lunes, 2 de marzo de 2009

Editorial Nº2, Febrero 2009: Saldar Deudas

Fotografía de Jorge López

Hace algunos años, el entonces Comandante en Jefe del Ejército, General Juan Emilio Cheyre, realizó su célebre declaración respecto a la posición del Ejército ante la historia, los Derechos Humanos y el Golpe de Estado de 1973. A fuerza de repetir la frase “Nunca Más”, el discurso tomó también ese nombre, y así lo conocerá la historia.

Hoy nosotros también quisiéramos hacer una declaración, la que, por cierto, a la vez es un exhorto, un llamado y una demanda, la cual está dirigida a las comunas, tanto a sus autoridades, funcionarios y dirigentes, como así mismo a las comunidades, los vecinos: ciudadanos y ciudadanas.

Todo nuevo ciclo que se inicia -sea cual sea- es al mismo tiempo una oportunidad. Oportunidad para hacer lo que no se ha hecho, suprimir lo que no se ha debido ejecutar nunca, y/o corregir lo que, haciéndose, no se ha practicado del modo adecuado o en el potencial y calidad que sus alcances ameritan y demandan.

En ese sentido, las gestiones municipales que acaban de asumir en diciembre pasado en todas las comunas del país son, de particular modo, una de esas potentes oportunidades; pero es sabido también, que las oportunidades no siempre se aprovechan. Y los (más) perjudicados de que aquello ocurra son los de siempre: los más pobres, marginados y excluidos (en las distintas expresiones en que la pobreza, la marginación y la exclusión se manifiestan).

La cultura ha sido por mucho una de las áreas más castigadas en las gestiones municipales de nuestra región. Entendidas muchas veces como la presentación estival de espectáculos importados, gratuitos y volátiles que, siendo un aporte, así como llegan se van, se cree que con eso se cumple con una “agenda cultural” que sacie la curiosidad y sed de entretención de la gente. ¡Y no estamos en contra de estas prácticas! Por el contrario.

Sin embargo, la gestión y definición de una política y agenda cultural debiese manifestarse con juicios y criterios más profundos que aquello.

La gestión cultural es algo complejo, en cierto modo “denso” y hondo, por lo que requiere de personal calificado, pero a su vez, abierto, tolerante, sensible y dialogante. En ningún caso elitista, aunque sí, con empatía y conexión para con los distintos niveles de expresión y necesidades existentes.

La cultura es también, y a diferencia de lo que se cree, algo rentable. Además de mejorar la calidad de vida, el amor propio, el sentido de pertenencia, valoración y cuidado hacia el lugar donde se vive, es motor económico en las sociedades modernas, en donde lo propio, el “ser”, el ocio y el tiempo libre cobran real importancia, además de mover una gran cantidad de recursos que fuera de quedarse en las comunidades que lo explotan y desarrollan, genera plusvalía y puesta en valor del “patrimonio”.

No obstante, se ha visto, junto a la indolencia, ignorancia o ineptitud de las autoridades, la delegación de estas responsabilidades a nivel municipal en personas que no solo no cumplen con la calificación mínima necesaria, sino que, peor aún, no gozan de la sensibilidad y la capacidad de dialogo propia de los gestores y agentes culturales.

Encargados arbitrarios, caprichosos, sectarios, o francamente mediocres, sumado muchas veces a hábitos deshonestos (se ha sabido de algunos episodios que son vox populi y francamente bizarros por su sinvergüenzura).

Con esto, no solo se aísla a la gente interesada en hacer y vivir la cultura en sus espacios locales, comunales o regionales, sino además se empobrece la oferta y agenda, se deprimen los espacios y logros ya conquistados, y se rodea a la gestión comunal de una patrulla de parásitos que se apropian de lo que, en rigor, debiese alcanzar, por oportunidad y oferta, a todos.

Si tuviésemos que mirar a la cara a cada una de estas comunas o comunidades, como si fuesen un rostro al cual interpelar, le diríamos una a una que:

- “Saldes tu deuda con la cultura,

- “Saldes tu deuda con los artistas, creadores y gestores,

- “Saldes tu deuda con los niños, jóvenes y personas en formación, que por tu dolosa (no) gestión dejan de recibir los estímulos, conocimientos, experiencias y prácticas que los nutrirían de forma integral y completa, con excelencia e inclusión,

- “Saldes tu deuda con los más desposeídos, que con tu ineficiencia (o ineficacia, además) suman a la pobreza material, la espiritual producto de ambientes deprimidos (lo que a la larga se convierte también en detrimento moral)

- “Saldes tu deuda con la historia, el patrimonio y el talento que, en un minuto, heredaste de tu pasado”.

Los alcaldes -los nuevos, así como algunos que reasumen después de periodos en que, por alguna razón, no contaron con el apoyo de sus electores- tienen esa gran oportunidad de corregir sus prácticas.

E, incluso, quienes contraviniendo la reglamentación vigente no tienen algún “encargado de cultura” en su administración, pueden crear la instancia a partir de esta “oportunidad” con proactiva, sensible y atingente dirección.

Por último, queremos terminar tal como Cheyre finaliza su discurso del “Nunca Más”, -nosotros, por razones que son evidentes, hemos llamado a nuestra declaración “Saldes”-. El general en su momento afirmó como suprema moraleja: “que Nunca Más exista otro "Nunca Más" en la historia de Chile”.

Con la misma fuerza decimos también nosotros:

¡Que nunca más exista un nuevo “Saldes” en nuestra gestión cultural comunal o regional!

Los editores.