domingo, 12 de abril de 2009

Venezuela y la Reelección Indefinida de Presidente


Por Leonardo Jeffs Castro
Profesor de Estado en Historia y Geografía
Académico de la Universidad de Valparaíso

En relación con el Referéndum recientemente realizado en Venezuela, en el cual la mayoría de los ciudadanos venezolanos, que concurrieron a la consulta, aprobaron la enmienda constitucional que permite la reelección indefinida del Presidente del país, me permito expresar públicamente mis reflexiones.

Soy abiertamente contrario a las reelecciones indefinidas de cualquier autoridad unipersonal, en el ámbito que sea.

Considero que las reelecciones indefinidas demuestran la ausencia de trabajo en equipo y, por consiguiente, la imposibilidad de generar reemplazantes.

Además, creo que hay un natural desgaste de aquellos que ejercen el poder por largo tiempo, lo cual favorece a los críticos obcecados y a los opositores de profesión, creando posibilidades serias de polarización.

También, estimo que la voluntad de perpetuarse en el poder, puede favorecer la creación de prebendas y de redes de incondicionales, que terminan por instalar la corrupción en términos significativos.

En el ámbito de los gobiernos de América Latina Contemporánea, donde se ha procedido a la reelección inmediata, modificando ex profeso la Constitución, hay, al respecto, experiencias lamentables como la de los Presidentes Alberto Fujimori, en Perú y Carlos Saúl Menen, en Argentina. Pienso que las consecuencias de la posibilidad de una reelección indefinida podrían ser mucho más desastrosas.

No pretendo postular lo que sucede en México, donde en base al viejo lema del “sufragio efectivo y no reelección”, el cual se ha cumplido desde 1929 hasta hoy, aunque no siempre haya sido efectivo, ha impedido totalmente que un ex Presidente pueda volver a ser candidato después de su período presidencial.

Pienso que quizás lo más apropiado sea tomar en cuenta la experiencia de los Estados Unidos de América donde existe la posibilidad de una reelección inmediata. Hay que tomar en cuenta, eso sí, que allí el período presidencial es de cuatro años.
Ya la decisión en Venezuela está tomada, pero puede constituirse en un estímulo para propiciarla en otros países de América Latina, lo cual demostraría una desconfianza en lo que hace un gobierno y en los que lo integran, que creen sólo en el quehacer de un líder, y no en equipos de trabajo, los que deberían poder continuar la labor emprendida, si la ciudadanía así lo estima conveniente.