancagüina.

Con todo lo señalado se podría conformar un polo turístico al que se podrían sumar la vida y obra de Oscar Castro, la historia popular de Nicolás Rubio y todo el patrimonio del mineral El Teniente en la vida y crecimiento de la ciudad.

Para destacar aún más un circuito turístico, sería importante resaltar las localidades cercanas a Rancagua, como por ejemplo: Codegua, lugar donde se destaca la artesanía en tejidos, especialmente en mantas de huaso, o destacar el poblado de Pelequén, conocido por el fervor religioso que se manifiesta en esa localidad, en la festividad de Santa Rosa de Lima.

Como se puede apreciar, Rancagua y sus localidades más cercanas tienen un potencial turístico patrimonial a desarrollar, lo que tendrá como consecuencia generar y trabajar polos de desarrollo dentro de la misma comunidad. La idea entonces es poner en práctica toda la teoría que surge tanto de la gestión patrimonial como de la idea de desarrollo local, todo planificado en conjunto entre la comunidad, las autoridades y los llamados técnicos o expertos del patrimonio. El eje central de todos modos debe ser la idea de reutilizar todo el acervo cultural rancagüino y de toda la Región de O’Higgins en pos del desarrollo económico y social de la comunidad.

Una Doncella que Bajó de la Cordillera


Equivocadamente, muchas veces se ha creído que la riqueza de una región o de un lugar son sus edificios o sus paisajes, inclusive su fauna.
Sin embargo, y pese al valor objetivo de aquello, el mayor tesoro de un pueblo o de un país, son sus habitantes.
En esta hermosa entrevista realizada a inicios del verano del año 2008, daremos a conocer los testimonios de una mujer que, en mi parecer, bien representa la grandeza de la mujer de nuestra región
y, más aún, la de todo el pueblo chileno.


Por
Pablo Favio Vásquez
Profesor de Historia y Geografía
Investigador CIDER[1]

Al ingresar a su casa, el visitante puede encontrar que ésta está “soplada” de limpia. Y ello es porque nuestra anfitriona “la dueña de la casa” es, pese a una contextura menuda y de estatura promedio, extraordinariamente inquieta… simplemente es imposible mantenerla sentada en un piso o en los cómodos sillones del living. Mis preguntas la siguen a la cocina, al patio trasero, al patio de entrada y, después, otra vez al comedor.

Mientras tanto, su voz de tonalidad cantarina y melodiosa -que da la sensación de estar oyendo a una niña de 11 años-, va narrando sus recuerdos: anécdotas, vivencias, emociones... Tiene medio siglo de vida, y muchas cosas que contar. Quizás demasiadas, para una sola persona, y por ello, es mejor callar y poner atención a sus palabras, memorias y relatos:

Mi nombre es María Elena Pavez Guzmán.
Nací en Coínco, el día 28 de mayo de 1957…

¿En que trabajaban sus padres?

En el campo. Mi papá trabajaba en las viñas de Olivar Bajo. Mi mamá era dueña de casa. En esa época nosotros, los hijos, estábamos todos chiquitos.

¿Cuántos hermanos eran ustedes?

Somos 9 hermanos. Unos viven aún en Olivar Bajo, otros en Coya, algunos en Santiago. Yo soy la cuarta del matrimonio.

¿Cómo era la vida en el campo?

Bien, mientras yo viví con mis papás como todo niño. En ese tiempo las mamás sufrían por todos los hijos que tenían. No había tratamientos.

¿Cómo era la calidad de vida?

Siempre hubo para comer y vestirnos. Mientras estuvimos con mi papá nunca nos faltó.

¿A que jugaban?

A la ronda, a la cuerda, a ser mamá, a la tiña, al arroz con leche, al luche. El luche se hacía con pulseras de maíz, las que se tiraban en unos cuadros pintados o rayados en el suelo y, hasta donde caía el collar, una tenía que saltar. Los niños jugaban mucho al trompo y a las bolitas. Se jugaba mucho también a las escondidas. ¡El volantín, muchísimo!

¿Comidas?

En el campo se comía lo mismo que ahora. Arroz, fideos, legumbres, charquicán, papas… ¡Yo era flaquita! Muy enfermiza. A mi me gustaba que mi mamá me hiciera leche con arroz y leche con harina cruda. ¡Quedaba igual de rica que la sémola! También se comía harto el “mote mei” o mote de maíz, que se comía en invierno. Teníamos siempre miel, y cuando se comían con harina tostada se les llamaba “zorritos”. Nuestros abuelos tenían hartos colmenares, así que nunca nos faltaba la miel.

Mis abuelos maternos tenían harto campo. Había ciruelos, limones, paltos… Nunca faltaba para comer. Los patrones de mi papá nos regalaban juguetes en Navidad. Ellos eran los dueños de las viñas de Olivar Bajo.

Mi papá trabajaba allí, en las viñas. Limpiaba, cortaba. Lo ponían a cargo de más gente también. Mi papá era bien cotizado, porque era trabajador y responsable.

¿Cómo llega a vivir al Alto Cachapoal?

Mis papás se separaron cuando nosotros estábamos chicos todavía. Toda la familia se dividió. Mi papá le pegaba mucho a mi mamá. Era bueno para beber y le pegaba mucho a ella. Por eso ella tuvo que irse con nosotros de la casa que arrendábamos. Cuándo mi mamá se separó de mi papá, volvimos a la casa de los abuelos. Ellos vivían en la calle que va a Coínco por fuera. Eran casas grandes, de adobe. ¡Tenía una tremenda higuera! Tenía corredores, paredes altas de color blanco por dentro y por fuera. Tenían harto patio…

Cuando se casó mi hermana Juana, la parte donde ella vivía era un fundo y pasaba todo el día sola, así que le pidió a mi mamá si yo la podía acompañar. Mi mamá dijo que sí, pues mis papás ya se habían separado.

Creo que tenía como 8 ó 10 años por esa época. Recuerdo que cuando llegué a vivir a Sierra Nevada, había unos patrones de apellido “Butrones”.

Mi hermana había llegado antes allí como empleada y ahí conoció a quien fue después su marido, Daniel. Ella tenía como 13 ó 14 años cuando se fue a trabajar para allá. Ahí la Juana me puso en el Colegio del Campamento Chacayes. En ese tiempo todavía estaban los “gringos” (de la Braden Copper Company), los dueños de El Teniente.

¿Cómo era la vida allá en la Cordillera?

Yo no conocía la nieve. Para mi eso fue difícil. En Sierra Nevada, nevaba metros y más metros. Pasaba mucho frío. Las niñas sufríamos con el tremendo frío que hacía en la Cordillera. Pasábamos todo el invierno encerradas por la nieve. La vida era dura, el campo es así. Había que trabajar para comer.

Había carne y leche, pero había que atender a los animales. Los niños tenían que trabajar igual que los adultos.

Para desayunar había que ir a buscar las vacas y llevarlas a la casa. Después había que cambiarse de ropa para ir al colegio. Yo tenía que caminar como cinco kilómetros para llegar al colegio. Cuando venía mucha agua en las quebradas me tenía que devolver y pasaba saltando por las piedras más grandes. Tenía unos compañeros con los que a veces nos veníamos juntos: el René, el Gabriel y el Carlos Díaz, que eran compañeros de Colegio, pero no de curso.

En esa época no se usaba uniforme allá arriba. Yo tenía un delantal, una chomba, calcetas y zapatitos. Nunca tuve ni abrigo, ni gorro, ni botas. Cuando llovía llegaba como estropajo a la casa y al colegio. Hacía tanto frío que se me partía la piel y me salía sangre de las manos y de las rodillas. La Sra. Hilda Paulsen a veces me invitaba a almorzar. Cuando llovía ella me hacía una capucha con bolsas de plástico.

En la casa de mi hermana en el fundo, había un fogón en el suelo. Ahí tenía que sentarme para secarme.

Para comer allá arriba nunca me faltó nada. Daniel, mi cuñado, criaba muchos animales: vacunos, ovejas, caballos… Tenía siempre leche, huevos, queso, charqui, pollos, patos. Allá había de todo. Criaba cerdos, para después matarlos y vender prietas, longanizas, arrollado…

¿Cómo se estudiaba?

No tenía ni libros ni revistas. Nada de eso.

Solo los profesores tenían libros y ellos nos escribían en los pizarrones y nosotros en nuestros cuadernos. Yo tenía cuadernos de caligrafía, de dibujo… Había uno para geometría arriba y para escribir abajo. Nos hacían inglés, pero muy básico. Teníamos Castellano, Historia… Tenía goma y lápiz grafito. ¡El que tenía lápiz de pasta era millonario en esa época! El único libro que yo tuve fue un diccionario que me regaló mi mamá.

Las noticias se escuchaban en la radio.

Cuando se acaban las velas, para hacer las tareas, se usaba el “Chonchón”: un tarro de petróleo con una mecha. Yo hacía mis tareas, pero no tenía a quien preguntarle.

Llegué hasta quinto básico en el colegio. Después pusieron un colegio en el fundo, en Sierra Nevada. Los patrones lo pusieron. Yo fui un año a clases allí. Después, el colegio igual se terminó, porque quedaba muy lejos, solo en un tremendo potrero, pasaba solo, abandonado. El profesor se vino después al Colegio de Coya. Ese Colegio de Sierra Nevada era una sala grande de madera, cada fila era un curso. Los profesores le enseñaban a todos los cursos al mismo tiempo, pero distintas materias.

Cuando se llevaron el colegio ya no pude seguir estudiando, porque simplemente no tenía adonde ir y no tenía los medios para ir a estudiar al colegio de Coya.

Y después, ¿Qué hizo?

Me fui a trabajar con una profesora que se llamaba María Eugenia, en el Campamento Pangal, pero era muy déspota, así que me fui. Volví a la casa de mi hermana Juana.

Luego me fui a Rancagua a trabajar como empleada a la casa de Gabriel Emparanza. Yo era niñera, cuidaba una niñita. ¡Yo era jovencita! No tenía experiencia en ninguna cosa. Trabajaba en la calle Estados Unidos, cerca del Estadio El Teniente. Un día me enfermé: me resfrié, y caí en cama. Mi hermana Juana me fue a buscar y me llevó otra vez a su casa en Sierra Nevada.

Después supe de un trabajo en Coya. Ahí me vine a trabajar con unos profesores a Coya: con el matrimonio de la Sra. Aurora Stevensson y don Germán Gallegos.

Ellos hacían clases en el Colegio de Coya.

Ahí yo hacía el trabajo de una dueña de casa y veía a los niños. No podía estudiar por las condiciones. El dinero era muy poco y apenas me alcanzaba para vestirme. Se pagaba mal. Creo que por entonces tenía como 17 años ya. Por esos años falleció mi papá, atropellado en Rengo.

Mis patrones eran buenas personas. Vivía como en mi casa. Me retiré poco antes de casarme con Juan Pablo, a quien conocía desde niño, por los años en el Colegio de Chacayes.

¿Cómo era Coya en esa época?

Igual que ahora, no ha cambiado nada. Sigue igual. La gente mayor se ha ido muriendo, pero siguen las mismas familias.

Mucha gente ha tenido que emigrar por la falta de fuentes de trabajo. ¡Incluso para estudiar hay que ir a Rancagua!

¿Religión?

Soy bautizada en Coinco. Hice Kinder en el Colegio de Copequén. Me demoraba como una hora en llegar hasta el colegio. Allí íbamos juntas mi hermana Norma y yo.

La 1ª Comunión la hice en Chacayes. En ese tiempo se hacían las Misiones.

Mi madrina y catequista fue la Sra. Norfa Emilia Vásquez, la que también fue después mi madrina de Confirmación. Me Confirmé cuando ya estaba trabajando en Coya.

Las Confirmaciones en Chacayes eran muy lindas…

Se reunía todo Chacayes en las Misiones. Se confirmaba gente de todas las edades.

Las confirmaciones se hacían en las Casas Patronales de Chacayes, en el Parque. Se hacía una tremenda comida (se servía cazuela) para toda la gente. En la misma comunidad se buscaban los padrinos, así que al final todos los chacayinos terminábamos siendo parientes.

¿Cómo empezó su familia?

A Juan Pablo lo conocía del colegio en Chacayes, desde niño.

Después, cuando hice mi 1ª Comunión tenía que ir a catecismo a su casa, pues la catequista era su hermana mayor, Norfa Emilia. Después, en las Confirmaciones de Chacayes lo volví a ver.

Por ese tiempo yo salí elegida como Reina del Rodeo de Sierra Nevada, y ahí, ¡lo volví a ver!

Después de eso, la Norfa Emilia me invitó a un Rodeo a Chacayes. Y ahí, yo me quedé en su casa. Después del rodeo, ¡en el baile el me pidió pololeo! Eso fue entre Noviembre y Diciembre de 1974. Pololeamos como dos años. Nos casamos en Coya el día 24 de Diciembre de 1976.

El era campesino. Se retiró del Asentamiento de Chacayes y nos fuimos a vivir a Coya, donde Juan Pablo había comprado una casa con sus ahorros. Yo nunca viví en Chacayes.

Juan Pablo comenzó a trabajar como obrero de los contratistas de El Teniente. Cuando él se quedaba sin trabajo, era yo quien tenía que salir a trabajar. Tuve mis dos primeros hijos mientras trabajaba con la Sra. Elisa, esposa de don Arturo Acuña, quienes vivían en la Población Central.

Los años que viví en Coya fueron los mejores. Vivíamos todos en una gran casa. En una parte mis suegros y cuñada. En la otra, yo y mi familia. Fue bueno dejar de trabajar después. Pasé a tener una casa una verdadera familia.

Se echa de menos a la familia en Coya.

¿Por qué emigraron?

Por el trabajo de Juan Pablo. Él allá no tenía un trabajo estable. Encontró trabajo de chofer en Rancagua, en una empresa de transportes. Y así, nos tuvimos que venir de Coya, un día 12 de marzo de 1996.

Al Juan Pablo nunca le ha faltado trabajo desde entonces acá. Crecimos como familia, pues tuvimos que salir solos adelante. Los niños pudieron estudiar en buenos colegios.

La casa de Coya la vendimos. Después en el año 2003, logramos comprar otra casa gracias al Subsidio Unificado del Serviu.

¿Un deseo para cumplir?

Me gustaría volver a Chacayes, a recorrer esas partes tan lindas. Allá hay gente maravillosa, muchos parientes de mi esposo.

Yo creo que hacer esas centrales hidroeléctricas sería un tremendo bien para la zona, la región y el país, sobretodo para la gente que necesita trabajo, para salir adelante.

Ojalá que después de las centrales se haga el Paso Las Leñas.

En Coya queda mucha gente pobre que no tiene trabajo estable y que necesita muchas cosas: mejor salud, trabajo, educación, alcantarillado. Sobre todo trabajo.

Ojalá resulten las centrales y el Paso. Todo sería mejor para la gente de la región…
____________

[1] La presente entrevista forma parte de las fuentes de investigación de un trabajo histórico titulado “Entre Campesinos y Mineros: Historia del Alto Cachapoal 1400 – 2008” de Pablo Favio Vásquez.

Los Obstáculos Actuales que Enfrenta el Desarrollo Cultural en la Región de O’higgins


Reflexiones sobre el papel de los medios de comunicación y
el modelo educacional nacional en la pérdida de las tradiciones culturales
y la falta de innovación en la región.

Pablo Favio Vásquez
Profesor de Historia y Geografía
Gestor Cultural

Después de haber deambulado durante un período de 8 meses (julio de 2008 - febrero de 2009) entre Mostazal y Chimbarongo, he logrado conocer un poco más la riqueza y la diversidad cultural que se ha gestado en los últimos cinco siglos (sí, la zona existe desde antes de la llegada de los conquistadores) en esta zona.

Aquí, más que la ciudad, el campo sigue siendo el “motor cultural” de la región, pues ha sido éste el que más tradiciones ha generado y, al mismo tiempo, legado un verdadero “estilo de vida” a las generaciones de hombres, mujeres y niños que han buscado su cobijo a lo largo de los años. De esta forma, ha sido “la tierra”, la verdadera creadora de la idiosincrasia de los habitantes de la región, cuyas características, combinadas con otras actividades sociales, permiten establecer determinadas “áreas culturales” dentro de la misma:

-La zona norte o campesino-minera.
-La zona sur predominantemente campesina.
-La zona oeste campesino-costera.

Estas tres zonas culturales poseen, innegablemente, una alta cantidad de actividades culturales que se desarrollan a lo largo de todo el año, siendo, la más generalizada en la región LA FIESTA.

¿CULTURA FIESTERA O FIESTA CULTURAL?

Pese al enorme conjunto de tradiciones y, establecimientos patrimoniales desperdigados por toda la zona, llama la atención el hecho de que la mayoría de las actividades culturales que se realizan en la región -sobre todo durante el periodo primavera-verano- tengan como similitud el carácter de “show artístico” o “celebración”. Normalmente estas actividades se estructuran dentro de un cuadro llamado “Semana…” a la que se agrega la denominación de la comunidad donde se realiza el evento. Así, desde diciembre a marzo, podemos encontrar “La Semana Olivarina”, “La Semana Pichilemina”, etc.

Obviamente, estas actividades se realizan como una forma de celebrar un nuevo periodo de existencia de las comunidades que las generan, un nuevo “aniversario” o “cumpleaños”. Ahora bien, estos eventos casi siempre están conformados por presentaciones de “elencos o grupos musicales”, la “Coronación de la Reina” y, si es que lo hay, las “competencias deportivas”, que normalmente son el fútbol, “domaduras de potros y yeguas en las medialunas”, entre otras acciones comunitarias. El éxito de estas celebraciones casi siempre depende de las “atracciones” para capturar público local y externo y, éste, de los normalmente muy exiguos “fondos en dinero” conseguidos y destinados para solventar el evento (En muchos casos estas mismas actividades tienen como objetivo paralelo la obtención de recursos para las organizaciones que las organizan. Poco a poco, esto ha ido siendo reemplazado por eventos gratuitos generalmente financiados por los municipios respectivos).

Visto de esta manera, estas celebraciones comunitarias a todas luces no pasan de ser un conglomerado de “actos artísticos”, destinados al relajo y regocijo comunitarios. Es la “fiesta de la localidad”.

Sin embargo, fuera de estas manifestaciones artísticas, cabe preguntarnos ¿Qué actividades culturales, más allá de los juegos y el canto, se han logrado perpetuar en la conciencia colectiva de las comunidades de nuestra región, generando un traspaso de generación en generación hasta el día de hoy?

DE ACTIVIDAD SOCIAL A SÍMBOLO CULTURAL

Entre las actividades culturales del ser humano -en las cuales podemos considerar prácticamente todas, porque simplemente todas son una manifestación de su espíritu creativo-, hemos de dejar bien en claro que la “fiesta” es sólo una de sus formas de expresión. En este contexto, el acto de “celebración” es un hecho social que implica la participación de toda la población de un lugar -o la gran mayoría- en el cual normalmente se comparte bebida y comida, en conjunto con bailes al son de músicas conocidas y preferidas por los asistentes. En este caso, el “acto de celebración” se transforma en un elemento unificador de las individualidades que dan vida a la comunidad.

La “Fiesta” es un “Símbolo” que otorga identidad y adhesión “para” y “de” la comunidad: es la “marca registrada” de cada localidad.

Sin embargo, cuando una actividad cultural como es “la fiesta” se encumbra demasiado por encima del resto de las expresiones sociales de una comunidad humana, estas últimas terminan por desaparecer: sufren una pérdida de atractivo social y caen en el olvido. Y es, justamente, el olvido el “enterrador de las tradiciones y expresiones culturales” más formidable que la misma especie humana ha creado.

Ahora bien, hasta mediados del siglo XX, las localidades rurales que se extienden por toda la región de O’Higgins, habían permanecido en un semiaislamiento -reforzado por la ancestral presencia de los autosuficientes “fundos” y “haciendas”- lo que había creado las condiciones perfectas para el nacimiento de “tradiciones” y “símbolos sociales” que pasaron de generación en generación, conformando al mismo tiempo, pequeños talleres artesanales que daban trabajo a un alto número de personas en la región. Así teníamos: chamanteras, orfebres, talabarteros, ceramistas, artesanos del mimbre, etc.

Pero, a partir de la década de 1960, esta relativa autonomía local comenzó a quebrarse. En primer lugar, la creación de un sistema educacional nacional (durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva), basado en aspiraciones industriales progresistas, rompió la cadena de transmisión de las tradiciones locales, ya que dejó un muy reducido conjunto de espacios (horas de clases) para que los niños y jóvenes pudieran desarrollar alguna de sus habilidades artísticas -cualquiera que ésta fuera- (para que hablar de la gestión en los colegios de un aprecio por las tradiciones y cultura locales), situación que se agravó debido al eterno problema de la sobrepoblación de alumnos en las aulas de nuestro país. Esto trajo como resultado el quiebre del proceso de traspaso de tradiciones de generación en generación.

Un segundo factor transformador fue la nueva política nacional de construcción de caminos y modernización del transporte público -de la mano de la llegada de capitales privados nacionales y extranjeros-, lo cual permitió mejorar las vías de comunicación y los medios de transportes locales e intercomunales, acortando las distancias y disminuyendo los tiempos de traslado. Esto trajo consigo una pérdida apreciable del nivel de autonomía que poseían las comunidades rurales con respecto a los centros urbanos más grandes de la región, generándose de está manera un ingreso de costumbres urbanas en las zonas rurales, situación que también provocó un quiebre en la continuidad de las tradiciones rurales (al estar estas debilitadas por las reformas educativas previamente descritas, entre otros factores).

Como tercer elemento, puede considerarse la nueva Reforma Educacional implementada a fines de la década de 1990, bajo la presidencia de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Ésta tenía por objeto mejorar la calidad de la educación de los alumnos y la preparación de los docentes bajo parámetros internacionales, siendo uno de los pilares de este cambio la introducción de la “Jornada Escolar Completa”, destinada a la realización de una mayor cantidad de horas de clases por parte de los establecimientos educativos nacionales. Sin embargo, esta reforma en ningún momento consideró la creación de nuevos espacios para el desarrollo de las habilidades y capacidades de los estudiantes -riqueza indiscutida de una nación-. Incluso, hoy en día las instituciones municipales encargadas de administrar los establecimientos educativos argumentan que: “no hay recursos monetarios para crear talleres culturales en los colegios, no hay dinero para pagarles a los profesores interesados”.

En cuarto lugar, la modernización del país de cara al proceso de “globalización” trajo consigo la llegada de una “red de comunicación virtual” materializada en el “Internet”. De esta forma, el inmenso-intenso mundo de información que llegó a la sociedad chilena y a la Región de O’Higgins, introdujo elementos culturales externos en forma masiva, situación que, al haberse roto el proceso de traspaso de generación en generación, creó una fuerte brecha en la idiosincrasia e identidad de los habitantes de las dos generaciones más jóvenes de nuestra población regional (jóvenes y adultos, para empezar).

La situación resultante de la combinación de estos cuatro ingredientes es una pérdida importante de personas con las capacidades y habilidades necesarias para continuar con el traspaso de las tradiciones y la preservación del patrimonio de nuestra región a la generación siguiente, preparando así el camino para la desaparición de muchas de ellas y, por ende, a una pérdida importantísima de una parte de la identidad y patrimonio -tangible e intangible- de la región.

EL PROBLEMA DE LA COMUNICACIÓN

Hoy en día enfrentamos la transformación de nuestro planeta en una comunidad multicultural de la cual Chile es un elemento más, con características culturales que le permiten distinguirse fácilmente del resto de las comunidades humanas esparcidas por la superficie terrestre.

Ahora bien, durante el siglo XX, nuestro país ha sufrido varias transformaciones o variaciones a su modelo económico básico -el modelo exportador-, el cual generó varios cambios sociales de crucial importancia para la identidad y la idiosincrasia de esta región. No obstante, inmerso en un sistema económico industrial, basado en grandes masas de obreros laborando en fábricas y yacimientos -o ingentes masas de campesinos en los predios agrícolas-, el traspaso de tradiciones de generación en generación se mantuvo y, hasta se amplió.

Sin embargo, hacia mediados de la década de 1970, el sistema económico fue transformado, pasando de una sociedad industrial (sustitución de importaciones o economía hacia adentro) a una neocapitalista. Los mayores cambios se ejecutaron tras la crisis de 1982, cuando el sistema bancario chileno quebró y el modelo sufrió una fuerte contracción. Sin embargo, la premisa básica del neocapitalismo se mantuvo: la “creación” de una serie sin fin de “necesidades” hacia la persona considerada ésta individualmente.

Esta condición, por sí sola bastaría para destruir cualquier sistema social, sin embargo, por muy diferentes genética y socialmente que sean los seres humanos, todos comparten ciertos tipos de preferencias: el gusto por algo.

En este sistema social, basado en la generación constante de información -y en alta velocidad-, la mayor problemática es la búsqueda del contacto con otros interesados en una misma cosa. Antiguamente, este problema era resuelto fácilmente: las comunidades humanas eran pequeñas y la información podía ser transmitida rápidamente. Sin embargo, hoy un grupo humano unido por algún fin no necesariamente está ubicado geográficamente en un espacio reducido: pueden existir a escala regional, nacional, hemisférico o, inclusive, global.

De esta manera, tenemos que el mayor problema que enfrenta hoy el desarrollo cultural es la forma de comunicar su legado y, al mismo tiempo, la peor traba de quienes cultivan las tradiciones de nuestra región es el poder comunicarse con las personas que están interesadas en rescatar, aprender y perpetuar ese patrimonio cultural.

LOS 3 OBSTÁCULOS PARA EL DESARROLLO CULTURAL EN LA REGIÓN DE O’HIGGINS

La Región de O’Higgins posee una característica geográfica física muy particular: posee un macizo montañoso central, situación única en la geografía de nuestro país. Éste núcleo cordillerano, ubicado en pleno valle central, se emplaza entre las cuencas de los ríos Cachapoal y Tinguiririca, separando en dos el territorio de la región y, obligando a las poblaciones humanas a ubicarse alrededor de este conjunto montañoso –dando forma a un verdadero anillo de localidades-.

Así, se puede observar que la región carece de un núcleo geográfico realmente céntrico, lo que a su vez ha conllevado a que la mayor parte de la población se concentre en centros urbanos situados en el eje norte-sur que atraviesa la zona Este de la región: Rancagua, Machalí, Rengo, San Fernando, privando a las localidades situadas hacia el Oeste –en dirección al Océano Pacífico- de una mejor conexión con el resto de la región (y a la vez, del país y el mundo).

En este contexto, los medios de comunicación son extraordinariamente importantes para el desarrollo cultural de la región, por cuanto son los vehículos más indicados para superar las barreras geográficas que se presentan. Entre estos medios de información tenemos: telefonía, radios, televisión, periódicos e Internet.

Si bien la telefonía permite un alto nivel de comunica-ción, los medios de información masivos por excelencia -radios, televisión, periódicos e Internet- son los verdaderos instrumentos de comunicación llamados a servir en forma exitosa a los propósitos de supervivencia, rescate, traspaso y expansión de la cultura regional.

Y es aquí donde se genera el primero de los obstáculos para el desarrollo de la cultura regional: la falta de espacios para informar las actividades culturales en forma masiva.

La mayor parte de los medios de comunicación utilizados por la población regional son los periódicos y las radios -tanto locales como regionales-, pues el acceso a Internet aún es difícil para las comunidades de la región y la televisión una tecnología demasiado cara para una zona muy reducida. De esta manera, periódicos y radios se alzan como importantes comunicadores regionales. Sin embargo, el espacio destinado a la publicitación y el apoyo a las actividades culturales es muy bajo, quedando éste siempre reducido a una mera y casi siempre minúscula reseña de alguna actividad artística -generalmente un show musical-. Por otra parte, la mayoría de las radios son reacias a publicitar actividades culturales en forma gratuita, por cuanto buena parte de ellas prefiere reservar todos los espacios de sus programas para sus propios auspiciadores, a menos, claro, que los gestores culturales interesados paguen el servicio de publicidad radial -que normalmente es alto-, y aquí debemos preguntar a toda la comunidad regional y a las radios: ¿Es realmente ético cobrar una tarifa para anunciar una actividad cultural por radios, siendo que éstas son destinadas a esas mismas personas que escuchan sus programas? Lamentablemente, este tipo de prácticas está muy extendido por la región de O’Higgins y, si bien es un derecho de los propietarios del medio de comunicación imponer sus normas, estas acciones atentan directamente contra la razón de existir misma de un medio de comunicación social como lo es la radio: informar sobre las realidades cotidianas de la población que la escucha y sigue, pues quienes realmente dan vida a las radios son sus oyentes. Sin público que esté dispuesto a escuchar una radio, ésta simplemente desaparece. Dadas estas circunstancias, los medios de comunicación se convierten en generadores de un “status quo” negativo para el crecimiento regional, puesto que repite estructuras obsoletas, mos-trándose incapaces de adaptarse a las modernas tendencias de búsqueda, análisis y entrega de información y, al mismo tiempo, buscando nuevo público a través de la creación de programas innovadores y atractivos.

Las radios de la región de Valparaíso, más precisamente, de la ciudad que hoy es “Patrimonio de la Humanidad y Capital Cultural de nuestro país, se pelean por la búsqueda y entrega de noticias culturales, existiendo una amplísima variedad de programas o secciones radiales dedicados a este ámbito. Eso es lo correcto en una verdadera comunidad consciente de su valor cultural.

Las radios de la región de O’Higgins tienen que cambiar, dotando de mayor participación a quienes realmente les deben su existencia: las personas y su necesidad de comunicar.

El segundo obstáculo para el desarrollo cultural, es el modelo educacional presente en nuestro país.

Éste, que a nivel secundario o medio está conformado por dos subsistemas: el técnico-profesional y el científico-humanista, es propio de los países con economías industrializadas anteriores a la crisis de la década de 1980 y tenía por objeto formar grandes batallones de funcionarios y obreros capacitados para atender las necesidades de una economía que entonces se desarrollaba en torno a enormes complejos industriales y mercantiles. Sin embargo, este modelo educacional sólo desarrolla unas pocas habilidades de los estudiantes, dejando truncadas sus capacidades de innovación, condenando a los educando a desenvolverse en un sólo ámbito laboral.

Hacia fines de la década de 1980, la desaparición de la Unión Soviética puso en jaque la economía de los países escandinavos, principalmente Finlandia, nación que dependía fuertemente de la economía soviética. Para inicios de la década de 1990, la crisis económica finlandesa era muy grave, lo que llevó a planificar un cambio radical en la economía nacional. Sin embargo, esta transformación no se llevó a cabo en la economía misma, sino que partió desde el sistema educacional. Los programas educacionales de enseñanza fueron rediseñados completamente, otorgándoles mayor dinamismo y abriendo mayores espacios para el desarrollo de las capacidades individuales y de trabajo en equipo de los estudiantes fineses. Por otra parte, las carreras docentes fueron dotadas de mayor exigencia, beneficiándose también esta exigencia nacional con un fuerte crecimiento de la valoración social hacia los profesores, siendo la carrera de pedagogía la más importante y apetecida económicamente en el país. Hoy en día, Finlandia tiene el modelo y el sistema educacional más competitivo y completo del mundo, incluso muy por encima de los demás modelos europeos, norteamericano y el japonés. Nokia es una marca finlandesa… no japonesa.

Basándonos en el caso de la transformación educacional de Finlandia, el modelo educacional chileno y -regional- debe ser reemplazado por otro en el cual se otorgue mayor énfasis al desarrollo de las capacidades individuales de los estudiantes y sus aplicaciones en comunidad, ya que, según la misma “teoría de las inteligencias múltiples”, ninguna persona tiene exactamente desarrolladas las mismas capacidades que otra -o al menos no en el mismo nivel-. El modelo educacional chileno debe dejar de ser un “comunicador de información” para transformarse en un “impulsor de capacidades individuales en beneficio del colectivo o sociedad”. Este nuevo modelo dará a los jóvenes estudiantes de hoy las herramientas necesarias para que ellos mismos sean los gestores de su propio desarrollo, permitiéndoles de ésta forma, llevar a cabo diversas iniciativas económicas, expandiendo así, en mayor medida, el abanico económico chileno concentrado en la exportación de materias primas y alimentos no primordiales (por ejemplo las frutas), que condenan a millones de chilenos a la cesantía cada 10 años debido a los ciclos de recesión económica que caracterizan a la economía neo-capitalista o de libre mercado.

Por último, tenemos el tercer obstáculo para el desarrollo cultural de la región: la valoración de la cultura y la gestión cultural.

Dadas las condiciones de desertización (erosión de los suelos debido a su uso), la constante baja en la cantidad de agua presente en la región para el riego (retroceso de los glaciares andinos e inviernos más secos), la cada vez mayor tecnologización de la agricultura (con la consiguiente disminución de la necesidad de trabajadores agrícolas) y la imposible extensión de la minería del cobre por 400 años más, no pueden ampararse en los pilares sobre los cuales descansa su economía hoy en día. Sin embargo, el gran salto cuantitativo y cualitativo que sí puede cambiar el curso de la historia futura de nuestra región es la industria del turismo cultural.

El turismo cultural se sustenta en la prestación de servicios personales, los cuales descansan en el inagotable manantial constituido por el patrimonio tangible (edificios históricos, lugares de interés, etc.) y el intangible (vivencias, tradiciones, etc.), riqueza que se encuentra presente en forma extremadamente abundante en nuestra Región de O’Higgins (en muchos casos, sin ser visto ni por autoridades, y en muchos casos ni por los mismos habitantes).

Por eso, para generar servicios de calidad, que apunten a la construcción de una industria sustentable en el tiempo, a prueba de crisis económicas, las instituciones comunales -municipalidades de la Región de O’Higgins- deben entender que uno de los fundamentales caminos para alcanzar el desarrollo de sus comunas, es el turismo y/o desarrollo cultural. Según esto, han de velar por contar con profesionales capacitados en el área de la gestión cultural, para que éstos sean los encargados de crear instancias de desarrollo independientes del clima y los mercados internacionales, dotando a la comuna de medios de desarrollo independientes, convirtiendo a la población local en su propio motor económico.

A modo de síntesis, la solución a los problemas de desarrollo de la Región de O`Higgins pueden finalizar si los tres obstáculos anteriormente descritos son solucionados a través de la implementación de un programa de trabajo que contenga, al menos, las tres soluciones básicas mencionadas en este artículo. Sin embargo, para ello es necesaria la colaboración de toda la sociedad de nuestra región…

Es hora de hacer lo correcto… y quien desee comenzar este arduo y apasionante trabajo, ¡cuenta con todo nuestro apoyo!

Antecedentes del Sistema de Seguridad Social Portuario


Una Previsión Social de los trabajadores portuarios es un anhelo que se arrastra hace mucho tiempo entre los trabajadores del sector, anhelo que quedó plasmado en la agenda de trabajo que se presentó al gobierno en el año 2005 por la Coordinadora de Trabajadores Portuarios. El modelo, no obstante, podría ser replicado por realidades similares en los términos laborales, como los empleados de la gran minería, o los mismos trabajadores temporeros.
…¡Y se ajusta a la legislación vigente!

Por Coordinadora de Trabajadores Marítimo Portuarios de Chile.

Una alternativa para explorar, en un año con importantes pérdidas en las cotizaciones de los chilenos, y donde la falta de información oportuna y transparente a los usuarios a campeado.

La razón de la existencia de un Sistema de Seguridad Social propio de los trabajadores portuarios es por la naturaleza de su oficio, expuesto a rigurosas condiciones físicas y climáticas, lo que, unido a la eventualidad laboral de buena parte de ellos, genera una situación peligrosa e insegura para sobrellevar una vejez digna, por la menor vida útil que poseen y mas encima a ingresos inconstantes.

El planteamiento inicial fue el poseer una ley propia que regule el sistema de seguridad social portuaria, pudiendo permitir la generación o el retorno a las antiguas Cajas de Previsión, entre otras ideas, anexándose ello a la Reforma Previsional que era empujada por el gobierno. Para eso se propuso iniciar un estudio, con el fin de determinar posibilidades de sistemas previsionales propios, para lo cual el gobierno se comprometía a entregar los datos necesarios para su éxito. Años más tarde el trabajo estaba a medias pues, por un lado, el ímpetu de lograr el nuevo sistema previsional portuario se había diluido entre los cotidianos problemas que vivían los sindicatos y, por otro, el gobierno no había actuado con la celeridad necesaria en el aporte de la información solicitada.

En un nuevo esfuerzo iniciado a mediados del 2006 y con mayor fuerza después del Encuentro Nacional de la Coordinadora en Marzo del 2007 en Lirquén y San Vicente – Talcahuano, se arremete nuevamente en solicitar la información al gobierno, lo cual fue infructuoso dado la incapacidad técnica de poder entregarla, sea por falta de bases de datos o imposibilidades legales. Solo fue posible obtener la información de Directemar sobre la cantidad de trabajadores con tarjeta portuaria vigente y las nombradas mensuales, como una forma de obtener una aproximación de los turnos realizados por cada trabajador y determinar y proyectar imposiciones actuales y futuras.

Hasta ese entonces, con la información obtenida, sólo se podía inferir o establecer supuestos que podían ser poco exactos, aunque suficientes para deducir la factibilidad técnica de algunas propuestas. Eso sí, después de concluido el proceso de reforma previsional el año 2007, se estrecharon las posibilidades de obtener un sistema propio, legislativamente establecido, pero se mantuvo la posibilidad de crear uno ad-hoc a la normativa vigente y a la nueva, sin tener que enfrascarse en largas y engorrosas negociaciones parlamentarias.

Para realizar una planificación acabada, y dada la imposibilidad del gobierno de entregar la información solicitada, se tuvo que construir la propia. Es así como se obtuvo apoyo de la empresa Estudio Ingeniería en Software Ltda. La cual ha construido y mantiene sistemas informáticos en instituciones fiscales, por lo que tenía experiencia en la construcción de bases de datos relacionales para obtener la información con la calidad precisada. Posteriormente a la construcción del software, la base de datos fue poblada con los datos de cada sindicato (en primera instancia de la VIII Región) y se empezaron a obtener los datos exactos para la configuración definitiva de un sistema previsional portuario.

SISTEMA DE SEGURIDAD SOCIAL PORTUARIO.

El sistema de seguridad social portuario se ha diseñado buscando 2 puntos principalmente:

· Que el trabajador al jubilar obtenga una pensión no menor al 75% de su ingreso promedio al momento de retirarse.

· Que el trabajador pueda jubilar a una edad anticipada a los 65 años legales, en lo posible hasta 10 años antes.


Ello para sopesar el desgaste físico excesivo del trabajador portuario y poseer una jubilación digna, como mínimo lo propuesto por la OIT (75% del ingreso promedio del trabajador) que con el actual sistema es, en la práctica, imposible de obtener.

Por otro lado, se busca que sea políticamente viable, o sea que su construcción y ejecución no tenga trabas del tipo jurídico ni de estructura legal. Fue así que se diseñó, ocupando como base el sistema previsional chileno vigente y sobre él se le agregó los componentes que le dan las cualidades buscadas para cumplir los 2 puntos buscados en el inicio.

Descripción:

El sistema es en sí una suma de 3 pilares, uno tradicional que es el que ampara la actual ley previsional (D.L 3500 y Ley 20.255 de la Reforma) que alberga el ahorro previsional individual o sistema de AFP, otro que alberga el sistema de ahorro colectivo con repartición (como lo fueron las antiguas cajas) y el 3º es el pilar estatal con sus subsidios materializados a través de la reforma consagrada el actual año.

El primer pilar (AFP) no tiene absolutamente ninguna diferencia con el actual, sólo lo diferencia en que la propiedad de ella es de los mismos Trabajadores y por ende, las utilidades también. Ello sirve para:

· Con las utilidades alimentar una Caja de Ahorro Previsional de características redistributivas y subsidiar el monto previsional de cada trabajador en sus pensiones mensuales al jubilar.

· Que los trabajadores posean el control de sus ahorros previsionales velando que se inviertan, de a cuerdo a la ley, en lo más beneficioso para ellos y no necesariamente para los actuales dueños de las AFPs.

El segundo pilar, corresponde a una caja de ahorro previsional de características redistributivas el cual es alimentado por las utilidades de la AFP y otros aportes ganados por los trabajadores en sus reivindicaciones. Este funcionará subsidiando lo que falta para llegar al monto final que debe poseer el trabajador para jubilar, como mínimo con el 75% de su ingreso promedio e idealmente hasta 10 años antes de lo legal (65 años).

El tercer pilar, corresponde al subsidio fiscal a aquellas pensiones menores a $200.000 que servirá para alivianar la carga de la Caja que auxiliará a las pensiones bajas de cada trabajador.

Ejemplo:

1. Pilar AFP (1º pilar): Un Trabajador con un ingreso mensual de $200.000, tendría una pensión de $93.000 en una AFP tradicional.

2. Pilar Subsidio Fiscal (3º pilar): Con el apoyo estatal podría llegar a $ 130.000 aproximado.

3. Pilar Caja Redistributiva (2º pilar): Con el aporte de la Caja Redistributiva (cuyo funcionamiento es similar a las de las antiguas Cajas de Previsión) se llegaría a $ 150.000 (75% del ingreso promedio) o, dependiendo del monto acumulado en la Caja y de la relación de dependencia (trabajadores activos que imponen / trabajadores pasivos que reciben pensiones), llegar a los $200.000 que ganaba al trabajar y hasta 10 años de gracia para jubilar anticipadamente.

Los Fondos de esta caja serán obtenidos de las Utilidades Netas de la AFP y de otras fuentes anexas. Con ello se logrará el anhelado equilibrio entre las ganancias de las Administradoras y las pensiones de los trabajadores.

El que sea una caja redistributiva equivale a decir que los dineros que aportarán a las pensiones de los pasivos o jubilados serán creados por los activos o trabajadores que están cotizando. Ello es factible siempre que el número de personas trabajando sea mayor a las de las personas pensionadas, en este caso es de una relación 6:4 o, dicho de otra forma, por cada 4 pensionados existen 6 que trabajan y aportan recursos a la Caja.

De esta forma se cumplirían los objetivos de:

· Una pensión mínima del 75% del ingreso promedio de cada trabajador.
· La posibilidad de jubilarse hasta con 10 años de anticipación.
· Rapidez en su realización, por no necesitar la generación de leyes especiales para ello.

Situación Actual:

Una vez hecho el estudio de factibilidad se pasa a la etapa de diseñar y construir la estructura definitiva del Sistema Previsional. Para ello se ha contactado con especialistas en el tema como son el equipo del Centro Nacional de Desarrollo Alternativo (CENDA), con don Manuel Riesco a la cabeza y un equipo de abogados que han estado trabajando en una propuesta de la generación de una AFP Estatal.

Se espera que este año 2009 se logre generar este sistema en forma definitiva, aunque se sabe que para ello se deberá enfrentar a uno de los más poderosos poderes fácticos del país como son las AFPs, fuente de todo el capital de inversión disponible.

El peligro que ellas pueden ver es que este sistema puede ser útil no sólo a los trabajadores portuarios, sino a todos los trabajadores en general, al redistribuir las utilidades netas de ésta entre los cotizantes y así aumentar las pensiones que el actual sistema previsional chileno otorga. En palabras simples, cualquier trabajador podrá verse tentado a entrar a este nuevo sistema dado que la actual ley lo permite (a nadie se le puede prohibir la salida de una AFP y la entrada a otra) y conseguir que las utilidades del sistema le sean entregadas como aumento de sus pensiones. Ello podría llegar a “molestar” a las actuales AFPs al quitarles clientes y por demostrar que LA ALTERNATIVA al actual modelo previsional es una donde se da una distribución más justa y solidaria de las riquezas por ésta generada.

Es por ello que se debe hacer este proyecto con las personas idóneas y con todo el apoyo moral necesario.

Este modelo no es nuevo, no es más que el modelo europeo adaptado a la realidad legal chilena.
En dicho modelo el principal pilar es el de Caja Redistributiva, apoyada por el ahorro individual y el subsidio estatal. En este modelo, debido a la ley chilena, se invirtieron los papeles, y la Caja Redistributiva pasa a subsidiar al Ahorro Personal.

domingo, 12 de abril de 2009

Manual Ediciones: Libros y Gestión a Escala Humana


Con libros editados a mano, portadas en serigrafía y cuerpo impreso en un computador casero, manual ediciones edita desde la región de O'Higgins a autores de todo el país, y se apronta a hacerlo también de otros parajes de nuestro continente. con tan solo 50 ejemplares por edición, sus textos han llegado a México y Argentina, "por caminos misteriosos, sin saber nosotros cómo", dicen sus gestores. Pero la gracia es esa, y si llegaran a editar industrialmente "la editorial se acabaría, o tendríamos que cambiarle el nombre", afirman.

Entrevista y fotos de Jorge Díaz Arroyo
Profesor de Historia y Geografía.

Rodrigo Véliz y Rafael Henríquez son los gestores detrás de Manual Ediciones. Cada uno tiene su rol bien definido. Rodrigo Véliz es el editor, Rafael es el corrector de prueba. Además Rodrigo es profesor de Lenguaje y Comunicación en Machalí y las horas libres las dedica a Manual Ediciones. “Básicamente una hora diaria -cuenta-, leyendo lo que llega, revisar, responder”; Rafael, en tanto, escribe en un diario electrónico desde hace tres años y “eso me ha permitido manejarme bien con las herramientas de la web, hacer difusión, y ayudar a que la Editorial sea un poco más conocida”. Rafael es electricista, y ambos, poetas.

Adicionalmente los distintos autores publicados colaboran y participan en la difusión de sus propios libros y la organización de sus respectivos lanzamientos.

La editorial nace de una experiencia anterior de Rodrigo durante los años 2000 a 2004, que fue “Brazo Cervantes Ediciones” (Cervantes perdió un brazo en Lepanto, de ahí el nombre del sello) “que funcionaba muy similar a Manual, esto es, con la impresión del cuerpo en computador, logrando tener hasta seis títulos en un año, con mucha difusión, muchos lanzamientos, pero radicados principalmente en Santiago”, narra Rodrigo, que por entonces vivía allí. “Resultó que pasando los libros de mano en mano, lograron hacer un circuito universitario bien entretenido, básicamente en la Chile, en la Católica y en la Usach, y desde ese momento empezaron los libros a moverse. De repente un título del que teníamos 10 números, que era lo que podíamos hacer, diez ejemplares por cada uno, y llegó un momento que teníamos distribución en España, en México, en Francia, pero todos hablábamos de esa gran distribución y en parte también era de juego, le enviábamos dos ejemplares a un amigo que teníamos allá (risas) y decíamos que ‘estaba el libro en España’”.

El proyecto finalmente termina, “porque dos de los miembros -Pablo Galaz y Matías Insulza- se van a Europa, y yo me quedo acá, por decisiones bien personales, y muere la editorial. El sueño era que ellos se iban y continuaba este brazo…, pero no continuó”.

“Entonces pasó el tiempo -prosigue el docente y poeta-, y a partir de ese conocimiento adquirido llegué a Rancagua, y surgió la idea de Manual Ediciones. ¿Qué es lo que copia Manual Ediciones de Brazo Cervantes? Que las impresiones son en computador, pero la tapa es ahora en serigrafía, los tirajes son de acuerdo a lo que nosotros podemos, son de 50 ejemplares por número, no se les cobra a los autores por publicar, que esa es otra característica…”

Pero ¿hay un corte editorial para aceptar los trabajos? ¿Qué criterios se ven ahí?

“Mira, esta es una apreciación bien propia sobre el tema regional. Acá yo me alejo de la posición de Manual. Creo que la mayoría de los libros a nivel regional: escriben mucho, muchos poemas, son puestos a un libro, pero la mayoría de los poemas son ripio”.

Rafael: “Yo quería referirme a eso, resulta que yo gracias a pertenecer a la editorial he ido mejorando también mi forma de ver, de enfocarme respecto a la literatura, porque una cosa es decir ‘ya, yo soy poeta’, pero cualquiera puede decir, ‘ya, yo soy poeta’; otra cosa es serlo. Yo de hecho tuve una conversación con Rodrigo en ese sentido. El título no te lo dan en una universidad, no te lo dan en un instituto, en un taller literario; te lo da una forma de vida y una formación completa, o sea es un trabajo de… de días y días; meses, y meses; años y años… no una cosa que uno pueda decir ‘por aquí yo escribí unos cuantos versos y yo ya soy poeta’”.

Pero también puede ser una seudo forma de vida… vestirse de tal modo…

Rodrigo: “Lo que pasa es que ahí hay un tema. Hay muchos que se disfrazan con la ‘chapa’ de poetas, entonces, dentro de eso, personalmente, cuestiono mucho que en la poesía nacional, los poetas láricos se vistan a lo Jorge Teillier, pantalón de cotelé y todo, por ejemplo, y hay todo un tema que tiene que ver con la moda también de ‘vestir’ la poesía, o lo otro, la forma de vivir”.

“Pero el tema del corte editorial, volviendo al punto, nosotros queremos hacer un registro de poesía nacional, no regional -eso que quede claro-, de poetas emergentes, o poetas de la generación del `80. ¿Por qué esa diferencia? Porque en los `80, por el momento histórico, la poesía está a oscuras, desaparece, hay muchos poetas buenísimos que están con muy pocas publicaciones, que no son muy conocidos. En ese caso nosotros vamos a publicar a Nicolás Miquea, que en un momento era considerado como uno los poetas, con Tomás Harris, y Zurita, los tres poetas… y que desaparece del panorama, o sea sigue dentro de los círculos literarios, pero en forma masiva no. Al otro que vamos a publicar es a Eduardo Llanos, que fue el Premio Altazor 2004, y esta es la línea editorial”.

¿Se definirían entonces como una editorial o como una editorial regional?

“Somos una editorial que desde la región genera gestión o se abre; no regional, porque eso limita a tener solo autores regionales o quedarnos en esta frontera que desde el punto de vista literario, deja mucho al azar. Pero partimos ahora en marzo, publicando a una chica de Buenos Aires, que esa es ya nuestra apertura como Latinoamericana”.

¿Qué publican? He visto al menos dos tipos de colecciones: tesis y poesía. ¿Son series que han salido al azar? ¿Hay una planificación? ¿Se irán sumando más de a poco?

“Nada ha sido al azar. Partimos por poesía, porque había una necesidad por publicar poesía a nivel nacional; y las tesis, como una forma de pensamiento o de generar pensamiento sobre algunos hechos o reflexiones. Usamos el concepto tesis porque nos deja a la comprobación de hipótesis, a un montón de conceptos, y la mayoría de los que estamos publicando, fueron sus tesis del grado universitario, pero no es limitante a que así sea. ¿Qué sucedía con las tesis? Generalmente uno se saca la mugre trabajando uno o dos años y termina en la biblioteca de la universidad y la piden en diez años más o desaparecen. Y estamos en eso por ahora. Pero en un tiempo más nacerá la colección narrativa, pero no me atrevo a decir que venga”.

¿Es por urgencia? ¿Por demanda? Porque me acabas de decir que en la poesía se trata de un capital que no tiene salida, y en las tesis porque se pierden en los anaqueles de la universidad. ¿Va por ahí, de dar espacio a lo que no lo tiene?

Rafael: “Se trata a veces de autores que tienen su libro guardados hace mucho tiempo y que no tienen salida, o nadie los apoya para publicarlos y tienen mucho mérito”.

Rodrigo: “Lo que pasa es que Manual Ediciones tiene este corte: creo que somos bien directos para decir las cosas, sí te vamos a publicar o no te vamos a publicar; y es por esto o es por esto otro. Nunca nos hemos atrevido, o en mi caso personal, a decir “oh, que lindo tu poema” (aunque el concepto lindo o bueno es muy subjetivo), pero sí puedo encontrar detalles en la poesía en que no es un poema, o simplemente no está logrado. En ese caso, el decir las cosas directas tiene dos alternativas: que te encuentren honesto, o… (risas entre ambos)”.

Les iba a preguntar. ¿Cómo ha sido la reacción ante, por ejemplo, una crítica o rechazo, con ese nivel de honestidad?

“Lo que pasa es que la mayoría de los autores se acerca necesariamente por contacto… o preguntan, o son conocidos míos, entonces se puede debatir abiertamente sin que llegue a haber lugar para un mayor conflicto, porque nos conocemos. En el caso de otros libros, los autores, al saber que hay línea editorial, se preocupan más de lo que se va a mandar y es menos el trabajo (ríe). Acá en Chile está lleno de editoriales que no son editoriales, que son simplemente impresoras de libros, entonces, en este caso, yo creo que hay que hacer diferencias. Cuando yo encuentro 20 libros en una editorial, y encuentro muchas erratas, o encuentro que no hay una línea editorial de contenidos, ahí empiezo a tener dudas, y digo ‘y esto qué es, es una editorial o…’”

Es la crítica que en alguna ocasión se le ha hecho a Primeros Pasos Ediciones.

“Creo que Primeros Pasos Ediciones cumple con este rol de dejar que todos publiquen, pero ahí el mismo público va haciendo la limpieza; como que deja a manos del lector la calificación del libro o qué autor prefiere, cual le gusta. En ese sentido, creo que Primeros Pasos ocupa un espacio que es distinto al de nosotros, por lo tanto, en términos de competencia no es tope, están las dos alternativas, pero sí tenemos diferencias en torno a que todos publiquen. Creo que en ese sentido tenemos que tener respeto hacia el lector de qué le estamos entregando. Siento que en ese sentido PaViTo ha logrado sustentar su editorial, ha logrado “Abrir las Alamedas”, que es un muy buen premio (se le dio a PaViTo por nuestra revista en la categoría Gestor Cultural en marzo de 2009. N. del A.), porque acá no había donde publicar hasta que apareció él, pero en el tema literario, ahí tengo mis diferencias. Si siento que hay una colección de libros pequeñitos, de escritores regionales, que tienen una línea editorial. Pero esa colección si te fijas, es propia de Primeros Pasos Ediciones, que no es lo mismo que los libros de Primeros Pasos Ediciones, que yo mando a imprimir allí. Yo creo que ahí PaViTo tendría que hacer la diferencia en colocar que el libro fue impreso en Primeros Pasos Ediciones, solo como impresor de la obra -como lo hace LOM, como lo hace Editorial universitaria, como lo hacen en muchas partes-. Creo que tiene ese pequeño error pendiente”.

Rafael: “Además que si no hubiese estado acá la editorial Primeros Pasos, no se hubiese producido esta ebullición también de publicar libros”. Ahora, nosotros estamos acá trabajando en una editorial que haga cosas interesantes, buenos libros, pero en un formato sencillo. Acá hay mucha gente que escribe y escribe bien, o solamente necesita taller.

¿Cómo funciona la logística de la editorial? Háblenme de la parte financiera y operativa.

Rodrigo: “Hay un capital inicial que supuestamente ya está recuperado, porque siempre se está dando vuelta, y a cada libro se le agrega un costo más, para con la venta de veinte, poder financiar el otro de cincuenta, y así hemos funcionado. ¿Qué ha pasado? que nos hemos estado dando cuenta que en este sentido no ha funcionado mucho, porque si nos va mal en un lanzamiento…

¿El lanzamiento es el lugar natural de venta?

“Si, y sabemos que si en un lanzamiento no se venden 20 libros, estamos fregados. Qué pasa, que la librería tampoco es un buen lugar de venta de libros. Sí sirve de vitrina, y una vitrina muy formal, pero no un lugar donde vaya la gente a comprar libros. En el lanzamiento tiene que ser. Y los otros 20 o 30 libros es nuestra difusión. Así funcionamos. O sea, si Manual Ediciones no regalara libros, o si Manual Ediciones no se moviera mano a mano… y lo otro que a los autores, ¿qué cosa les gusta? Qué saben que tienen que vender 20 libros para poder publicar al otro, y que no les cobramos, y que funcionamos de una manera muy artesanal. O sea, a ninguno nunca le hemos mentido que somos una gran industria, nada”.

“Los libros tienen dos precios: $2.000 y $3.000. La gente ve cuanto paga. Además, se puede adquirir un disco con el mismo libro en PDF (pensado especialmente cuando los libros se acaban y para su uso en bibliotecas) el cual se vende a $1.000 con caja y $700 sin caja”.

En un principio yo los conocí vinculados a la Mesa de Literatura del Consejo Regional de la Cultura y las Artes.

Si, tenemos una relación estratégica con ellos y ha sido una muy buena relación. No somos ni pertenecemos al Consejo, pero estamos vinculados a ellos, nos han ayudado, y principalmente la relación ha sido buena, porque no nos hemos sentido utilizados, manipulados, o ¡no nos hemos dado cuenta! (risas).

Lluvia, Dulce Lluvia


Por Oveja Negra
Ver más del autor en
www.biblioredes.cl/poeticadejorgedias.cl
Ilustración de Alex Castro Otegui

Nadie que no haya vivido en una zona semidesértica puede imaginar la ansiedad y esperanza con que todos los años los pobladores esperan la llegada de las lluvias, mientras el calor se hace cada vez más intenso. Ojos ansiosos vigilan la aparición del cúmulo, nube no más grande que una mano humana, la cual crece y es acompañada abajo por otras de impenetrable color púrpura que se elevan miles de metros y están coronadas de cabezas redondas, cada una con un cerebelo blanco, un cerebro tumultuoso que revela sus intenciones agitándose una y otra vez. Luego esos gigantes se interponen entre nosotros y el sol, los trazos de sombra desaparecen y la tierra se oscurece. Una ráfaga de viento dobla los árboles azota y levanta el polvo, hace traquetear las ventanas. Pájaros, ovejas y vacunos corren para buscar refugio. Grandes relámpagos y fusilazos o fieras puñaladas a la tierra, se alternan para romper la oscuridad. El primer trueno se anuncia como un siniestro redoblar de tambores que convocan a un ejército bárbaro en los remotos cerros; y luego, más cerca, como el furioso rugido de un león. Gotas de agua marcan la capa de polvo más y más orificios que parecen hechos por balas y cada vez con mayor rapidez. Un sonido silbante y cortante nos rodea, el patio, la calle, la estepa están bañados por resbaladizas capas de agua marcadas continuamente por las gotas de lluvia. Quebradas, arroyos, riachuelos, cañadas, hondonadas y ríos reciben el fluido que los ha cortado y cincelado y que aún los está cortando y cincelando. Inesperadamente, el trueno esgrime maza, el aire y la Tierra se estremecen y retumban los címbalos y los profundos tantanes subterráneos. Estamos en el corazón de la olorosa tormenta: El agua ha liberado las fragancias de la tierra.

Mi Amiga de Cautiverio


Cuento

Enrique Escobar Fermandoy, Médico
Ilustración de Alex Castro Otegui

Tú nunca fallaste. Ni un día dejaste de visitarme con fidelidad conmovedora. No tenía otro camino honorable sino pagar tus servicios con mi lealtad. Por eso me cagaron los milicos ¿Saben ustedes lo que es estar preso? Permanecer unas cuantas noches detenido en una comisaría no es nada, no pasa de ser algo más que una experiencia desagradable, pero cuando te sacan de repente de tu casa, mientras estás tranquilo comiendo, para meterte de golpe y porrazo en una cárcel, la situación pasa a ser más seria; las penurias aumentan, sobre todo cuando te dejan solo en una celda, por lo demás oscura y maloliente, y para colmo, tan apartada del resto como para no sentir ni siquiera los ruidos propios de la población penal. Lo único que captan tus oídos es el chirrido del plato, lleno de una mazamorra viscosa, mientras es introducido por debajo de la puerta, y no llegas ni siquiera a ver la mano que lo empuja. Por añadidura, te han encerrado sin haberte acusado de ningún delito, sin enrostrarte el más mínimo cargo. Entonces llegas al límite inferior de la escala de los presos, el reverso del pensionado de General Mackenna, pues ningún miembro de tu familia sabe donde te encuentras. Con seguridad ellos conjeturan que tal vez ya no pertenezcas a este mundo. En esas circunstancias lo que más deseas no es ni luz, ni ruidos, ni una comida decente o un lecho menos duro; la necesidad más perentoria pasa por contar con algo previsible, una manilla para agarrarte, una figura viviente que te proporcione ese telón de fondo, que en condiciones normales miramos en menos, pero que ahora se convierte en el artículo de primera necesidad que te impide dudar de tu propia existencia.

No me di cuenta de tu presencia sino a partir del tercer día. En un comienzo el preso político no tiene tranquilidad para esas cosas. Está inmerso en un universo desconocido, por consiguiente el recluso permanece anclado en la incertidumbre, jalado en direcciones opuestas, de un lado por la ilusión de ser rescatado por los familiares y amigos, y del lado opuesto, por el terror de ser ajusticiado en cualquier momento. Es en ese permanente bandearse de un extremo a otro como se pasan los días, sumidos en la zozobra.

El hombre puede estar mucho tiempo encadenado a un infierno, pero requiere construirse otros avernos, propios, personales. Tú necesitas mandar al carajo, aunque sólo sea en tu interior, al antro del demonio en que te sepultaron los esbirros, intentar desecharlo, pero para ello debes fabricar tus dramas internos y fuentes de angustia que te pertenezcan, de las cuales los captores no tengan la menor idea. Además, debido a la precariedad y desnudez de tu entorno, precisas promover e inventar tus propias distracciones y rituales que te anestesien la monotonía y la soledad del encierro.

La primera oportunidad en que apareciste con pasos presurosos, me sorprendí por saludar tu presencia con un “Hola, que tal”. Me dio risa. Fue reconfortante escuchar la propia voz después de permanecer tanto tiempo ausente, quizás uno podría volverse mudo por desuso; las cuerdas vocales también tienen derecho a atrofiarse. Ustedes tal vez opinarán que tres días en aislamiento no es nada, que cualquier navegante solitario pasa semanas sin ver un alma. No es así, él está acompañado por el mar, los pájaros y el cielo. Tú no. Dispones apenas del hedor del lugar matizado por el hambre. De inmediato atrajeron mi atención tus pasos reducidos, muy rápidos, y asumí el desafío de poder calcular tu velocidad y el número de pasos que dabas en cada minuto.

Siempre me gustaron las películas de cárceles. Por ellas aprendí que al ser detenido, a uno le dejan apenas la ropa que lleva puesta, por eso cuando me di cuenta de la inminencia de mi detención, le robé a mi esposa el reloj más diminuto que poseía y lo pegué con adhesivo en la parte posterior de mis testículos. Por fortuna el gendarme no me revisó esa zona, al parecer no era homosexual o quizás era fóbico a ser etiquetado como tal, así que en su palpación no incluyó a mis genitales. Gracias a eso pude efectuar todas las mediciones del tiempo que atenuaban mi tedio. Cada día efectuaba los cálculos relativos a tu velocidad de desplazamiento, expresado en centímetros por minuto. En realidad es una arbitrariedad de mi parte etiquetarte de “ella”, nunca logré interiorizarme de tu sexo, pero vivimos atrapados por este idioma castellano, siempre pendientes del género de las palabras. Después de haberte cronometrado mil veces me convencí de que siempre te demorabas lo mismo, lloviera o tronara.

Un día necesité ponerte nombre. Cuca fue el elegido. Cuquita, eras ajena tanto al apuro como a la calma, menos te interesaban los registros. Te demorabas cinco segundos y medio en cada metro. Si un especialista me dice que eso es falso, que las cucarachas se demoran cuatro o siete segundos, de inmediato se puede ir a la misma mierda. El perito puede contar con cientos de ejemplares para realizar sus cálculos, mientras que a mi me tocó uno sólo. Hasta para eso eran cagados en ese presidio de ínfima categoría. Si bien en eso de la velocidad, tú, amiga, tal vez eras distinta a las demás, no veo porque ibas a ser diferente en todo, porque si así hubiera sido, pertenecerías a otra especie, no serías cucaracha. También era predecible tu tiempo de latencia para comenzar a avanzar, desde que aparecías junto a la salida de tu madriguera, siempre que se cumpliera con la condición de mi inmovilidad y silencio, pues cuando había ruido no te detenías. Sin embargo, me habría aburrido rápido de ti y, quizás, frustrado te habría matado si no te caracterizaras por variables inesperadas. No pude dar con el mecanismo que me explicara esos cambios respecto a la dirección escogida cada vez que te ponían obstáculos a tus movimientos. En eso no dejaste de sorprenderme, de manera que mis esfuerzos por develar tus patrones de respuesta me hicieron consumir una buena parte de la insoportable letanía de la prisión. Por eso quiero darte públicamente las gracias, por haber influido tanto para que yo pudiera conservar mi lucidez. Estoy convencido de que sin tu ayuda me hubiera sumergido sin retorno en el mar de la locura; más aún, no sólo lo impediste, sino que además me curaste definitivamente de mis fobias aquel día en que en forma heroica, vencí mis escrúpulos y te introduje en mi boca, eso sí que tomando la precaución de mantener muy apretada la mandíbula para que no fueras a despeñarte en el precipicio de mi esófago. Lo logré gracias a mi espléndida dentadura; por eso es que aprovecho ahora de aconsejar a los niños que se cepillen los dientes después de cada comida. Me dieron muchas cosquillas tus paseos por mis encías. Si se hubiera tratado de otra, me habría dado asco, pero a ti ya te tenía mucho cariño; como iba a ser de otra manera, si por tu intermedio pude efectuar tantos cálculos; con lo que me gusta sacar cuentas. Contigo llegué a infinidad de resultados aritméticos, desde el tiempo de ascensión entre el piso y el cielo de la celda, como también el tiempo de descenso, las variaciones de tus movimientos de acuerdo al ciclo circadiano, la influencia del frío y del calor y hasta de las ratas sobre las características de tu deambular.

Un día sentí los pasos de un gendarme. Me extrañó, porque recién me habían traído esa basura que llamaban comida. No obstante, en aquella oportunidad, en vez de pasar la escudilla por debajo, procedió a abrir por fin la puerta de la celda. En ese instante me di cuenta con pavor que tú estabas al lado de ella. Me paré con dificultad, pues estaba medio tullido por la inactividad. De inmediato le advertí al vigilante que tuviera cuidado al entrar en la celda. No me hizo caso. Junto con comunicarme que estaba en libertad, que las autoridades me habían tildado sólo de activista político y que habían desestimado las otras denuncias graves en mi contra, tuvo la mala idea de adelantar un poco el pie. Enseguida experimenté la desagradable sensación de que te había reventado. El ruido que hizo al destriparte todavía lo recuerdo como algo atroz. Por supuesto que me enceguecí.

-¡Hijueputa! -le espeté indignado- te dije que te fijaras donde pusieras los pies. Me la mataste, desgraciado.

Por un momento permaneció estupefacto. Era la primera vez que un preso se indignaba con él, justo cuando lo venía a poner en libertad. Ahora justifico que entre él y el otro gendarme que lo acompañaba, me sacaran la cresta.

-Este huevón más que comunista es un loco de mierda, es mejor que siga encerrado, pero no aquí, sino en el manicomio.

Así fue como me mamé quince días más de encierro, pero en un hospital psiquiátrico. Ahí pude prescindir de las cucarachas. Me tocaron como compañeros unos locos divertidísimos. El contacto con otros seres humanos borró la privación sensorial. Además en ese establecimiento estaba más seguro que en ninguna otra parte. Cuando me entrevistó el psiquiatra, yo me puse a llorar desconsoladamente. Le dije que era por mi cucaracha. El galeno me paró el carro rapidito

- Conmigo no te resulta hacerte el loco -me espetó muerto de la risa- Estás de alta.

Hace mucho tiempo terminó la dictadura. Persisten todavía muy escasos presos políticos, pero ellos no están aislados. No me imagino que ninguno cuente con una cuquita como la mía. Lo que es yo, nunca he podido olvidar a mi fiel compañera de encierro, así que en una gaveta con llave de mi escritorio mantengo a una cucaracha muy parecida a mi malograda amiga de celda, quizás ustedes sean primas hermanas. Aprovecho todas las oportunidades en que estoy solo para sacarla, porque si me pillan, más de un imbécil alienado pensará y divulgará que estoy loco. Yo sé que no es así, ser agradecido no significa estar demente. Protegido por la soledad, la dejo pasear por la oficina, abro las ventanas para que tome aire, le pongo comida y agua fresca. Cuando me siento muy solo, le converso.

Arte: Sobre Originalidad y Dignidad


Texto y foto
por José Luis Guajardo Valencia
Profesor de Historia y Geografía.

El 8 de agosto de 1925 Vicente Huidobro publicó en la Revista Acción N° 4 su “Balance Patriótico”[1], texto bastante crítico de la realidad nacional en que, entre otras cosas, escribe la siguiente frase:

“El huaso macuco disfrazado de médico que al descubrirse la teoría
microbiana exclama: a mí no me meten el dedo en la boca; el huaso
macuco disfrazado de artista o de político que cree que diciendo: no
comprendo, mata a alguien en vez de hacer el mayor elogio”.

Lo dicho por el poeta tenía mucho que ver con su propuesta creacionista, vertiente poética que exige al lector abrirse a las posibilidades infinitas del lenguaje, especialmente a su potencia creadora.

La poesía de Huidobro es objeto de distancias puesto que su estilo poético es considerado complejo y hasta, por algunos, incomprendido. Recuerdo la ocasión en que conversando con un poeta que ya tenía una gran cantidad de publicaciones, premios y hasta un nombre ganado en círculos literarios, mencionó livianamente que “no le gustaba Huidobro”. Le hablé en tono reflexivo del poema “Ella”, de la poética, de la doble luz de los versos, de la necesidad de creerle al poeta y darse a la aventura de recrear el universo al que nos invita. Si bien la obviedad subjetiva de mi acercamiento al creacionismo era absolutamente particular, noté que cuando mi amigo aprehendió al creador de Altazor desde una nueva perspectiva su opinión del autor y de su obra cambió absolutamente. Un tiempo después conversamos, gozosamente, del “antipoeta y mago”.

En muchas ocasiones las personas, casi desde un pedestal olímpico y con la soberbia propia de la ignorancia contumaz, “creen que matan” a un artista cuando no comprenden su obra. Esa ha sido la realidad de muchos creadores que en su tiempo han sido ignorados por cometer la osadía de atreverse a romper con los esquemas, los estilos, o presentar un trabajo tan novedoso que choca con la inercia mental que por antonomasia prefiere lo conocido a lo desconocido, y lo similar a lo distinto.

Durante casi tres milenios, el arte en el antiguo Egipto trato de emular el oficio de sus antepasados tan fielmente como fuera posible, adhiriéndose estrictamente a las normas consagradas que habían aprendido: “Nadie pedía una cosa distinta, nadie le requería (al artista) que fuera original. Por el contrario, probablemente fue considerado mucho mejor artista el que supiera labrar sus estatuas con mayor semejanza a los admirados monumentos del pasado”[2]. En Creta, y con mayor fuerza en la Atenas de Pericles, cada artista quiso plasmar su individualidad en la obra, dando espacio a la creatividad y a la innovación en las diversas artes. Los griegos rechazaron emular rigurosamente a sus antepasados, aunque ello no significara menospreciar ni desvalorar las técnicas antiguas, puesto que se “subieron sobre los hombros” de la tradición para, a partir de ahí, crear algo nuevo, distinto: cada artista tendría desde entonces un estilo que representaría un espíritu particular, una forma, un énfasis y un lenguaje perfectamente identificable. Fue este fenómeno, precisamente, lo que nutrió de fertilidad a una de las culturas germinales de nuestra civilización.

Arthur Schopenhauer, refiriéndose al oficio del escritor, critica con mucha dureza a las personas que no poseen la creatividad suficiente ni la entereza para atreverse a ser originales. Mira con desconfianza, asimismo, a los escritores que no se preocupan por las cosas mismas y que optan por enturbiar sus aguas superficiales para aparentar profundidad, a los que se preocupan más por leer las ideas de otros, de dejarse cómodamente influenciar en vez de invertir el tiempo en pensar, en darse la oportunidad de ser sujetos activos en la creación: “ésta es la única manera de que la lectura forme al escritor, enseñándole el uso que puede hacer de sus propios dones naturales; pero siempre presuponiendo la existencia de los mismos. Sin estos dones, tan sólo asimilaremos con la lectura formas frías y muertas y no seremos más que simples imitadores”[3].

La individualidad, la originalidad y la creación como expresión plena de la existencia, son elementos que están estrechamente ligados a la dignidad del ser: tal vez por ello muchos creadores insistieron en su trabajo, a pesar de no encontrar en vida la fama ni la trascendencia.

El poeta chileno Waldo Rojas, amigo del gran cineasta Raúl Ruiz, es objeto de críticas por su lenguaje poético “obstruso” y con oscuridades, no obstante, nosotros apreciamos en su trabajo amaneceres bastante nítidos, luminosidades como flechas apolíneas que despejan la supuesta oscuridad para copar los silencios con el canto pleno y preciso. Nuestro poeta, al igual que Juan Luis Martínez, ha sido relegado injustamente a los pequeños círculos literarios, precisamente por las exigencias a que someten sus obras a los lectores: recordemos lo que hemos dicho más arriba, para muchos lo complejo e incomprensible “es malo”. Pero seamos justos con nuestra apreciación, lamentablemente la cultura se ha ido restringiendo como consecuencia de los pocos estímulos, del desnutrido conocimiento y del laberíntico acceso a ella que tienen precisamente quienes están encargados de “difundir” la cultura, los profesores, los padres. Consideremos, además, el influjo cada vez mayor que ejercen los medios industriales de (in) comunicación de masas. Pero bueno, aquí estamos para construir, así que los invito a leer el siguiente poema que es un ejemplo nacional de originalidad, individualidad y creatividad:

Moscas[4]

Vivíamos la tarde de un domingo abrumador.
Era Verano en el hemisferio que pisábamos, según el orden de los astros.
Enredados en el ocio paseábamos de silla en silla a tropezones.
Era Verano por la tarde y el resto del cuadro lo ponían
las moscas.
Había un Universo disperso por la pieza:
botellas vacías,
hojas de algún diario, un plumero impotente entregado al polvo,
y bostezando hasta quejarse ardía el aire por los cuatro costados.
"No hay peor poema que el que no se escribe", me dije callado
gritándome al oído,
y lo único real, consistente en sí mismo, eran las moscas.
Muchas moscas, torpes moscas cayéndonos encima en arribos
sucesivos y despegues.
Ardía el aire por los cuatro costados y nos sobraba un par de brazos,
estaban de más las piernas y todo el cuerpo era lujo inútil,
artículo suntuario adquirido a la fuerza
en virtud de la artimaña de un hábil vendedor.
Saltimbanquis del aire, trapecistas, migajas de un gran demonio pulverizado,
esas tiernas, sucias moscas, diminutos ídolos del asco universal.
No habíamos sobrevivido a nuestra fábula feroz:
un joven matrimonio derretido sobre el suelo, melaza pura
a merced de un día de Verano, a merced de la estrategia
de las moscas.
Y era domingo como cien veces más fue domingo en los veranos
desde aquel día,
y desde cada día en que el sol encendía el aire
y un zumbido tañía en los vidrios y crecía una inquietud por
todas partes.
Algo que desde afuera penetraba, un cierto líquido agresivo,
un licor cáustico que diluía la carne o la memoria,
algo que le pasaba al tiempo no nos tenía conformes.
¿Quién detiene el cauce de las cosas y los hechos
en este punto, como un puente que se desploma,
mientras pasa el día mutilado arrastrando los miembros
trabajosamente?
No hay peor poema que el que no se escribe, me dije,
entretanto
la poesía rescataba a sus heridos de los dientes para adentro;
de los ojos para afuera lo único real eran las moscas.

___________

[1] http://saladehistoria.com/wp/2008/07/18/vicente-huidobro-balance-patriotico/
[2] E.H.Gombrich, LA HISTORIA DEL ARTE, Editorial Phaidon, decimosexta edición, 1997, página 67.
[3] Arthur Shopenhauer, PENSAMIENTO, PALABRAS Y MÚSICA, Editorial Edaf, Santiago, 2005, página 53.
[4] Waldo Rojas, POESÍA CONTINUA (ANTOLOGÍA 1965-1995), Colección Humanidades, Santiago, 1995, páginas 18-19.