sábado, 11 de abril de 2009

Dame una Palanca y Muevo al Mundo


Un joven chileno, oriundo de San Francisco de Mostazal, región de O’Higgins, vive, en primera fila, desde el corazón mismo de los Estados Unidos, uno de los fenómenos políticos más relevantes de lo que va del milenio. Acostumbrados a informarnos de las grandes noticias internacionales por los a veces fríos reportes de televisión y prensa internacional, aquí está el fenómeno Obama, como si estuviéramos en la primera línea. ¡Adelante Juan Pablo!...

Juan Pablo Vásquez Bustamante
Licenciado en Historia y Licenciado en Educación
Por la Universidad de Playa Ancha
Fotografías de Adam Esrig

Un hombre no mueve al mundo, por más que quiera. Si aquella frase inicial fuera mediana-mente cierta, el secreto entonces, aunque parezca redundante, estaría en la propia palanca.

Cada cierto tiempo emerge algún vendedor de ilusiones que dice tenerla. Algún encantador trazador de esperanzas que parece haberla encontrado.

Cada cual provoca el escándalo que pueda según sus capacidades y según el hambre de creer en algo y las ganas de confiar que tenga la gente.

Y, precisamente, en los últimos dos o tres años, acá en los Estados Unidos, se ha hablado de cambio y esperanza. Conceptos que se han regado por el mundo y que terminaron imponiéndose en las últimas elecciones presidenciales en este país. Ideas que no sólo lograron convencer a la ciudadanía norteamericana, o que solo se quedaron encerradas en las urnas. Se trata de un fenómeno complejo y relativamente diferente que logró, por un lado, generar un remezón político y social dentro de su propio país, y, por otro, establecer una especie de candidatura multinacional.

Hace tres años, un muy joven senador por Chicago, desconocido, pretendía ser parte del proceso de primarias presidenciales de su partido, el democrata. Solo dos años atrás, ese mismo senador, sin llegar a ser alternativa real, y sin el apoyo del establishment del partidario, se consolidaba entre el cuarto o quinto lugar en aquellas primarias según las encuestas. En febrero pasado, aquella ex promesa se convertía en la sorpresa de un camino largo que recién comenzaba y que, según todos los pronósticos, iba a recorrer llegando en un meritorio segundo lugar.

Ese mismo senador por Chicago hizo que miles de chilenos se unieran a redes virtuales, que donaran dólares por internet. Hizo que nuestra clase política, transversal y multipartidariamente, se adjudicara supuestas cercanías y sensibilidades con las ideas a esas alturas ya tan de moda. Más aún, hizo que gran parte de la prensa nacional notoriamente se parcializara, tanto que varios de los mismos tan respetados y creíbles periodistas con pública sensibilidad progresista (y concertacionista) -particularmente estoy pensando en dos- que hace diez años tanto criticaban el CAMBIO y la propuesta de selección nacional durante la campaña presidencial de Joaquín Lavín, por carecer de contenido, hoy celebraran absolutamente el CHANGE, HOPE y todo aquel discurso y propuesta tan lleno de ambigüedades y que resalta además claramente la cultura del empate.

Ese mismo senador, Barak Hussein Obama es, incuestionablemente en términos intelectuales, superior a la media en el mundo de la política. Sus pocas semanas en el gobierno han traído más cambios progresistas que los ocho años completos de Bill Clinton. Sin embargo, aquello no significa que su gobierno alcance para que haya efectivamente esperanzas en un cambio profundo en el sistema norteamericano y su política internacional. Y tampoco es él por sí solo lo realmente interesante de su triunfo y su fenómeno.

Como en la gran mayoría de las temáticas, para encontrar el contenido hay que irse al centro y empezar a buscar entre líneas. La portada de un libro, por asertiva que sea, es sólo eso, una imagen y un nombre acerca de algo.

Hay tres tipos de votantes para Obama.

Primero, el voto duro del Partido Demócrata. Quienes de todas maneras hubiesen votado por él o por Hillary Clinton.

Un segundo grupo seria el voto afroamericano popular. Personas poco acostumbradas a la discusión política. Gente que en general no vota o prefiere hacerlo por los demócratas, en una mínima parte apoyan a los republicanos. Sectores de la población que ocupan lugares dentro de las masas trabajadoras y las clases bajas y media baja. Para algunos de los cuales Obama no sólo es un político talentoso o el primer presidente afroamericano. Personas, en su mayoría mayores, que ven en Obama una especie de mesías mortal que encarna en si mismo las palabras proféticas de Luther King en su “I Have a Dream” (su celebre discurso “Tengo un Sueño”).

En New Orleans, que es la ciudad de Estados Unidos que mejor conozco, la discusión política es pobre y acotada. Se trata de la ciudad más emblemática de un estado sureño y conservador, Louisiana. Allí la población afroamericana es enorme, las personas no se conforman con usar poleras con la cara de Obama, se venden imágenes de su familia, con el rostro de su esposa Michelle, camisetas de las hijas del presidente.

Un tercer grupo de votantes, son personas básicamente interesadas en política pero que suelen no participar en sus instancias formales: jóvenes de clase media, estudiantes; grandes masas de universitarios y profesionales jóvenes que jugaron un rol fundamental durante la campaña y el triunfo final.

La unión del segundo y tercer grupo es lo realmente interesante, lo que hace la diferencia y lo que al mismo tiempo me da para decir que el fenómeno que se muestra a través de la prensa en Chile, por lo menos en cuanto a masividad y arraigo popular, es real.

Ambos grupos tienen varias características. Juntos son un gran conglomerado que suele estar constantemente en descontento con la política de Washington, por posición, por convicciones, por perspectivas económicas o morales, etc. Se trata de personas que en general "no votan", y que en esta elección en particular generaron una multiplicación de la tasa de participación electoral.

Ambos sectores no se conformaron con volcar su esperanza en las urnas. Se trata de amplias masas que se movilizaron por sus ciudades y por el país; que aportaron con redes virtuales, con marchas y que recorrieron los Estados Unidos trabajando como voluntarios por Obama y Biden.

En palabras muy sencillas, es una suerte de unión de sectores populares, de clase media, media alta, intelectuales y profesionales. Todos de alguna manera descontentos y marginados o automarginados, que en esta ocasión, en vez de ignorar la eterna disputa por Washington entre Demócratas y Republicanos, entre Burros y Elefantes, prefirieron hacer la diferencia por Obama.
La duda entonces es claramente por qué; qué fue diferente ahora, si es que hay algo de diferente.
En primer lugar, lo obvio. Un gran porcentaje de votantes de Obama vivió la segregación cultural y legal. Es decir, para un enorme número de personas no se trata ni de los hijos ni de segundas generaciones, ellos mismo vieron y vivieron en carne propia las leyes y situaciones que les impedían desarrollar la vida de cualquier ciudadano; fueron esas personas quienes no podían beber café en cualquier lugar, que simplemente tenían prohibido sentarse en los asientos delanteros de los buses, que no podían ir a cualquier escuela. Esa misma gente que en términos legales era considerada inferior en pleno siglo XX, ahora celebró que uno de los suyos esté en la Casa Blanca como Presidente de la Nación.

Esto está íntimamente relacionado con el desarrollo de relaciones raciales e interraciales y de un largo proceso de reconocimiento como pueblo. Materias difíciles de entender y de explicar. Se trata del traspaso a través de las diferentes generaciones de ciertos patrones mentales que en determinado momento comienzan a trastocarse, y que ahora reciben un fuerte golpe en una especie de confirmación formal al trabajo de casi un siglo de luchas contra las secuelas sicológicas de la esclavitud y el constante socavamiento del sentido del ser y la autoestima colectiva de todo aquel pueblo.

Hay también una serie de características propias de Obama; su inteligencia, su carisma, su simpatía, etc. Tiene el apoyo de diversos personajes públicos con credibilidad; gente del mundo de la farándula y de la taquilla Hollywoodense, cosa que suele pasar en las elecciones con los demócratas, pero que esta vez llegó a límites casi insólitos. Tiene además el apoyo de actores serios, como Denzel Washington, artistas de culto, como Spike Lee, izquierdistas mediáticos, como Michael Moore, o el silencioso pero claro respaldo de la hija de Malcolm X.

Uniéndose a los dos últimos grupos de votantes mencionados, y generando el verdadero fenómeno más allá del Rock Star, está su propio origen y formación política. Se trata de un hombre de clase media intelectual, cuyo padre, quien fue el verdadero inmigrante, efectivamente cuidaba cabras en Kenya. Pero más importante que su origen personal, es que, al igual que muchos lideres afroamericanos, fuera de la universidad, se inició en política a partir de su iglesia, con los vecinos, organizando a la comunidad. Tal como le respondiera a Hillary Clinton en uno de los debates en la interna Demócrata cuanto ésta lo acusara de ser un abogado igual a ella: que mientras la esposa de Bill trabajaba en bufetes de abogados defendiendo a grandes empresas y corporaciones, él estaba en las calles de Chicago marchando entre la gente y luchando contra esas corporaciones. Aquello es real.

Lo que intento decir es que lo verdaderamente importante en términos del fenómeno político y social no es una cuestión puramente racial, ni de un político con credibilidad, ni de tener sensibilidad de izquierda, porque además, y entiéndase bien, Obama no es de izquierda, ni de viejos contra jóvenes, ni inteligentes contra tontos. Aunque aquellas cosas son parte del todo.

Se trata realmente de una fuente diferente desde donde nace el poder en la política, se trata concretamente de otro camino para llegar a la Casa Blanca, se trata de dejar de lado a corporaciones, dinastías y el establishment de los partidos. Se trata de la emergencia de un sujeto que surge de las mayorías, de sus propias capacidades y de la gente. Se trata de miles y millones en internet, de aquellos que salieron en la mañana temprano a sufragar por primera vez en sus vidas, de muchos que suspendieron vacaciones y viajaron a votar en el primer caucus[1] demócrata en New Hampshire. De aquellos estudiantes que recorrieron medio país trabajando voluntariamente en la campaña.

Es un tanto confuso pues se trata de, por un lado, la activación -tal vez por primera vez en Estados Unidos- de la ciudadanía civil como un sujeto y agente de cambio, de una mayoría que se instaló como un verdadero poder, de una opinión pública potente y capaz de generar modificaciones, de un pueblo que literalmente se organizó y comprometió. Y por otro lado, de genuino sueño americano, de demostración concreta de que su "democracia liberal" funciona, de que el hijo de un pastor kenyano puede llegar a ser presidente de los Estados Unidos, y de que aquí, en Norteamérica, todo es posible.

Voluntarios Newyorkinos por Obama. Todas las fotos son de Adam Esrig.Estados Unidos es tan grande y diverso que rara vez los fenómenos son nacionalmente uniformes. Es difícil saber qué va a pasar con Obama y con esas masas de nuevos votantes. De todas formas, opciones no hay muchas. Como me dijo uno de aquellos voluntarios que trabajaron en la campaña: “ahora que ganamos, no podemos volvernos locos con Obama. Yo quiero seguir siendo oposición, porque Obama sigue siendo Demócrata”. Lo que encierra aquella frase creo que es lo más certero. El fenómeno que intento describir aquí es real, Obama es lo que planteamos, es muy progresista e inteligente, y es el presidente de los Estados Unidos. Es el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos. Es -después de ocho años- el presidente del Partido Demócrata de los Estados Unidos.

Hay varias cosas a su favor para parecer transformador: los ocho años de Bush, la crisis económica, la crisis moral. Pero, es el presidente demócrata de los Estados Unidos.

Un militante no modifica a su partido por sí solo; un político no transforma radicalmente un país; y un presidente no basta para cambiar tan profundamente un sistema como algunos creen. Obama no va a hacerlo, y tampoco creo que sea su objetivo. Quién sí lo quiera debe seguir siendo oposición en EEUU, de lo contrario Obama no solo va a pasar a la historia como el primer presidente afroamericano en su país, si no también como aquel a quien más personas defraudó.

Dame una palanca y muevo al mundo. ¿Puede una persona mover al mundo? Lo interesante no es Obama por si solo, es el fenómeno con raíces, pasado, presente y futuro. Quien quiera que el mundo se mueva no debe esperar a que Obama lo haga, debe estar dispuesto a constituirse, o seguir siendo, sociedad civil organizada: sujeto.
El verdadero contenido del fenómeno, “el sujeto”, es en definitiva la real palanca. Ahí esta el secreto.

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[1] Asamblea partidista para elegir candidatos del sector, en EEUU.