domingo, 12 de abril de 2009

El Secreto de Viajar: Ollahue no es la Misma Frontera Para Todos


Conociendo a un estereotipo de viajero

Texto y fotos
por Rodrigo Ojeda
Profesor de Historia y Geografía
por la Universidad de Playa Ancha

Estaba tomando sus decisiones Tao del modo más directo y sencillo. ¿Cual es tu camino, tío? camino de santo, camino de loco, camino de arco iris, camino de lo que sea. Un camino a cualquier parte y de cualquier modo.
Jack Kerouac, En el camino

Nuestras vidas realmente no nos pertenecen, pertenecen al mundo y a pesar de nuestros esfuerzos por darle sentido a éste, el mundo es un lugar que va más allá de nuestro entendimiento.
Paúl Auster.

Reflexiono libremente sobre un viajero solitario mezclando literatura, cine, azar e ideología.

Al colombiano lo conocí de paso en el bus de Uyuni a Calama que partía a las cinco de la mañana. Nadie quiere pagar alojamiento por un par de horas de sueño, entonces, hacinados en la agencia, esperamos.

Este hombre, de menos de treinta, pocas palabras, viaja solo hace más de un año, con aires de desprendimiento material. Esta sola referencia hace recordar varios estereotipos trabajados por la literatura y el cine. Este hombre comía habas crudas y semillas de maravilla. La reflexión era simple: “los animales no cocinan sus alimentos y si nosotros somos animales tampoco necesitamos hacerlo”. Este hombre viaja haciendo artesanías con semillas y mostacillas, otro elemento del este-
reotipo del jipi viajero.

Entre las referencias del cine a viajeros solitarios, la más reciente que recuerdo es: “Into The Wild” dirigida por Sean Penn (actor) con música de Eddie Vedder, donde la premisa de la película es la de un joven exitoso que busca alejarse del materialismo que lo rodea y se desprende de todo para seguir un viaje a Alaska, donde coexistirá con la naturaleza. Por las reflexiones del protagonista, con referencias a Tolstoi y Thoreau, se podría enmarcar dentro de una tradición ideológica de oposición a la vida moderna, desde un riguroso código moral; tan riguroso, que podría terminar separado de la sociedad.

No es una, sino varias ideologías contraculturales las que a lo largo de la modernidad se han opuesto a ella; formas de anarquismo, pacifismos, jipis, religiosos, etc. muchos de ellos crearon comunidades para vivir en la naturaleza. Pero esta opción del viaje obliga a estar solo y por ahí puede ir la diferencia con las ideologías, pues estas buscan el cambio; no solo individual, sino de un grupo: la sociedad.

A su vez, el vínculo entre la historia de la película y el colombiano llegando a Chile; es la soledad del viaje y un código moral (no puedo decir que tan riguroso).
No lo conocí lo suficiente para conocer el código moral que lo regía, pero hacía ver que su viaje no era el de un mero turista que busca sacar unas cuantas fotos como recuerdo; el viaje en sí era lo importante, quizás probarse a sí mismo, sobrevivir, trabajar si la artesanía no alcanza y pedir comida si es necesario. El no era un turista.

Le pregunté por la soledad y claro que la sentía -y a veces dura- pero el camino le daba buenas compañías: otros viajeros, lugareños, camioneros, etc.; gente, otras personas, en principio distintas personalidades e idiosincrasias que podrían dificultar la comunicación, pero nada de eso, casi siempre se han mostrado compasivos con el viajante.

Puede ser que este joven colombiano no buscase seguir ninguna ideología ni tampoco el desarrollo y conocimiento espiritual, pero lo que sí es interesante para él y otros viajeros es el azar.

Que el azar te ponga en situaciones impensadas, con gente de las características más variadas, con historias ordinarias y extraordinarias; el avanzar y descubrir la complejidad de redes que tiene el mundo y sentirte parte de ese entramado, sentirte precario casi siempre y a la vez fortalecido de las experiencias; cada vez más humilde, cada vez más seguro, cada vez más tranquilo.

Con tantas historias y lugares, me sorprendió el asombro con que tomaba cada situación vivida, todo lo contrario a la soberbia de quien no viaja escudándose en prejuicios.

Esperamos un buen rato en el paso fronterizo de Ollagüe. En medio del altiplano: un bus, un volcán, y la línea férrea. Ya era Chile, aunque por el paisaje podría seguir siendo Bolivia. Aún así, la idea de cruzar a este país al colombiano lo ponía contento. Más contento que un chileno que vuelve a su país, porque lo suyo era llegar al fin del mundo, el país más lejano del cono sur, ese lugar que se veía distante desde su partida. ¿Cuán lejano puede ser nuestro país para un colombiano? O ¿será que viajar durante un año entero a dedo por América Latina hace que cada país más lejano se vea más exótico, más distinto a nuestros imaginarios y, por lo tanto, más sorprendente?

Nunca se acabarán los viajeros que andan en busca del crecimiento personal a partir del cúmulo de historias que llevan a cuestas. Mientas existan, habrán otros que los interpreten, con o sin razón, como respuesta ideológica al mundo moderno. El azar también seguirá existiendo y éste te encuentra hasta en tu propia casa, pero hay gente que lo fuerza o, mejor dicho, sale a su encuentro… y se maravilla de lo que consigue.


“El anonimato en el mundo de los hombres es mejor que la fama en los cielos, porque, ¿Qué es el cielo?, ¿Qué es la tierra? Todo ilusión.” (Jack Kerouac, En el camino)