lunes, 13 de abril de 2009

Los Obstáculos Actuales que Enfrenta el Desarrollo Cultural en la Región de O’higgins


Reflexiones sobre el papel de los medios de comunicación y
el modelo educacional nacional en la pérdida de las tradiciones culturales
y la falta de innovación en la región.

Pablo Favio Vásquez
Profesor de Historia y Geografía
Gestor Cultural

Después de haber deambulado durante un período de 8 meses (julio de 2008 - febrero de 2009) entre Mostazal y Chimbarongo, he logrado conocer un poco más la riqueza y la diversidad cultural que se ha gestado en los últimos cinco siglos (sí, la zona existe desde antes de la llegada de los conquistadores) en esta zona.

Aquí, más que la ciudad, el campo sigue siendo el “motor cultural” de la región, pues ha sido éste el que más tradiciones ha generado y, al mismo tiempo, legado un verdadero “estilo de vida” a las generaciones de hombres, mujeres y niños que han buscado su cobijo a lo largo de los años. De esta forma, ha sido “la tierra”, la verdadera creadora de la idiosincrasia de los habitantes de la región, cuyas características, combinadas con otras actividades sociales, permiten establecer determinadas “áreas culturales” dentro de la misma:

-La zona norte o campesino-minera.
-La zona sur predominantemente campesina.
-La zona oeste campesino-costera.

Estas tres zonas culturales poseen, innegablemente, una alta cantidad de actividades culturales que se desarrollan a lo largo de todo el año, siendo, la más generalizada en la región LA FIESTA.

¿CULTURA FIESTERA O FIESTA CULTURAL?

Pese al enorme conjunto de tradiciones y, establecimientos patrimoniales desperdigados por toda la zona, llama la atención el hecho de que la mayoría de las actividades culturales que se realizan en la región -sobre todo durante el periodo primavera-verano- tengan como similitud el carácter de “show artístico” o “celebración”. Normalmente estas actividades se estructuran dentro de un cuadro llamado “Semana…” a la que se agrega la denominación de la comunidad donde se realiza el evento. Así, desde diciembre a marzo, podemos encontrar “La Semana Olivarina”, “La Semana Pichilemina”, etc.

Obviamente, estas actividades se realizan como una forma de celebrar un nuevo periodo de existencia de las comunidades que las generan, un nuevo “aniversario” o “cumpleaños”. Ahora bien, estos eventos casi siempre están conformados por presentaciones de “elencos o grupos musicales”, la “Coronación de la Reina” y, si es que lo hay, las “competencias deportivas”, que normalmente son el fútbol, “domaduras de potros y yeguas en las medialunas”, entre otras acciones comunitarias. El éxito de estas celebraciones casi siempre depende de las “atracciones” para capturar público local y externo y, éste, de los normalmente muy exiguos “fondos en dinero” conseguidos y destinados para solventar el evento (En muchos casos estas mismas actividades tienen como objetivo paralelo la obtención de recursos para las organizaciones que las organizan. Poco a poco, esto ha ido siendo reemplazado por eventos gratuitos generalmente financiados por los municipios respectivos).

Visto de esta manera, estas celebraciones comunitarias a todas luces no pasan de ser un conglomerado de “actos artísticos”, destinados al relajo y regocijo comunitarios. Es la “fiesta de la localidad”.

Sin embargo, fuera de estas manifestaciones artísticas, cabe preguntarnos ¿Qué actividades culturales, más allá de los juegos y el canto, se han logrado perpetuar en la conciencia colectiva de las comunidades de nuestra región, generando un traspaso de generación en generación hasta el día de hoy?

DE ACTIVIDAD SOCIAL A SÍMBOLO CULTURAL

Entre las actividades culturales del ser humano -en las cuales podemos considerar prácticamente todas, porque simplemente todas son una manifestación de su espíritu creativo-, hemos de dejar bien en claro que la “fiesta” es sólo una de sus formas de expresión. En este contexto, el acto de “celebración” es un hecho social que implica la participación de toda la población de un lugar -o la gran mayoría- en el cual normalmente se comparte bebida y comida, en conjunto con bailes al son de músicas conocidas y preferidas por los asistentes. En este caso, el “acto de celebración” se transforma en un elemento unificador de las individualidades que dan vida a la comunidad.

La “Fiesta” es un “Símbolo” que otorga identidad y adhesión “para” y “de” la comunidad: es la “marca registrada” de cada localidad.

Sin embargo, cuando una actividad cultural como es “la fiesta” se encumbra demasiado por encima del resto de las expresiones sociales de una comunidad humana, estas últimas terminan por desaparecer: sufren una pérdida de atractivo social y caen en el olvido. Y es, justamente, el olvido el “enterrador de las tradiciones y expresiones culturales” más formidable que la misma especie humana ha creado.

Ahora bien, hasta mediados del siglo XX, las localidades rurales que se extienden por toda la región de O’Higgins, habían permanecido en un semiaislamiento -reforzado por la ancestral presencia de los autosuficientes “fundos” y “haciendas”- lo que había creado las condiciones perfectas para el nacimiento de “tradiciones” y “símbolos sociales” que pasaron de generación en generación, conformando al mismo tiempo, pequeños talleres artesanales que daban trabajo a un alto número de personas en la región. Así teníamos: chamanteras, orfebres, talabarteros, ceramistas, artesanos del mimbre, etc.

Pero, a partir de la década de 1960, esta relativa autonomía local comenzó a quebrarse. En primer lugar, la creación de un sistema educacional nacional (durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva), basado en aspiraciones industriales progresistas, rompió la cadena de transmisión de las tradiciones locales, ya que dejó un muy reducido conjunto de espacios (horas de clases) para que los niños y jóvenes pudieran desarrollar alguna de sus habilidades artísticas -cualquiera que ésta fuera- (para que hablar de la gestión en los colegios de un aprecio por las tradiciones y cultura locales), situación que se agravó debido al eterno problema de la sobrepoblación de alumnos en las aulas de nuestro país. Esto trajo como resultado el quiebre del proceso de traspaso de tradiciones de generación en generación.

Un segundo factor transformador fue la nueva política nacional de construcción de caminos y modernización del transporte público -de la mano de la llegada de capitales privados nacionales y extranjeros-, lo cual permitió mejorar las vías de comunicación y los medios de transportes locales e intercomunales, acortando las distancias y disminuyendo los tiempos de traslado. Esto trajo consigo una pérdida apreciable del nivel de autonomía que poseían las comunidades rurales con respecto a los centros urbanos más grandes de la región, generándose de está manera un ingreso de costumbres urbanas en las zonas rurales, situación que también provocó un quiebre en la continuidad de las tradiciones rurales (al estar estas debilitadas por las reformas educativas previamente descritas, entre otros factores).

Como tercer elemento, puede considerarse la nueva Reforma Educacional implementada a fines de la década de 1990, bajo la presidencia de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Ésta tenía por objeto mejorar la calidad de la educación de los alumnos y la preparación de los docentes bajo parámetros internacionales, siendo uno de los pilares de este cambio la introducción de la “Jornada Escolar Completa”, destinada a la realización de una mayor cantidad de horas de clases por parte de los establecimientos educativos nacionales. Sin embargo, esta reforma en ningún momento consideró la creación de nuevos espacios para el desarrollo de las habilidades y capacidades de los estudiantes -riqueza indiscutida de una nación-. Incluso, hoy en día las instituciones municipales encargadas de administrar los establecimientos educativos argumentan que: “no hay recursos monetarios para crear talleres culturales en los colegios, no hay dinero para pagarles a los profesores interesados”.

En cuarto lugar, la modernización del país de cara al proceso de “globalización” trajo consigo la llegada de una “red de comunicación virtual” materializada en el “Internet”. De esta forma, el inmenso-intenso mundo de información que llegó a la sociedad chilena y a la Región de O’Higgins, introdujo elementos culturales externos en forma masiva, situación que, al haberse roto el proceso de traspaso de generación en generación, creó una fuerte brecha en la idiosincrasia e identidad de los habitantes de las dos generaciones más jóvenes de nuestra población regional (jóvenes y adultos, para empezar).

La situación resultante de la combinación de estos cuatro ingredientes es una pérdida importante de personas con las capacidades y habilidades necesarias para continuar con el traspaso de las tradiciones y la preservación del patrimonio de nuestra región a la generación siguiente, preparando así el camino para la desaparición de muchas de ellas y, por ende, a una pérdida importantísima de una parte de la identidad y patrimonio -tangible e intangible- de la región.

EL PROBLEMA DE LA COMUNICACIÓN

Hoy en día enfrentamos la transformación de nuestro planeta en una comunidad multicultural de la cual Chile es un elemento más, con características culturales que le permiten distinguirse fácilmente del resto de las comunidades humanas esparcidas por la superficie terrestre.

Ahora bien, durante el siglo XX, nuestro país ha sufrido varias transformaciones o variaciones a su modelo económico básico -el modelo exportador-, el cual generó varios cambios sociales de crucial importancia para la identidad y la idiosincrasia de esta región. No obstante, inmerso en un sistema económico industrial, basado en grandes masas de obreros laborando en fábricas y yacimientos -o ingentes masas de campesinos en los predios agrícolas-, el traspaso de tradiciones de generación en generación se mantuvo y, hasta se amplió.

Sin embargo, hacia mediados de la década de 1970, el sistema económico fue transformado, pasando de una sociedad industrial (sustitución de importaciones o economía hacia adentro) a una neocapitalista. Los mayores cambios se ejecutaron tras la crisis de 1982, cuando el sistema bancario chileno quebró y el modelo sufrió una fuerte contracción. Sin embargo, la premisa básica del neocapitalismo se mantuvo: la “creación” de una serie sin fin de “necesidades” hacia la persona considerada ésta individualmente.

Esta condición, por sí sola bastaría para destruir cualquier sistema social, sin embargo, por muy diferentes genética y socialmente que sean los seres humanos, todos comparten ciertos tipos de preferencias: el gusto por algo.

En este sistema social, basado en la generación constante de información -y en alta velocidad-, la mayor problemática es la búsqueda del contacto con otros interesados en una misma cosa. Antiguamente, este problema era resuelto fácilmente: las comunidades humanas eran pequeñas y la información podía ser transmitida rápidamente. Sin embargo, hoy un grupo humano unido por algún fin no necesariamente está ubicado geográficamente en un espacio reducido: pueden existir a escala regional, nacional, hemisférico o, inclusive, global.

De esta manera, tenemos que el mayor problema que enfrenta hoy el desarrollo cultural es la forma de comunicar su legado y, al mismo tiempo, la peor traba de quienes cultivan las tradiciones de nuestra región es el poder comunicarse con las personas que están interesadas en rescatar, aprender y perpetuar ese patrimonio cultural.

LOS 3 OBSTÁCULOS PARA EL DESARROLLO CULTURAL EN LA REGIÓN DE O’HIGGINS

La Región de O’Higgins posee una característica geográfica física muy particular: posee un macizo montañoso central, situación única en la geografía de nuestro país. Éste núcleo cordillerano, ubicado en pleno valle central, se emplaza entre las cuencas de los ríos Cachapoal y Tinguiririca, separando en dos el territorio de la región y, obligando a las poblaciones humanas a ubicarse alrededor de este conjunto montañoso –dando forma a un verdadero anillo de localidades-.

Así, se puede observar que la región carece de un núcleo geográfico realmente céntrico, lo que a su vez ha conllevado a que la mayor parte de la población se concentre en centros urbanos situados en el eje norte-sur que atraviesa la zona Este de la región: Rancagua, Machalí, Rengo, San Fernando, privando a las localidades situadas hacia el Oeste –en dirección al Océano Pacífico- de una mejor conexión con el resto de la región (y a la vez, del país y el mundo).

En este contexto, los medios de comunicación son extraordinariamente importantes para el desarrollo cultural de la región, por cuanto son los vehículos más indicados para superar las barreras geográficas que se presentan. Entre estos medios de información tenemos: telefonía, radios, televisión, periódicos e Internet.

Si bien la telefonía permite un alto nivel de comunica-ción, los medios de información masivos por excelencia -radios, televisión, periódicos e Internet- son los verdaderos instrumentos de comunicación llamados a servir en forma exitosa a los propósitos de supervivencia, rescate, traspaso y expansión de la cultura regional.

Y es aquí donde se genera el primero de los obstáculos para el desarrollo de la cultura regional: la falta de espacios para informar las actividades culturales en forma masiva.

La mayor parte de los medios de comunicación utilizados por la población regional son los periódicos y las radios -tanto locales como regionales-, pues el acceso a Internet aún es difícil para las comunidades de la región y la televisión una tecnología demasiado cara para una zona muy reducida. De esta manera, periódicos y radios se alzan como importantes comunicadores regionales. Sin embargo, el espacio destinado a la publicitación y el apoyo a las actividades culturales es muy bajo, quedando éste siempre reducido a una mera y casi siempre minúscula reseña de alguna actividad artística -generalmente un show musical-. Por otra parte, la mayoría de las radios son reacias a publicitar actividades culturales en forma gratuita, por cuanto buena parte de ellas prefiere reservar todos los espacios de sus programas para sus propios auspiciadores, a menos, claro, que los gestores culturales interesados paguen el servicio de publicidad radial -que normalmente es alto-, y aquí debemos preguntar a toda la comunidad regional y a las radios: ¿Es realmente ético cobrar una tarifa para anunciar una actividad cultural por radios, siendo que éstas son destinadas a esas mismas personas que escuchan sus programas? Lamentablemente, este tipo de prácticas está muy extendido por la región de O’Higgins y, si bien es un derecho de los propietarios del medio de comunicación imponer sus normas, estas acciones atentan directamente contra la razón de existir misma de un medio de comunicación social como lo es la radio: informar sobre las realidades cotidianas de la población que la escucha y sigue, pues quienes realmente dan vida a las radios son sus oyentes. Sin público que esté dispuesto a escuchar una radio, ésta simplemente desaparece. Dadas estas circunstancias, los medios de comunicación se convierten en generadores de un “status quo” negativo para el crecimiento regional, puesto que repite estructuras obsoletas, mos-trándose incapaces de adaptarse a las modernas tendencias de búsqueda, análisis y entrega de información y, al mismo tiempo, buscando nuevo público a través de la creación de programas innovadores y atractivos.

Las radios de la región de Valparaíso, más precisamente, de la ciudad que hoy es “Patrimonio de la Humanidad y Capital Cultural de nuestro país, se pelean por la búsqueda y entrega de noticias culturales, existiendo una amplísima variedad de programas o secciones radiales dedicados a este ámbito. Eso es lo correcto en una verdadera comunidad consciente de su valor cultural.

Las radios de la región de O’Higgins tienen que cambiar, dotando de mayor participación a quienes realmente les deben su existencia: las personas y su necesidad de comunicar.

El segundo obstáculo para el desarrollo cultural, es el modelo educacional presente en nuestro país.

Éste, que a nivel secundario o medio está conformado por dos subsistemas: el técnico-profesional y el científico-humanista, es propio de los países con economías industrializadas anteriores a la crisis de la década de 1980 y tenía por objeto formar grandes batallones de funcionarios y obreros capacitados para atender las necesidades de una economía que entonces se desarrollaba en torno a enormes complejos industriales y mercantiles. Sin embargo, este modelo educacional sólo desarrolla unas pocas habilidades de los estudiantes, dejando truncadas sus capacidades de innovación, condenando a los educando a desenvolverse en un sólo ámbito laboral.

Hacia fines de la década de 1980, la desaparición de la Unión Soviética puso en jaque la economía de los países escandinavos, principalmente Finlandia, nación que dependía fuertemente de la economía soviética. Para inicios de la década de 1990, la crisis económica finlandesa era muy grave, lo que llevó a planificar un cambio radical en la economía nacional. Sin embargo, esta transformación no se llevó a cabo en la economía misma, sino que partió desde el sistema educacional. Los programas educacionales de enseñanza fueron rediseñados completamente, otorgándoles mayor dinamismo y abriendo mayores espacios para el desarrollo de las capacidades individuales y de trabajo en equipo de los estudiantes fineses. Por otra parte, las carreras docentes fueron dotadas de mayor exigencia, beneficiándose también esta exigencia nacional con un fuerte crecimiento de la valoración social hacia los profesores, siendo la carrera de pedagogía la más importante y apetecida económicamente en el país. Hoy en día, Finlandia tiene el modelo y el sistema educacional más competitivo y completo del mundo, incluso muy por encima de los demás modelos europeos, norteamericano y el japonés. Nokia es una marca finlandesa… no japonesa.

Basándonos en el caso de la transformación educacional de Finlandia, el modelo educacional chileno y -regional- debe ser reemplazado por otro en el cual se otorgue mayor énfasis al desarrollo de las capacidades individuales de los estudiantes y sus aplicaciones en comunidad, ya que, según la misma “teoría de las inteligencias múltiples”, ninguna persona tiene exactamente desarrolladas las mismas capacidades que otra -o al menos no en el mismo nivel-. El modelo educacional chileno debe dejar de ser un “comunicador de información” para transformarse en un “impulsor de capacidades individuales en beneficio del colectivo o sociedad”. Este nuevo modelo dará a los jóvenes estudiantes de hoy las herramientas necesarias para que ellos mismos sean los gestores de su propio desarrollo, permitiéndoles de ésta forma, llevar a cabo diversas iniciativas económicas, expandiendo así, en mayor medida, el abanico económico chileno concentrado en la exportación de materias primas y alimentos no primordiales (por ejemplo las frutas), que condenan a millones de chilenos a la cesantía cada 10 años debido a los ciclos de recesión económica que caracterizan a la economía neo-capitalista o de libre mercado.

Por último, tenemos el tercer obstáculo para el desarrollo cultural de la región: la valoración de la cultura y la gestión cultural.

Dadas las condiciones de desertización (erosión de los suelos debido a su uso), la constante baja en la cantidad de agua presente en la región para el riego (retroceso de los glaciares andinos e inviernos más secos), la cada vez mayor tecnologización de la agricultura (con la consiguiente disminución de la necesidad de trabajadores agrícolas) y la imposible extensión de la minería del cobre por 400 años más, no pueden ampararse en los pilares sobre los cuales descansa su economía hoy en día. Sin embargo, el gran salto cuantitativo y cualitativo que sí puede cambiar el curso de la historia futura de nuestra región es la industria del turismo cultural.

El turismo cultural se sustenta en la prestación de servicios personales, los cuales descansan en el inagotable manantial constituido por el patrimonio tangible (edificios históricos, lugares de interés, etc.) y el intangible (vivencias, tradiciones, etc.), riqueza que se encuentra presente en forma extremadamente abundante en nuestra Región de O’Higgins (en muchos casos, sin ser visto ni por autoridades, y en muchos casos ni por los mismos habitantes).

Por eso, para generar servicios de calidad, que apunten a la construcción de una industria sustentable en el tiempo, a prueba de crisis económicas, las instituciones comunales -municipalidades de la Región de O’Higgins- deben entender que uno de los fundamentales caminos para alcanzar el desarrollo de sus comunas, es el turismo y/o desarrollo cultural. Según esto, han de velar por contar con profesionales capacitados en el área de la gestión cultural, para que éstos sean los encargados de crear instancias de desarrollo independientes del clima y los mercados internacionales, dotando a la comuna de medios de desarrollo independientes, convirtiendo a la población local en su propio motor económico.

A modo de síntesis, la solución a los problemas de desarrollo de la Región de O`Higgins pueden finalizar si los tres obstáculos anteriormente descritos son solucionados a través de la implementación de un programa de trabajo que contenga, al menos, las tres soluciones básicas mencionadas en este artículo. Sin embargo, para ello es necesaria la colaboración de toda la sociedad de nuestra región…

Es hora de hacer lo correcto… y quien desee comenzar este arduo y apasionante trabajo, ¡cuenta con todo nuestro apoyo!