domingo, 12 de abril de 2009

La Prensa Popular y la Prensa Sensacionalista durante la Transición


Tratamiento a “lo Popular” y Configuración de Ideario en los Diarios Chilenos

Jorge Díaz Arroyo
Profesor de Historia y Geografía
Licenciado en Historia

Itinerario para un presente (1970 – 2008)

Es tema conocido en el ambiente académico y vinculado a lo medial en Chile la falta de pluralismo y diversidad de miradas en la prensa, particularmente en la prensa diaria impresa. Se han hecho innumerables estudios al respecto; se ha discutido permanentemente en seminarios, ya sean gremiales, ciudadanos, de políticas públicas, de transparencia, de desarrollo democrático, etc. Durante estos debates y estudios, se han logrado establecer los siguientes hitos, en torno a los cuales hay un relativo consenso:

a. Existía antes del golpe militar una multiplicidad de medios de prensa, ya sean diarios y revistas, con diversidad de miradas, que discutían el acontecer político, económico, social y cultural del país, y que en su mayoría contaban con una importante lectoría (Dermota, 2002 y Santa Cruz, 1988), la que implicaba, en consecuencia, el posesionamiento de la sociedad (lectora) en los temas de la nación, a la vez, con diversidad de miradas; puntos de vista, la cual fue creciendo en posturas antagónicas, excluyentes, agresivas, las que en muchos casos fueron alentadas por la prensa; reflejo, causa y/o consecuencia del momento y circunstancias del país (Donner, 1985A, y Donner, 1985B). Cabe agregar que esta masa lectora incluía a todos los sectores sociales y económicos, ayudado esto en que en muchos casos existían medios dirigidos a un segmento específico de la población, pero, abarcando ellos, en casi todos los casos, los distintos grandes temas en discusión de la época, adaptándolos al estilo y sensibilidad política de cada periódico y a su público objetivo.

b. Tras el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas y de Orden cerraron, clausuraron, expropiaron y bombardearon una cantidad de medios allegados o simpatizantes del derrocado gobierno de la Unidad Popular terminando con esta diversidad de miradas, tendencias y afectos (hoy llamados “sensibilidades”) existentes en la prensa del momento, privando a su vez a los lectores de la información a través de esos distintos medios.

c. Con la apertura política verificada a mediados de los ochentas, aparecieron una serie de medios de oposición a la dictadura -revistas como Apsi, Análisis, Hoy y Cauce entre las más conocidas (otras como El Siglo o Punto Final funcionaban en la clandestinidad) y también circularon dos diarios, a saber Fortín Mapocho y La Época- que aunque con escaso avisaje publicitario, se sostenían gracias a una importante lectoría y a la ayuda internacional que solidarizaba con los grupos que en Chile se oponían a la dictadura (Dermota, 2002 y León, 2005).

d. Al llegar la democracia, se implementó la llamada “política de los acuerdos” o “consensos” entre el gobierno de la Concertación (proveniente de la oposición “constitucionalista” al régimen de Pinochet) y el saliente gobierno militar, llevándose en consecuencia la transición a la democracia en los marcos rígidos señalados en la constitución de 1980, negociando con el poder fáctico, liderado principalmente (y desde la comandancia en jefe del ejército), en los primeros ocho años por el mismo y aún poderoso general Pinochet. Respecto a los medios, esta política implicó el silenciamiento de aquellos elementos que pudiesen levantar voces disonantes, alternativas o de crítica al modelo político de transición y se resume en la expresión de Eugenio Tironi, asesor comunicacional del presidente Aylwin, que sentencia: “[de parte del Estado] la mejor política comunicacional es no tener política comunicacional” (Cavallo, 1998 y Dermota, 2002).

e. Consecuencia de lo anterior, el Estado no promovió la diversidad en la prensa chilena en general, consolidando el poder que en ese momento detentaban en figuración diaria los matutinos El Mercurio y La Tercera , ambos vinculados a la derecha afín al saliente régimen. Estos medios, a fines de la dictadura estaban al borde de la quiebra (ambos) y fueron salvados “mañosamente” por altos directivos del Banco del Estado del momento, a contrareloj, en movimientos turbios y lesivos para los intereses del banco (y por tanto, del estado), lo que terminaría meses después en los tribunales e incluso con la cárcel para Álvaro Bardón, uno de los artífices de la maniobra, aunque con los dos matutinos ya “a salvo” (Dermota, 2002). Por otro lado, los medios que mantuvieron una valiente y perseverante oposición a la dictadura (con muertos, atentados, censura y hostigamiento como consecuencia) fueron cayendo poco a poco, lo que se explica por la combinación de los siguientes factores: 1) la detención del apoyo internacional a estos medios, normalizada la situación en Chile, para los recursos ser dirigidos a otros puntos del globo con necesidades más apremiantes; 2) el prácticamente nulo avisaje en estos periódicos por parte del empresariado nacional, altamente desconfiado del nuevo gobierno democrático y de los medios que se opusieron al régimen militar del que gran parte del empresariado se sentía (y probablemente aún se siente) adherente (Sunkel y Geoffroy 2001, p 110); 3) La falta de una política de apoyo, protección o promoción del gobierno entrante a los medios de comunicación en general, que permitiera -en el contexto ya expuesto en los puntos 1) y 2)- el pluralismo y diversidad de expresión/comunicación y el paralelo derecho a ser informado o libertad de información (Krohne, 2005). Pese a lo saludable que resultaba la diversidad y la discusión abierta y plural de una prensa responsable e independiente en una democracia que comenzaba a caminar y que se enfrentaba a fuertes poderes fácticos empeñados en mantener el status quo del régimen anterior, el gobierno, bajo la premisa de que “la mejor política comunicacional es no tener política comunicacional”, dejó morir los otrora medios de oposición a la dictadura y con esto contribuyó a consolidar a un duopolio opositor que a semanas de la llegada de la democracia, estaba al borde de la quiebra; 4) Hay que agregar finalmente un presunto cansancio de los lectores de la prensa de izquierda, respecto a temas de denuncia, reivindicación, crítica y demandas varias, inflexión que habría sido generada por el ambiente suscitado en las diferentes votaciones efectuadas en los últimos dos años de gobierno militar, en las cuales el bloque triunfador (la Concertación) propiciaba un clima optimista, de restauración, alegre y positivo, lo que, en gran medida le valió la victoria. En consecuencia, los editores de estos medios, llamados de trinchera, no habrían sabido hacer los ajustes editoriales para adaptarse a la nueva realidad, “miscelanizando” (aún más) sus contenidos, y quitándoles el carácter de “protesta” que alguna vez se les pudo asignar. Los lectores, por tanto, se habrían ido a revistas y diarios menos confrontacionales e inconformes, medios que, en definitiva, estaban en manos de editores afines a la derecha (Dermota, 2002 y León, 2005)

f. Al desaparecer los medios que ponían una voz de izquierda en el escenario medial nacional (todos los ya mencionados perecieron en plena transición democrática, menos El Siglo, del Partido Comunista de Chile y la “histórica” Punto Final que además eran anteriores a la misma dictadura), el mercado editor quedó en manos de grupos afines al mismo modelo económico, al mismo consenso político, al mismo bloque político partidista, a la misma valoración del gobierno militar y a la misma agenda valórico-cultural. Con matices en estas adhesiones, estos medios, tras el colapso de las publicaciones de izquierda, quedaron en completo dominio del “kiosco nacional”, paradoja si se considera que es una situación similar (aunque de origen menos dramático, de igualmente graves consecuencias) a la que continuó al golpe de estado de 1973. Se consolidaba de esta forma la concentración y el duopolio El Mercurio – COPESA (Dermota, 2002; Sunkel y Geofrey, 2001, Krohne 2005).

g. No obstante, y sin olvidarnos de esfuerzos anteriores (como por ejemplo El Metropolitano), a partir de la sorpresiva detención en Londres del general (r) Pinochet, algo pareció abrirse en el alma nacional, un velo que se descorrió a un océano de distancia, pero que iluminó (al principio tibiamente) rincones, estimulando fibras que detonaron en una explosiva aparición de medios de prensa que en definitiva vinieron a renovar el periodismo escrito nacional, agregándole (en distinta medida) cuotas de frescura, irreverencia, investigación y denuncia, casi todos con una sensibilidad de izquierda (The Clinic , El Periodista, Diario Siete –nacido como revista Siete + 7– y Plan B , entre los principales) (Díaz, 2006). No obstante, subsiste el desamparo respecto a políticas del Estado en cuanto a promoción de la libertad de expresión y pluralismo de los medios de comunicación, sumado a la falta de avisaje privado a las publicaciones disonantes con su postura política, lo que ha seguido complotando con la supervivencia de muchas de estas revistas y diarios (cerraron Diario Siete y Plan B), mientras el resto subsisten en una precaria condición (El Periodista, por ejemplo). Otros se han consolidado como el irreverente The Clinic.

La prensa en Chile y su tratamiento a lo popular (1960s – 1990s): Los casos de Clarín , La Tercera y La Cuarta

La Tercera nace en 1950 “como un diario de corte populista, con énfasis en contenidos deportivos y policiales, con atrasada tecnología y baja calidad de impresión” (Santa Cruz, 1998, pp 74 – 75). Su lema será “el diario que llega a todos los chilenos” y confiesa que buscará “el beneficio de los más humildes”.

Sobre el tratamiento a lo popular del periódico, Sunkel (1989, pp 93 -95) explica que:

La opción de La Tercera por el pueblo puede caracterizarse por una opción por “los desamparados” …. Sin embargo, esta situación será presentada como una tragedia individual o derivada de una casualidad del “destino” o de la “mala suerte”. Y si la condición de “los desamparados” es definida como una tragedia individual, entonces, La Tercera también va a proponer soluciones para esta tragedia que sean de carácter individual. Un segundo rasgo que define la opción de La Tercera frente al pueblo se expresa en el hecho que este diario no reivindica la lucha de “los pobres”. …. La Tercera va a dar cuenta de los sectores obreros y campesinos en la medida en que se sitúan en el campo de las relaciones laborales (y, por tanto, en el contexto de la lucha reivindicativa) pero no va a constituir a estos sectores como actores políticos.

Es por tanto para este autor, de un “populismo conservador”.

En cambio, el diario Clarín , aparecido en 1954 “tiende a reivindicar (y, sobre todo, a exaltar) la lucha de los marginales frente a ‘los ricos’ …. Clarín tiende a construir la división entre ricos y pobres en la forma de antagonismo –lo que da lugar a una suerte de ‘populismo progresista’ –”, constituyendo a estos sectores –obreros y campesinos– en actores políticos. No obstante, al mismo tiempo también hará el relato de sus tragedias, crímenes y pasiones. (1989, pp 93 -95)

Estas diferencias entre La Tercera y Clarín , serán consideradas un plus por la primera, empeñándose en hacerlas notar: “La Tercera buscará ‘el beneficio de los humildes y los desposeídos’ frente a quienes expresan ‘críticas ácidas con resentimiento’, …. frente a quienes se colocan ‘la etiqueta partidista’, La Tercera tendrá ‘independencia de criterio frente a todos los acontecimientos’˝. (Alvarado, 1997, p 36)

También, se pueden encontrar otros contrastes, esta vez de estilo. Mientras Valdebenito, ya en 1956, reconocía a Clarín como un “tabloide, que se ha caracterizado por sus violentas campañas” (p 79), La Tercera se enorgullecerá en ser un medio “respetuoso”, que, evitando el lenguaje grosero, permitirá que sus contenidos puedan “ser leídos por hombres, mujeres y niños”, de este modo podrá honrar su autoproclamada definición como ˝el diario que llega a todos los hogares˝ (1997, p 36).

No obstante, La Tercera es de igual forma un diario sensacionalista, pues explotaría el lado humano de las situaciones y noticias, apelando a la subjetividad y emocionalidad de los lectores. “Además en el tratamiento de las temáticas los recursos tipográficos aparecen desproporcionados respecto de los textos noticiosos, elemento típico del sensacionalismo”. (1997, p 37)

Tras el Golpe de Estado y el cierre de medios de izquierda, como Clarín , solo La Tercera quedó ocupando el nicho “popular”, con las características editoriales aquí descritas. Sin embargo, a mediados de los ochenta, este diario comenzó a intentar convertirse en un medio dirigido a la clase media (Ríos, 1996) y posteriormente, ya en los noventa aspiraría incluso a tener como público objetivo, el ABC1. (Del Río, 2005 y Díaz, 2006)

Esto implicó que tendría que abandonar como mercado objetivo a su público “popular”, por lo que ideó un nuevo periódico con el fin de cubrir este nicho. Así nace en 1984 La Cuarta.

Dermota (2002, pp 461-462) le ve el “lado amable” a este diario, en el estrecho contexto medial existente en Chile:

Pobre La Cuarta . Las fotos de mujeres en paños menores y el sensacionalismo son tan repugnantes que incluso los periodistas se rehúsan a ver lo bueno que tiene el diario … en lo que se refiere a redacción de noticias, va al meollo del asunto mucho más rápido que El Mercurio y La Tercera …. y da bastante más cobertura a temas que preocupan al ciudadano común, las actividades religiosas de las organizaciones no católicas, los programas de prevención de drogas comunitarios o las elecciones sindicales.

Agrega en su estudio que el periódico “está dirigido a los estratos económicos chilenos C3 y D (clase media baja y clase baja alta), que representa a un 46 por ciento de la población, pero con menores ingresos disponibles.

Pese el positivo cuadro expuesto por Dermota, debemos hacer algunos matices. Luego de los 17 años de dictadura, la supresión de los partidos políticos, la persecución a los adherentes y dirigentes del régimen depuesto, la satanización de la política y de los “señores políticos” (como solía llamarlos socarronamente Pinochet) y el apagón cívico, cultural y educacional vivenciado, esta cierta amplitud en tratar los temas que tendría La Cuarta es francamente “inocua” para el sistema político-económico dominante, no constituyendo un medio crítico con una visión políticamente “alternativa”, en cuanto a que el público al que va dirigido es el que probablemente más duramente ha padecido las consecuencias (culturales-educacionales) de la dictadura. Si antes del Golpe las clases populares, al igual que las medias y alta, participaban del debate político y social en Chile, hoy difícilmente estas entienden el meollo de las discusiones estructurales (diversos estudios indican que la mayoría de los chilenos no comprenden lo que leen). Tal vez Dermota no logre advertir que los temas de connotación sexual, la crónica roja, lo morboso, sensacionalista, etc. es lo que gatilla hasta entrado el siglo XXI el éxito en ventas de La Cuarta y que las otras notas, sindicales, de organizaciones comunitarias, iglesias evangélicas, etc., no son otra cosa que el necesario acompañamiento donde las masas lectoras puedan ver reflejado “pintorescamente” sus realidades cotidianas, más sin un tratamiento crítico, problematizador o de cuestionamiento a la estructura política mayor. Sunkel (2001) ha probado que lo que más interesa a los lectores de La Cuarta son los crímenes pasionales, la violencia en su cariz más subjetivo y dramático, matizando que esto más que parecer “sensacionalismo” para los lectores del diario, sería apreciado como “realismo”, lo que hace plantearse a nuestro autor si acaso la etiqueta de prensa sensacionalista no sea solo un prejuicio de la elite. Habría que decir que en esto último, no estamos en pleno acuerdo con Sunkel.

El sensacionalismo, a nuestro entender, sería la apelación fácil a lo subjetivo, como gancho más inmediato o efectivo para ganar la atención del lector o potencial comprador. Sería en este caso, un recurso fácil y efectista, y precisamente por ello sería un eficaz enganche para los “lectores populares”, que por formación o falta de ella terminan siendo los lectores objetivos de la misma (pero no los únicos, necesariamente), en parte, porque es una lectura que les resulta accesible, comprensible y apelante a su imaginario (es un dato de la causa, más allá de cualquier prejuicio, que en Chile la pobreza material suele estar ligada con deficiente o mala educación y por tanto, una limitada capacidad crítica formal, de parte de quienes la padecen). En un ejercicio más ético y comprometido con los principios periodísticos más tradicionales y “emblemáticos”, sin perder efectividad se podría también hacer un tratamiento más significativo a las noticias. La Cuarta , en nuestra opinión, no lo hace, simplemente por una cuestión de comodidad, pereza, planeamiento y concepción ideológica y los buenos resultados que esta estrategia editorial ha logrado hasta el momento. Podría obtener igual o más respuesta si agregara al periodismo que ya hace, factores o elementos más atingentes y pertinentes a los intereses políticos, sociales y estructurales de las clases populares y a los desafíos que a ellos les depara la sociedad del siglo XXI (y no tratándolos tan solo de forma tangencial), sin por ello perder efectividad de ventas. Es inevitable, para este concepto, recordar el éxito editorial y de ventas de periódicos dirigidos a los grupos populares, que no evadían abordar los temas políticos, económicos y sociales con profundidad y protagonismo en su paleta diaria de contenidos. Son los casos de El Clarín, del que ya hemos hablado, o de El Fortín Mapocho, cuyo titular del día siguiente al plebiscito de 1988 recorrió el mundo: “Corrió solo y llegó segundo”.

En tal sentido el tratamiento de lo popular que hace La Cuarta es similar en cuanto a alcances políticos y de clase a lo aquí expuesto sobre los primeros años de La Tercera. Por lo demás, ambos medios vienen de la misma casa editora, COPESA.

En tal sentido, resulta revelador para poder apreciar estas similitudes ver su declaración de principios contenida en su primera editorial. Allí La Cuarta declaraba:

“¿Sabe cual es la idea? Que seamos amigos …. ¿Y por qué va a ser amigo nuestro? Sencillamente porque La Cuarta pretende identificarse con quienes siempre han estado como dejados de la mano de Dios”

….

“Pero los amigos deben ser sinceros y francos y no andar con santos tapados. Por eso le queremos contar la firme desde la partida.

No queremos que esta tribuna se convierta en un foro político. Ni a favor ni en contra de las autoridades. O de quien sea.

Por desgracia, siempre la política es centro de discordia y antagonismo y usted comprenderá que esos sentimientos no concuerdan con la amistad que le estamos pidiendo y le estamos ofreciendo” (2001, p 65)

La prensa diaria y lo popular hoy (2000 - 2008)

Ya trazado el como se configuró el escenario medial chileno actual y la trayectoria de la prensa popular de las últimas cuatros décadas del siglo XX, es necesario abordar una reflexión acerca de la actual realidad en cuanto al tratamiento de lo popular por los principales diarios de alcance nacional y la consecuente configuración de ideario, que de ellos se desprende.

Desde fines de los 90s, Las Últimas Noticias (periódico editado por la cadena El Mercurio) comenzó, al principio sin que llamara particularmente la atención, a titular con noticias de alto interés masivo, más no siempre consideradas convencionalmente “relevantes” en términos de la prensa seria. No resultaba extraño que cada vez con mayor frecuencia apareciera en portada con titular y foto el “matador” Marcelo Salas haciendo gala de sus hazañas en la Lacio del fútbol italiano o alguna información derivada de algún programa o figura de televisión. Esto resultó llamativo y novedoso e hizo que cada vez más lectores, ante la oferta, complementada por los otros diarios, se decidiera por la atractiva promesa del titular de La Últimas Noticias. Este periódico hasta entonces estaba cayendo progresivamente en su nivel de ventas y lectoría, encontrándose amenazado por la quiebra y sin encontrar una identidad ni a un público cautivo en el panorama medial diario de la época conformado además por el serio El Mercurio, el ascendente y aspiracional La Tercera, el popular La Cuarta y el oficialista La Nación. Alentada por los buenos resultados, Las Últimas Noticias extremó la estrategia hasta el paroxismo, instalando la más desmedida prensa sensacionalista, amarilla o de “farándula”, como criollamente se le llamó, genero de ya dilatada tradición en Reino Unido y Estados Unidos pero que en Chile no se había presentado con tal agresividad. (Díaz, et. al. 2005)

De ser uno de los diarios menos leídos del medio local, Las Últimas Noticias pasó a derrocar a La Cuarta como el de mayor venta en Chile (sin por esto, volverse necesariamente un diario de corte “popular” sino tan solo, “sensacionalista”). Ante esto, “el diario popular” de COPESA debió reaccionar siguiéndole y girando a las noticias de farándula y dejando atrás el titular hasta entonces frecuentemente vinculado a crímenes pasionales o de connotación sexual que había explotado con éxito por más de una década.

Pese a ello, La Cuarta conserva las características mencionadas por Dermota líneas más arriba en cuanto al tratamiento e inclusión de noticias y actores con más amplitud que el resto de la prensa diaria y también, con las limitaciones que le sindicamos posteriormente.

A su vez, para Las Últimas Noticias y extremado el sensacionalismo, lo “popular” solo será tema en cuanto a lo curioso, patético, morboso, excéntrico o raro. Han sido ejemplos paradigmáticos la “abuelita de Tunick” una mujer adulta mayor que participó en el masivo desnudo fotografiado por el artista norteamericano en Santiago el 2002, u otra señora que en plena protesta en la capital, durante el saqueo a una tienda, no tuvo mejor idea, mientras pasaba por ahí, que robar un mueble mientras era grabada por las cámaras de seguridad del local. Esta última mujer terminó de panelista por exiguas semanas en un programa de farándula transmitido por televisión. Precisamente es la televisión el medio que de modo más fiel ha seguido y replicado generosamente el formato trazado por Las Últimas Noticias en cuanto a información de farándula, generando críticas en el ambiente, pero también gran audiencia y mucho dinero.

En cuanto a la prensa seria (El Mercurio, La Tercera y La Nación): la percepción generalizada que se tiene de ella es que “solo están representados los que tienen dinero, los empresarios que están vinculados con los dueños de los medios y los que tienen poder, es decir los políticos y militares así como los que tienen prestigio, artistas y periodistas” (Rebolledo, 2000).

A modo de Conclusión.

El tratamiento a lo popular en la prensa diaria impresa de carácter nacional, queda de este modo, atrapado entre un duopolio que a su vez impone una valoración y visión político-económica en el país, al tiempo que, invisibiliza a las clases populares como sujeto noticioso, recluyéndolas a lo policial, delictivo, pintoresco o derechamente exótico; Por otro lado, los dos medios de más importante lectoría en el país, y por tanto, también en las clases populares, son principalmente medios de “farándula”, sensacionalistas reduciendo de este modo la paleta noticiosa que reciben sus lectores, o derechamente, dándole a los temas no “farandulescos” un tratamiento superficial, apelativo meramente a la reacción emocional e inmediatista, a la lectura por entretención, a la información por consumo, y a la supresión del rol periodístico tradicional (El prestigioso periodista Fernando Paulsen señalaría en 2005 que “Las Últimas Noticias es al periodismo, lo que la pornografía al amor” – Díaz, et. al. 2005 –).

No se ha estudiado con total profundidad el impacto que este tipo de prensa podría tener en la ciudadanía. En otros trabajos hemos deslizado que sería el actual “opio del pueblo” de nuestra época (Díaz, 2006, p 94), y en esto, hemos considerado que el opio fue utilizado no solo como evasión y distracción sino también que constituye un vicio y que se verifica con su consumo un importante deterioro intelectual (también ha sido utilizado como arma –las guerras del opio–). A falta de verificaciones, estudios y resultados más académicos, solo podemos deslizar lo preocupante del fenómeno en una sociedad como la chilena en que no solo hay una poca lectura, sino además existe aproximadamente un 70 por ciento que no comprende lo (poco) que lee. Convengamos en que la prensa de farándula no contribuye a una lectura crítica, que permita o estimule el desarrollo de categorías de análisis mayores o complejas y que, tal vez lo peor, desliga a los actores sociales (los lectores) de la contingencia y la agenda noticiosa “seria”, es decir, los debates relevantes con efecto en la vida diaria y el futuro de ellos mismos como sujetos sociales, políticos y económicos. Siguiendo un razonamiento conspiracionista, hay quienes ven en esto un empeño deliberado por parte de poderosos grupos económicos en usar a estos periódicos como “medios de distracción masiva” que hagan que los lectores desvíen su atención de los asuntos estructurales que se discuten en el país, para dejar más libre y manejable la agenda política, permitiendo a estos “grandes” interesados actuar con menos distracciones, pies forzados y presiones de parte de la opinión pública y la ciudadanía. Para otros como Paulsen, la opción de los grupos mediales por el periodismo de farándula, no es motivada más que porque es un muy buen negocio, y no habría más misterio (2005). No obstante, es posible que, en distinto grado, ambas variables se combinen y “coexistan”.

Este diagnóstico es grave y preocupante si consideramos el rol que deben cumplir los medios de comunicación y particularmente la prensa, en una comunidad moderna y democrática. Como hemos expuesto, nuestra sociedad se encuentra mediatizada entre dos fenómenos cual de ellos más lesivo: la concentración y el duopolio económico e ideológico y la farandulización de la prensa con más lectoría en el país. En ese contexto, el tratamiento a lo popular es insuficiente y lo peor, la configuración de ideario que por su efecto la prensa genera en las clases sociales en general y las populares en particular, resulta nefasta para la promoción de la misma; su inclusión activa (y participativa) en las políticas públicas y temas país; el progresivo retroceso del prejuicio, la discriminación y el estereotipo y el fortalecimiento de la identidad. En suma, el tratamiento e impacto de la prensa en las clases populares es otra muestra de exclusión y desigualdad en nuestra sociedad, cuestión que de no ser subsanada por agentes externos, como gobierno, empresarios de las comunicaciones u otros emprendimientos “exógenos” tal vez solo lo sea resuelto por la acción de estos mismos actores sociales, las clases populares, mediante las nuevas formulas y mecanismos de comunicación permitidos por la tecnología, más las capacidades de gestión y organización de ellos mismos.

Como colofón, valga señalar que hoy, en la prensa diaria impresa de circulación nacional, solo La Cuarta se reconoce como un medio popular. No obstante, la apelación a lo popular es cuestionable, dado que no es un medio que surja por iniciativa de las clases populares, sino más bien como una estrategia de segmentación comercial hacia estos sectores. En consecuencia, en Chile no hay prensa popular. No al menos en la prensa diaria.
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