domingo, 1 de marzo de 2009

La Prensa Nacional y la Configuración de un Ideario en la Ciudadanía


El caso del diario La Tercera

Por Jorge Díaz Arroyo,
Profesor de Historia y Geografía y
Licenciado en Historia

Es bueno saber a quién o a qué grupo leemos cuando estamos frente a un diario, semanario o periódico. Esto lo sabemos bien quienes hemos estudiamos historia, dado lo disímiles que pueden ser las interpretaciones de los historiadores de acuerdo a la corriente que representen, aun considerando que esta interpretación pueda estar alejada de alguna intención concebidamente distorsionadora de la verdad histórica, y, más bien, es fruto de marcos ideológicos, historiográ-ficos y metodológicos inherentes en la formación, evolución personal y condición humana de los historiadores.

En nuestra labor docente (escribe un profesor), también es necesario traspasar este conocimiento a nuestros alumnos, para así contribuir a la formación de ciudadanos lúcidos, críticos, infor-mados y advertidos acerca de las corrientes que representan los distintos medios de la prensa escrita en nuestro país.

En este sentido, podemos identificar a diez principales medios escritos (hoy solo 8 en circulación) que abordan la realidad nacional e internacional desde una perspectiva noticiosa, periodística y miscelánea y que tienen alcance nacional, a saber: los diarios El Mercurio, La Tercera, La Nación (hemos dejado fuera a Las Últimas Noticias en la lista de diarios, ya que, en nuestro particular parecer, junto a parte importante de la “prensa” de farándula en televisión, radio o medios escritos, constituyen el actual opio del pueblo de nuestra sociedad y no desarrollan un periodismo informativo serio en términos de lo que aquí abordamos); los semanarios Qué Pasa, El Siglo, Siete + 7, y los periódicos de aparición quincenal Ercilla, The Clinic, El Periodista y Plan B. A su vez, podemos clasificar a algunos de estos medios en grupos, cada uno de ellos representativos de distintas sensibilidades en el espectro político, ideológico y económico nacional.

PRENSA NACIONAL: QUIÉN ES QUIÉN

El primero es el grupo Mercurio, que de acuerdo al perfil elaborado por www.infoamerica.org, es el “primer grupo de comunicación de Chile, con especial predominio en la prensa escrita. Además del primer diario de referencia del país, El Mercurio, edita Las Últimas Noticias, al tiempo que lidera un amplio grupo de prensa nacional con 14 cabeceras, entre ellas El Mercurio de Valparaíso, fundado en 1827 y decano de los periódicos que actualmente se editan en lengua española, que desde fines del siglo XIX pertenece a la familia Edwards”. El Mercurio representa editorialmente a la derecha tradicional, económica, culta y conservadora nacional. Esto también está presente en el vespertino La Segunda, aunque su circulación es solo limitada a la Región Metropolitana.

El segundo grupo es el Consorcio Periodístico de Chile S. A. (Copesa). www.infoamerica.org lo describe como “el editor del diario La Tercera y de otros periódicos como el popular de mayor circulación en el país, La Cuarta, o el gratuito La Hora. A inicios de octubre de 2004, Copesa compró el 50% del semanario Siete + 7, cuestión que analizaremos en este artículo en las siguientes líneas. Posee asimismo el semanario de información general Qué Pasa y la cadena Radio Zero, además de otras líneas de negocios editoriales y en el campo digital. Es, después del grupo Mercurio, el más importante del país en edición de prensa. Copesa pertenece al holding de empresas encabezadas por el banquero Álvaro Saieh Bendeck”. Representa a una derecha más comprometida en la coyuntura política contingente, con bastante sintonía con la sensibilidad UDI. En este sentido adquieren realce La Tercera y la revista Qué Pasa, por sobre el alegre La Cuarta y el limitadamente distribuido La Hora.

Un tercer grupo, aunque más vinculado a las publicaciones de espectáculos, lo constituye Holanda Comunicaciones, que además de tener la revista de actualidad política Ercilla, publica Vea, TV - Grama, Miss 17 y Cine Grama. Ercilla representa editorialmente una sensibilidad de derecha, tradicional y conservadora. Quizás más tradicional y conservadora, en suma, que El Mercurio.

Existen, además, dos medios que si bien no constituyen grupos, están identificados claramente con un sector político determinado. Es así como La Nación, con un 69% de su propiedad en manos del fisco (el resto es privado), es el diario de circulación nacional oficialista por excelencia, sea cual sea el gobierno de turno. El otro es el semanario El Siglo, perteneciente al Partido Comunista de Chile.

A éstos se ha sumado, a partir de 1988, la aparición de una serie de medios, casi todos con una sensibilidad de izquierda, que han venido a renovar el periodismo escrito nacional, agregándole (en distinta medida) cuotas de frescura, irreverencia, investigación y denuncia.

El primero de éstos es The Clinic, aparecido en 1998 y que celebra el nombre de la clínica londinense en donde fue arrestado el general (r) Augusto Pinochet. Su estilo es la irreverencia política, social y cultural, desafiando los cánones hasta entonces políticamente correctos, denunciando los absurdos de nuestra sociedad con irónico, mordaz y audaz humor. No respeta en su sátira ni a la Concertación (no obstante, con los años a mostrado una línea editorial claramente a favor del pacto), ni a la izquierda, ni menos a la derecha; tampoco a la Iglesia y otros grupos relevantes e influyentes. Complementa lo anterior con artículos literarios y de cultura, junto a algunos reportajes con cariz de periodismo de investigación. A la vez, se preocupa de develar los auténticos dramas reales de las víctimas de violaciones a los derechos humanos (sobre todo en los números de los primeros tres años) y de mostrar el Chile verdadero, sin glamour, algo así como la realidad guachaco - cultural nacional.

Otro medio es El Periodista, el que se declara como “un medio independiente, que vela por el respeto a los derechos humanos, con memoria y profundamente latinoamericano (…) Detrás de El Periodista no hay grupos políticos, económicos ni religiosos. Simplemente personas -con diversidad ideológica- pero profundamente democráticos y conscientes de la necesidad de fortalecer el pluralismo”. El proyecto editorial, encabezado por Francisco Martorell (mismo autor que publicara el polémico y bullado libro Impunidad Diplomática a principios de los noventa, algo así como El Libro Negro de la Justicia Chilena de entonces) tiene, de todos modos una sensibilidad que podríamos identificar con el ala más progresista de la Concertación. Se destaca también por una rigurosidad al abordar los temas, creando, variablemente, sus propias secciones de salud, economía, etc., con lo que pretende (suponemos) equilibrar la balanza de la cobertura que hasta ahora era “prácticamente” monopolio de El Mercurio.

Cabe consignar, que en esta lista de prense emergente, y en algún grado, con un enfoque noticioso – interpretativo alternativo, aparecieron los hoy desaparecidos Plan B y la revista Siete + 7, posteriormente transformada con capital de Copesa en diario 7. Estos medios de izquierda y pro concertación, respectivamente, explican su desaparición en lo que señalan los investigadores de la prensa nacional Guillermo Sunkel y Esteban Geoffroy, en su libro “Concentración Económica de los Medios de Comunicación” (2001) al afirmar que “la tendencia a la concentración de los ingresos publicitarios en unos cuantos medios de prensa, radio y televisión no muestra señales de cambio. Ello principalmente debido a ciertas características del empresariado chileno. Se trata de un empresariado ideológicamente homogéneo que claramente no se la va a jugar por la diversidad sociocultural. Su apuesta siempre va a estar más bien en medios que le garanticen el acceso a unas determinadas audiencias y que, además, sintonicen -o por lo menos no hagan ruido- a sus coordenadas ideológicas. Si la publicidad es la principal fuente de financiamiento de los actuales medios de comunicación y si, los avisadores operan dentro de la racionalidad mencionada es difícil que se produzca un cambio a favor del pluralismo y la diversidad.” En efecto, ambos medios tenían un tiraje similar a medios que hasta hoy sobreviven, pero sus páginas casi no poseían avisos.

LA TERCERA: UN EJEMPLO

Abordando uno de estos diez medios mostrados hasta aquí, podemos ejemplificar como éstos van conformando un ideario en la ciudadanía, ya sea en el impacto que causan a sus lectores, su exposición “en vitrina”, como es la colocación en los kioscos, donde pueden ser leídos sus titulares por el transeúnte que al pasar les “echa un vistazo”; o por la instalación de temas en la agenda pública, que los grupos directivos de la sociedad no pueden ignorar. Se debe considerar que los diarios y la prensa en general, son los medios por los que la gran masa de la población "lee" su historia, recibe elementos de referencia permanente y constantemente revisitados y “actualizados” para analizar y meditar el pasado, escrutar el presente y proyectar el futuro. Reiteramos: es, en gran medida, la historia del pueblo.

Partamos diciendo que es lícito que cada medio tenga una política editorial basada en sus creencias, concepciones, valores, etc. Ya hemos visto que todos los medios analizados más arriba la tienen. Ésta se basa tanto en cómo éstos entienden la sociedad, en cómo entienden la labor periodística y cuál es el rol que le compete a esta última en la primera. Lo que deberíamos esperar, por cierto, es una visión que se esfuerce en la objetividad, en la consideración de los distintos puntos de vista, aristas y corrientes presentes en los temas tratados; en la claridad y visibilidad de su política editorial (es decir que manifieste, pese a lo anterior, clara y transparentemente su sentir, sus afectos políticos) y que aporte, entregue, facilite y ponga a disposición del lector los elementos de juicio, confesada su posición frente a los distintos problemas que plantea el acontecer, para que sea éste mismo el que decida, ya informado. En este sentido, nos parece mucho más pernicioso el quehacer del diario La Tercera, que el de El Mercurio, el cual es permanentemente consignado como un medio deshonesto o tendencioso, arrastrando incluso el deshonroso “eslogan” popular de “Chileno: El Mercurio Miente” desde los años 60.

En efecto, La Tercera, que goza de un alto prestigio en la mayor parte de la población, como un diario claro, ameno, moderno, independiente y objetivo, en suma, amable y no comprometido política ni ideológicamente con ningún grupo de poder o de pensamiento.

Dónde surge entonces el cuestionamiento o reproche que se le puede hacer al matutino: su inconfesada posición editorial. La Tercera efectivamente presenta, a través de su contenido, su visión de la sociedad y el mundo y por lo tanto evalúa las situaciones de acuerdo a esos ideales o valores. Sin embargo, en su tratamiento hace aparecer esto como el fruto del más sesudo, imparcial y objetivo de los análisis. Resultado de esto -y el lector lo podrá constatar si se acerca a revisar ediciones anteriores o se pone, de ahora en adelante, atento a las que vendrán- es que invariablemente en el tratamiento dado a los titulares, portadas y desarrollo de los reportajes, el gobierno (desde Frei, pero sobre a contar del sexenio de Ricardo Lagos) aparecerá faltando al correspondiente celo para con sus intereses y obligaciones con la sociedad y la patria, y la derecha, por otra parte, surgirá como la secreta esperanza de poner orden en todo esto, con una visión superior y con altura y perspectiva, mezcla justa de idealismo y sensibilidad pragmática, todo, pese a ciertas buenas noticias que entregar sobre el gobierno, y malas noticias que informar acerca de la derecha.

Se trata de un juego de matices, de hábil muñeca literaria, y de la suma de una acción acumulada en el tiempo.