domingo, 12 de abril de 2009

Profesor, Una Palabra Gastada


Carlos Poblete Ávila
Profesor de Estado
Ex dirigente nacional / internacional docente.

Las palabras, como las monedas, como las herramientas, se gastan. El idioma o lenguaje es un instrumento, una facultad inherente. Todas tienen origen, en las palabras está la historia de la humanidad. Y también mueren. Las mata el olvido, el desuso y el abuso.

Me refiero ahora al vocablo profesor. Elegí serlo. A modo de paréntesis: siempre me embrujaron las palabras y, especialmente quienes tenían el supremo don de usarlas en las tribunas. Cuando no cumplía 8 años asistí por propia iniciativa a mi primera conferencia pública, el tema: La pena de muerte en Chile. La dictó el Presidente de la Corte Suprema de entonces, Luis Malaquías Concha. La presentación inicial la hizo el estudiante de derecho rancagüino, Luís Jerez Ramírez. Al tiempo sería regidor y diplomático. El acto fue en calle Campos, donde hoy existe el edificio Esmeralda, antes fue una bella casa con patios y corredores. Han pasado más de 50 años.

Enrique Santos Discépolo, letrista del tango Cambalache habla del siglo veinte, y en un verso dice: "Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor". Son esos tiempos que siguen vivos.

Hace un tiempo (no se dice atrás), escuché a un alcalde decir "mis profes". La expresión me movió a risa y luego sentí pena por él. Las veces que en mis clases de literatura algún estudiante usaba el mismo apócope, hacía la corrección. No recuerdo en mis tiempos escolares haber oído semejante expresión para referirnos a un docente. Ni en la Escuela Superior de Hombres Nº 4, ni en el Liceo que después se llamó Oscar Castro.

Este texto es y será más extenso, esta vez va abreviado por circunstancias de publicación y contra el tiempo.

Sigo con el vocablo siempre en boca de muchos. Así sucede en toda sociedad con la educación, con los docentes y con los estudiantes.

Sostengo que una persona es según su lenguaje, así como habla es la calidad de su pensar.

Que el magisterio ha perdido espacios y sitio en la sociedad chilena no hay dudas. La historia gremial es riquísima y viene desde muy larga data. Es un hecho lamentable que los docentes ignoran ese legado, en ninguna facultad formadora de educadores se enseña ese patrimonio. Por lo mismo es que ellos han perdido un sentido de pertenencia profesional.

En décadas pasadas las Escuelas Normales fueron señeras en la integración de esos aspectos fundamentales en la formación de los pedagogos, también el ex Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. La dictadura para sus siniestros fines no se equivocó cuando clausuró esos históricos planteles. La tiranía sabía que un magisterio organizado y consciente de su rol histórico-social era peligroso. Era estratégico, por eso además lo golpeó dura y criminalmente.

El tema educacional es permanente en toda sociedad, también lo que refiere a los educadores, apasiona porque tiene directa relación con la formación de los ciudadanos y con el desarrollo de un país.

Produce decepción e inquietud el que un docente todavía se presente como apolítico ante sus estudiantes y ante la sociedad. Lástima por él y por los educandos. Decir aquello es una barbaridad, es otra forma de evidenciar su incultura.

Ser educador será siempre una aspiración humana, social y profesional. Es mejor que decir profesor por las razones de uso del término, aunque haya todavía un impedimento legal para generar el cambio.

Nunca decir "profe" para mencionar a un docente que se precie de tal. Esa denominación ha de quedar para los entrenadores de fútbol, y para aquellos que no han seguido ningún curso ni plan académico regular que los acredite como educadores, pero que trágicamente están en las aulas.

Sólo así se irá recuperando el sitio perdido y el prestigio profesional extraviado en el marasmo de una sociedad y de un mundo presa del mercantilismo decadente que aliena.
Si hace unas décadas hubo educadores cultos y muy conscientes de su rol que llenaron páginas de gloria en Chile y en América Latina, fue porque el magisterio de alguna forma tuvo un ideario pedagógico incidente en la sociedad toda, de allí emanó su autoridad moral y cultural que marcó a generaciones de ciudadanos en el país y en el continente.