lunes, 2 de marzo de 2009

Rengo: Crónicas, Mitos (y Leyendas)


Por Simón Yarza
Político, cantante y deportista renguino.
Producción fotográfica de Jorge López.

Previamente a la entrega de este y otros aportes, solicitados por la revista cultural “Observatorio Regional”, debo dejar claro que jamás he pretendido ser ni considerarme historiador, o que se me califique como tal, ni siquiera en el más modesto nivel. Es solo el inmenso cariño y el más profundo arraigo a mi terruño renguino el que me ha impulsado, desde mi niñez, a conocer -lo más y mejor posible a mí alance- mi Rengo.

¿Por qué Rengo?

Necesariamente, debemos remontarnos al año 1831 -al día de hoy 117 años-. Es así que el 22 de marzo de 1831 el Congreso de Plenipotenciarios eligió al General don Joaquín Prieto y a don Fernando Errázuriz como Presidente y Vicepresidente de la República, respectivamente.

El Sr. Prieto se negó a aceptar el mando, de suerte que el Sr. Errázuriz lo mantuvo durante los seis meses que faltaban para la nueva elección (F. Encina)

Justamente en la víspera de la entrega del Mando Supremo al General Prieto se dictó el Decreto Supremo mediante el cual se le cambia el nombre a la denominada “Villa Deseada” por el de “Villa de Rengo”, como forma de rendir homenaje -a perpetuidad- al “lugarteniente” del toqui Caupolicán.

Considero altamente justo y necesario históricamente aclarar ante muchas y muchos coterráneos que lamentable e injustificadamente ignoran la etimología y, por ende, el significado de la palabra Rengo, y que, al expresarlo suelen atribuirle el concepto de “cojo”, lo que me resulta una verdadera insolencia histórica.

La etimología de la palabra Rengo indica que es giro o término aborigen -araucano- derivado de la palabra “rencu” cuyo significado es “invencible”, marcada característica de este combatiente que sobresalió por su gran valentía y coraje en la lucha contra los colonialistas españoles. Él era quien proponía en las reuniones que “a los españoles había que perseguirlos hasta su propia tierra y matarlos en sus cuevas”.

El vocablo de origen araucano “rencu” sufrió en el transcurso del tiempo un cambio que se expresa debido a la tendencia de darle al lenguaje por la ciudadanía mayor soltura y simplificación. Es así que el vocablo “rencu” se fue castellanizando y, pasando en este errado proceso por “rengu”, derivó en “rengo”, voz araucana que muchos la han traducido por “bravo entre los bravos”.

El historiador don Ramón Briceño en su libro “Antiguedades Chilenas” dice: Rengo, si esta palabra deriva de “relu” o “rennan” significa “hacer frente”, “encararse”, lo cual cuadra perfectamente con la osadía del indomable guerrero. Es así como queda a firme el perfil que traza del valiente araucano don Alonso de Ercilla y Zúñiga en su inmortal poema “La Araucana”, es decir, “valiente entre los valientes”, que es una de las acepciones más aplicables al vocablo, haciéndole honor al hijo de Leocán y a nuestro tan querido terruño renguino por cuyas arterias también corre sangre aborigen, y que ha debido encararse a los embates de la naturaleza, aceptándolos con resignación; pero -cuando se le toca la fibra del amor propio- resuelve con decisión y valentía derribando los obstáculos hasta lograr lo que necesita y ambiciona.

¿La estatua del Toqui Caupolicán?

Esta estatua fue adquirida en el año 1880 -a la fecha de hoy, 128 años atrás-, al agricultor de Pichiguao, don Pedro María Gallo, en la cantidad de $240 (doscientos cuarenta pesos), dinero que se obtuvo mediante subscripción popular. Era gobernador del Departamento Caupolicán, capital Rengo, don Carlos Vandorsee. Esta estatua es auténtica del autor de la obra, el excelente escultor chileno de fama internacional, don Nicanor Plaza.

No obstante que existen muchas personas que -aseguran- se trata de un elogio a los Mohicanos, aborígenes de raza cobriza, la ciudadanía a través del tiempo ha terminado por aceptar como exponente a los hijos de Arauco, pese a la impropiedad de los detalles étnicos de las plumas en la cabeza y la vestimenta, así como la mayor estatura, la nariz aguileña, que nunca fue uso o rasgo de nuestros aborígenes. Es necesario agregar al respecto que bajo el pedestal de la escultura original había una plancha que decía: “The last of Mohican” -“El último mohicano”-.

Don Nicanor Plaza que estaba en París becado por el gobierno de Balmaceda, presentó su estatua en un concurso realizado en la capital francesa. La estatua que se encuentra en nuestra Plaza de Armas es una de las pocas vaciadas al metal por el propio escultor Plaza; las otras están en el parque de ciudad de Lota y en el cerro Santa Lucía de nuestra capital.

¿Rengo, el centro de Chile?

Hacemos propicia la ocasión en que destacamos historias características de nuestro principal paseo público, para tratar de corregir un muy antiguo, repetido y masivo error en el decir de nuestros coterráneos al referirse al mencionado monolito ubicado en el costado sur de la Plaza, frente al Liceo Tomás Marín de Poveda, expresando que esa es la ubicación de la mitad geográfica de Chile.

¡Profundo error! El pequeño monolito de concreto con inscripción lateral, fue instalado al comienzo de 1900 (1925-1926), cuando el Instituto Geográfico Militar realizó un levantamiento de nuestra zona señalando el eje longitudinal incluyendo la altitud de la ciudad de Rengo con respecto al nivel del mar (319 mt.).

Acerca de la mitad de Chile, tenemos entendido que estaría ubicada entre las comunas de Coronel y Lota, en la localidad de Playa Blanca. Sí, estamos seguros de que no es Rengo.

¿Y la Pila de Agua de nuestra Plaza de Armas?

La Pila de Agua que está instalada desde el nacimiento de la Plaza, de estilo morisco en combinación de piedra y fierro forjado, fue instalada por orden del Gobernador del Departamento de Caupolicán, capital Rengo, don Carlos Vandorsee en 1881.

¿Rengo el centro de Chile? Monolito en la plaza de la ciudad. Imagen de Jorge LópezAteniéndose a las versiones de “los viejos del lugar” y en especial a nuestro coterráneo oficial veterano de la Guerra del Pacífico don Benigno Román Corral, quien decía que un alto oficial del Ejército de Ocupación dispuso el envío de esta pileta, que es un trofeo de guerra que se trajo desde Perú durante la ocupación de Lima en 1880, a una ciudad del sur de nuestro país. Para ello se le ordenó al renguino Sargento Pinto que la trajera desarmada, a lomo de mulas. El Sargento a cargo de un grupo de soldados cumplió la orden, llegando luego de tres meses de trabajoso trayecto a Rengo.

Como el Sargento Pinto era de Popeta quiso aprovechar su paso por nuestra ciudad para ir a visitar a su esposa, la que, cuando salió enrolado al norte en el “primer enganche”, se encontraba en avanzado estado de gravidez.

Dejó al grupo de soldados a su orden en la Plaza custodiando la carga y se dirigió a su casa.

Cuando llegó a Popeta nadie se atrevía a darle la trágica noticia que su mujer había sido vejada y muerta junto a su hijo… hasta que no faltó quien le relatara lo ocurrido. El Jefe de la policía de la comuna de Chanqueahue le había dado muerte, porque ella se había resistido a sus requeri-mientos amorosos.

De inmediato el Sargento Pinto se dio a la tarea de encontrar al Jefe de la Policía, lo que aconteció en un “boliche” cercano a la estación de Ferrocarriles del Sur y, ahí mismo le dio muerte con su corvo, arrastrándolo hasta la línea férrea hasta tirarlo al paso de un tren de carga. Ensegui-da se dirigió a la plaza relatándoles lo sucedido a sus compañeros de misión.

A Pinto lo comenzó a perseguir la justicia; mas, sus compañeros soldados hicieron solidaridad y comparsa con su jefe de misión y rápidamente se fueron a esconder a los bosques de Chaval (lugar ubicado hacia Coinco). Como al paso de los días fueron necesitando alimentos, efectuaron salteos en diferentes casas y fundos de la zona. Por ello, muy luego tomaron forma de bandidos despiadados, siendo conocidos con el nombre de “los bandidos de Chaval”.
Al tiempo los “bandidos de Chaval” fueron abatidos y Pinto, a quien se conocía también con el nombre de “Cotonías”, perseguido intensamente por un cuerpo de policía, creado al efecto y costeado por las municipalidades del departamento. Pinto, o Cotonías, logró arrancar hacia el interior cordillerano del Río Claro hacia la alta montaña. Era el mes de mayo de 1882. Don Genaro Muñoz, Jefe de la Policía se quedó aguardando en las casas patronales de la hacienda Las Nieves, mientras que Pinto se esforzó para cruzar la cordillera para refugiarse en la República Argentina.

Lamentablemente para sus planes de huida, comenzó a nevar copiosamente obligándole a detener su marcha y tener que guarecerse bajo enormes peñascos que proyectaban una cueva. Desmontó, encendió una fogata y de seguro también preparó un jarro de “té burro” que nunca le faltaba en su bizcochera. Cuando se incorporó para proseguir su viaje, pese a la inclemencia climática, vio con gran estupor que su caballo se había soltado y alejado, seguramente en busca de coitón, dejándolo a pie y abandonado a su suerte, mientras la nevazón que seguía con más intensidad.

Así pasaron las horas y los días; además se acabó la alimentación y Cotonías sin poder salir de su refugio pues siguió la nevazón formando una blanca y extensa sábana, que a la postre, le sirvió de mortaja.

Antiguamente “los viejos del lugar”, tanto en Rengo como en los villorrios campesinos de los alrededores, contaban que cuando don José Toribio Latorre descubrió el mineral “El Rosario” encontró el esqueleto de un hombre encorvado entres sus rodillas. Desde entonces -dicen- que esa mina es cuidada por el espíritu de un bandido. Así mismo, desde aquella época existe una romántica leyenda renguina que expresa en su parte final que “cuando florecen los magnolios de la Plaza de Rengo, a eso de la media noche, se ve pasar a una pareja, tomados amorosamente de la cintura que pasean por los jardines interiores. Son los espíritus de Pinto y su mujer que han seguido amándose más allá de la muerte.