lunes, 2 de marzo de 2009

Norberto Bascilunga* y la Teoría del Egoísmo **


Por Jorge Díaz Arroyo

Norberto Bascilunga, español, nacido en Cuenca en 1958, es el escritor y filósofo de la última generación del siglo XX europeo que ha venido a renovar las tesis en torno a la filosofía “de lo humano” con su renovadora, insolente y sugestiva “teoría del Egoísmo”, la cual viene desarrollando desde hace ya 15 años, cuatro libros y múltiples conferencias a lo largo y ancho de Europa (en especial en Alemania y los países bajos, donde su propuesta ha tenido una especial e inesperada acogida); y también en Chile.

A nuestra angosta faja de tierra vino en 2008 invitado por la Universidad Bolivariana, gracias al antropólogo chileno – español Rodolfo Álvarez Soto, quien dirige varias cátedras en la carrera de Antropología Social de esa casa de estudios, y que además ha prologado varios de los trabajos de Bascilunga (algunos antes de que desarrollara su provocativa teoría del Egoísmo), y ha escrito, además en reiteradas oportunidades sobre los planteamientos del autor.

Pero ¿qué es la teoría del Egoísmo? En el fondo es la puesta al día de una tesis ya explorada deficientemente por algunos autores (incluso desde fines de la Edad Media e inicios de la modernidad), y que surge para Bascilunga como un revelador hallazgo fruto de su incasable y agudo trabajo intelectual, y no como un “terrible descubrimiento” como han querido sindicarle sus detractores.

La teoría del egoísmo tan solo viene a revelarnos un rasgo íntimo y propio de la naturaleza humana: el hecho de que toda y cada una de nuestras acciones humanas (sin distinguir nivel de consciencia, instintividad o sofisticación) está motivada por un estímulo que atiende, en definitiva, a una necesidad personal.

Si aceptamos el planteamiento que nos expone Bascilunga, debíeramos suponer que incluso la labor que desarrolló la madre Teresa de Calcuta con los leprosos e indigentes de la India en el siglo XX responde a una necesidad egoísta (es decir interior, o más sencillamente dicho, personal), tan lejana, por lo demás, a la “imagen” de la solidaridad y el abandono por la causa ajena que encarnaba –y encarna hasta hoy– la admirada y desaparecida mujer. Y Bascilunga nos diría “correcto”.

Es más, si traemos a laboratorio el caso, infinitamente más radicalizado, de una madre que, en una situación crítica debe optar por la vida de su hijo o por la propia (estamos hablando de una situación en que ambos tienen exactamente las mismas posibilidades de vida y no de un caso de aborto terapéutico, como podría pensarse); y que efectivamente opta por salvar la vida de su hijo a costa de la propia, ya sea por un “amor instintivo” o un “sentido de superviven-cia de la especie”, diríamos, de acuerdo a Bascilunga, que igualmente se trata de un caso de motivacionalidad centrífuga, o simplemente un hecho más que viene a graficar claramente la tesis o teoría del Egoísmo.

Y Norberto Bascilunga justifica: “La motivación que la madre tiene, sea de cualquier índole, o con distintos grados de proporcionalidad en el énfasis endógeno (es decir en el interés que pueda tener para otras personas o en causas ajenas), está, en última instancia, en el interior de ella; ya sea instalada en su aparato psicológico, de información genética, de memoria antropológica o cultural, en su campo moral, físico, etc. Incluso el amor y sus decisiones, en cualquier grado o vertiente, tendrían su hábitat en el “yo personal”, por lo que cualquier acción, desempeño u pensamiento obedecería (y lo hace, según Bascilunga) a una motivación egoísta o personalista.

Si vemos a un niño llorando en la calle… pordiosero, en una noche fría de lluvia, mal vestido y algo más que presumiblemente mal comido y nos llegamos a conmover, desprendién-donos de nuestra chaqueta –la que dejará de proporcionarnos abrigo– y de nuestro dinero –del que ya no podremos valernos para llegar rápido a nuestro hogar–; ésta es una acción, para Bascilunga, que únicamente ocurre en nuestro interior, y éste es un interior “egoísta”. Efectivamente “la imagen de este niño solo habita en nosotros porque lo vimos “frente a frente”. La información de que el niño está padeciendo hambre y frío y que está en una situación moralmente desfavorable solo está en nuestra mente porque hemos aprendido a percibir estas sensaciones a través de nuestra propia experiencia, y si decidimos –con mayor o menor grado de duda o desprendimiento– a abrigarlo y proporcionarle algún dinero es porque en nuestro interior se desarrolló una acción de evaluación y discernimiento moral, donde evaluamos nuestras consideraciones y aprensiones valóricas, la necesidad y sopeso material de nuestros bienes, concepciones y códigos de índole religioso o ideológico, estado de ánimo, influencia cultu-ral, y una amplia gama de factores, que luego de ser sometidos a evalua-ción hace que generemos o produzcamos una deci-sión, la cual, en el plano íntimo, irá destinada a satisfacer el cuociente que se haya generado luego de aquel intrincado proceso de percepción y asimilación valórica”. Se-gún Bascilunga, la teoría del egoísmo tiene una “aplicación total” al “quehacer humano”.

Esto no responde, como ha repetido en innumerables ocasiones el propio Norberto, a una tesis pesimista o reductiva del ser humano, sino a una cuestión de lucidez y conocimiento profundo del ser y su naturaleza. “Un conocimiento básico para quien busque conocer en una dimensión profunda al ser humano real, esencia de la que formamos parte todos”, y que “pese a esta irrecusable verdad (la del egoísmo) no aleja de sus propiedades los precioso rasgos de generosidad, solidaridad, compasión, y empatía” a la que a menudo echa mano, aunque “sea solamente en una dimensión aparente e ilusoria”.

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* Heterónimo.

** Las citas corresponden al texto “Teoría del Egoísmo”, Norberto Bascilunga, serie Pensadores, Editorial Salamanca, 2003, 2ª edición.