viernes, 14 de noviembre de 2008

Profesionalización de los Trabajadores Temporeros Frutícolas: el Combustible de Chile como Potencia Alimentaria.


Análisis de las Transformaciones en las Relaciones Laborales de los Trabajadores Temporeros Frutícolas en el Chile de Hoy.

Entrevista al Padre Eduardo Morín, Asesor Diocesano Pastoral de los Trabajadores y Temporeros, Diócesis de la Santa Cruz de Rancagua


Por Pablo Vásquez
Profesor de Historia y Geografía

Rancagua, seis y media de la tarde del día viernes 22 de Enero de 2008. Mis pasos me llevan desde el bus que me trae desde las afueras de la ciudad hasta las inmediaciones de su corazón neurálgico. Mi sombra atraviesa raudamente la Avda Millán para sumergirme en la embaldosada calle Del Estado.

Allí, portentosa y con las antiguas ganas de lucir mejores galas, la emblemática Iglesia de San Francisco me recibe con una serenidad que tan solo las viejas montañas de la Cordillera de los Andes han de conocer.

Ingreso por la puerta de cristal situada a un costado del frontis. Un fresco aire proveniente desde el interior del edificio me da la bienvenida, apaciguando con ello el intenso calor de las tardes de verano de nuestra región.
Me presento. Un sacerdote me saluda y me conduce hasta el despacho de quien me espera. Un largo corredor me recibe y, en sus orillas seis sillas finamente entalladas en madera son objeto de mi admiración.

He llegado a mi destino: La Pastoral de los Trabajadores y Temporeros de la Diócesis de Rancagua.

Adentro, se oye la voz del Padre Eduardo Morín.

Cualquiera diría que el padre Morín ha sido minero por lo menos unas tres décadas: es de estatura media, robusto y con unos brazos gruesos como ramas de roble.

Su acento y su rápido castellano lo delatan como extranjero.

Claro que sí, nació hace 68 años en la parte francesa del Canadá: Québec, y sí, su fortaleza se la ha ganado a través de sus experiencias misioneras en los campos y selvas de Chiapas en México; junto a los Mayas y los exiliados de Guatemala y en los campos del Valle de Copiapó de nuestro país, por mencionar solo algunas de sus estancias en el mundo.

Me dice que ha estado buscando nuestra Revista en Internet, lo que me indica que estoy en presencia de un ser inquieto, siempre en busca de más conocimiento.

Sonrío y le explico como había que encontrarla.

Pasamos a continuación, a otra oficina, un poco más reducida pero igual de confortable que la anterior, situada en frente de aquella.

¿Padre Morín, cual es a su juicio el panorama que se vive actualmente en el mundo laboral de los temporeros?

Actualmente, se está gestando una gran transformación en el mundo rural de Chile. Quizás buena parte de ello sea producto del proceso de globalización en el cual el país se insertó gracias a los amplios tratados comerciales que el Estado ha propiciado. Todo ello, le ha otorgado a Chile el carácter de “potencia alimentaria”.

Las exigencias en los estándares de calidad de los alimentos que los consumidores de Europa, Asia, y América del Norte ha obligado a los productores chilenos a mejorar sustancial-mente sus productos, el uso de tecnología de punta y el uso de trabajadores cada vez con más alta especialización y, es en esta última parte donde se está generando lo que podría llamarse una crisis.

Cada temporada, las Agroexportadoras solicitan mayores exigencias a la hora de contratar trabajadores agrícolas para las labores frutícolas.

Sin embargo, estas exigencias no han estado acordes con los sueldos recibidos por estos mismos trabajadores. En el Valle de Copiapó los trabajadores que llegan hasta allí ganan tres veces más que en la Región de O’Higgins. Cada temporada, llegan hasta el Valle de Copiapó entre 10 y 15 mil trabajadores provenientes de todos los rincones de Chile. En los años 80 eran conocidos como “Los Mochileros”. Pasan 10 meses, entre Agosto y Mayo deambulando por los valles agrícolas ubicados entre Copiapó y Coyhaique.

¿Se podría llegar a producirse una huelga o un paro de los trabajadores temporeros, si la tasa de personas cesantes al menos en la Región de O’Higgins es alta?

Es cierto, que todos necesitan un trabajo. Sin embargo, los consumidores que actualmente Chile tiene que satisfacer con sus productos agrícolas son extraordinariamente exigentes. El Mercado Japonés, el Chino y el Británico, por ejemplo, envía a sus propios veedores agrarios para observar la producción de los alimentos que posteriormente se enviarán a sus respectivos países.

Esto ha obligado a las grandes Exportadores Frutícolas a especializar y capacitar a sus trabajadores. Ya no cualquier persona puede trabajar en los campos o en los Packings. Esas empresas han publicado en el pasado las Buenas Prácticas Agrícolas para el sector frutícola de exportación y últimamente las Buenas Prácticas Laborales para la Agricultura chilena para poder responder adecuadamente a las nuevas exigencias del mercado.

El problema radica en que ésta especialización, si bien es exigida por el empleador, no es considerada por éste al momento de pagar al trabajador sus servicios. Al menos no por todos. La especialización, los años de trabajo en la misma empresa deben pagarse, la profesionalización tiene un precio y tiene un resultado económico: un producto altamente competitivo en los mercados internacionales. Eso debe pagarse.

Además de eso, está el trato que recibe el trabajador durante su permanencia en el trabajo. Muchas veces las condiciones laborales son horrendas. Muchos son tratados como si fueran esclavos.

Don Alejandro Goic sugirió el concepto del Sueldo Ético. Esto remeció completamente el mundo político y económico del país durante el año 2007.

Monseñor Goic vio que los trabajadores chilenos estaban abandonados, que nadie los defendía o se preocupaba por sus problemas diarios: los trabajadores de las tiendas, los temporeros, los obreros, etc. El sentir de éstos estaba lleno de preocupaciones: la cesantía, las cuentas que suben y suben, la educación de los hijos, los sueldos que no alcanzan...

Entonces fue cuando Monseñor Goic impulsó la idea del Sueldo Ético. No es posible que se pague lo mínimo. Lo mínimo no puede ser el sueldo justo.

Es escandaloso ver como los políticos en el Congreso no son capaces de ponerse de acuerdo debido a que no congenian en fijar el Sueldo Mínimo por unos pesos más, unos pesos menos. Eso no puede ser posible.

¿Cuál ha sido la acción de la Iglesia Católica en este aspecto?

En las Orientaciones Pastorales de la Conferencia Episcopal de Chile (CECH), para el periodo 2001-2005, los Obispos señalan que (lee):

“Somos conscientes de las profundas mutaciones operadas en el mundo laboral y de la angustia que produce el desempleo.

Por ello nos proponemos: desarrollar una profunda reflexión teológica y pastoral sobre el sentido del trabajo en la era postindustrial; crear espacios de diálogo en base a la Enseñanza Social de la Iglesia , entre empresarios y trabajadores y, entre sus respectivas organizaciones; apoyar la promoción de leyes laborales más justas y crear conciencia de la necesidad de evitar las excesivas horas de trabajo que muchas veces sacrifican el descanso, sobretodo el descanso dominical, con él a personas y familias en todos los sectores de la sociedad, incluyendo el de los dirigentes políticos y sociales.

Quisiéramos seguir promoviendo, con más ahínco, la pastoral de los trabajadores y la pastoral del empresariado, entregándoles los elementos pertinentes de la Doctrina Social de la Iglesia para que asuman, desde la fe, la vocación que el Señor les ha dado y puedan promover un entendimiento más justo con los diversos agentes del desarrollo” [1]

A partir de lo anterior, la Pastoral de los Trabajadores se ha abocado a los siguientes objetivos:

1. Promover la evangelización del mundo de los trabajadores, con todos los actores que en él intervienen, y sus organizaciones.

2. Contribuir al desarrollo del movimiento de los trabajadores y al establecimiento de instancias de diálogo entre trabajadores, empresarios y autoridades.

3. Promover y desarrollar los espacios de intercambio, de experiencias de formación integral y de experiencias de espiritualidad de los agentes comprometidos con la pastoral de los trabajadores y de los trabajadores en general.

4. Promover y apoyar el desarrollo de comunidades cristianas, movimientos apostólicos y otras expresiones comunitarias de los trabajadores.

Cada uno de éstos objetivos tiene varias líneas de acción.

¿La situación de los temporeros es igual en todo el país?

No. En el Norte, al menos en el Valle de Copiapó, las condiciones de trabajo son mucho mejores que las presentes en la Región de O’Higgins. Allí hace falta mucha mano de obra en las labores agrícolas, así que por lo general los sueldos son más elevados que en la zona central del país. Ello quizás se deba a que las primeras exportaciones de frutas que envía Chile al extranjero cada año, provengan de allí. Dichos envíos se realizan en Noviembre, justo cuando el Hemisferio Norte está entrando en el invierno. A los norteamericanos y británicos les gusta comer uvas para Navidad y, están dispuestos a pagar muy bien por ello. La caja de uva de mesa llega a alcanzar los 30 dólares en Philadelphia por esos días. Es el Oro Verde.

A diferencia de ello, cuando la fruta de la zona central de Chile está lista para enviarse, esto solo se produce en los meses de Febrero-Marzo, es decir, tres meses después que se efectúan los primeros envíos desde el Valle de Copiapó. Para ese entonces, los precios de la fruta han bajado considerablemente.

Junto a lo anterior, los recursos humanos que trabajan en las labores agrícolas en la zona norte, provienen en su mayoría de la zona centro-sur del país, ya que en el Norte, la idiosincrasia local mira a este tipo de trabajo como una actividad económica indigna. Es decir, para ellos, un verdadero trabajador –un hombre- es aquel que se gana la vida partiendo rocas con su punzón y su martillo en las minas. Eso para ellos es trabajo. El trabajo en los campos es impropio de hombres.

Por ello, la gran mayoría de los trabajadores frutícolas proviene del centro y del sur del país. Se puede encontrar a muchos mapuches trabajando en el Valle de Copiapó. Incluso personas de Coyhaique.

Con respecto a la zona Central, el caso de los trabajadores temporeros es bien diferente. Ellos están siempre cerca de sus hogares, es decir, se trasladan a sus puestos de trabajo de igual manera que lo hace un funcionario de alguna oficina. Y, al terminar el turno, volverán a sus casas junto a sus familias. La única diferencia es que su año laboral es más corto. Ahora, por desgracia para ellos, los productos frutícolas que manipulan llegan a los mercados demasiado tarde como para ganar los sueldos que tienen su misma labor en el Norte del país.

Bueno y, además de eso, hay que destacar que existe mucho miedo entre los trabajadores de la zona a perder sus puestos de trabajo.

¿Cambiaría la situación si la Región contara con más diversidad industrial?

Claro que sí. Habría menos mano de obra disponible y mayor especialización aún.

¿Cuál ha sido la labor de la Iglesia entre los años 2005 y 2007?

Escuchar y compartir las experiencias de los trabajadores. Ellos también son hijos de Dios. Hemos realizado reuniones periódicas con muchos de ellos. La Iglesia Católica quiere saber que es lo que está pasando con las personas. Quiere saber sus penas, sus preocupaciones.

En síntesis, conocer sus vidas. Y en eso estamos todos nosotros trabajando. De hecho, el día 19 de Abril se realizará en Las Cabras, el lanzamiento de la Carta Pastoral a los hombres y mujeres del campo chileno. Esta carta presentada por la Conferencia Episcopal de Chile, es fruto de un proceso de 2 años “de escucha” a través de numerosas jornadas con distintos actores viviendo en los sectores rurales con el propósito de captar sus inquietudes y aspiraciones frente a los profundos cambios que se ha experimentado en el campo chileno.

Pero, por otro lado, también estamos realizando gestiones con los empresarios y las organizaciones de trabajadores agrícolas a través de la MESA PERMANENTE DE DIALOGO SOCIAL Y LABORAL EN EL SECTOR AGRÍCOLA.-

¿La Mesa de Diálogo Social y Laboral?

Sí. Se creó en los primeros días de Enero y fue impulsada por los diferentes actores que participan en las actividades hortofrutícolas. Entre ellos se destaca la Asociación de Exportadores de Chile (ASOEX), la Federación de Productores de Fruta de Chile (FEDEFRUTA) y varias Federaciones de Sindicatos Agrícolas, por nombrar solo algunas de las organizaciones firmantes. La Pastoral de Temporeros Frutícolas fue invitada a integrar la Mesa ya que tenemos presencia en varias regiones de Chile y una experiencia de muchos años de acompaña-miento a este pueblo itinerante.

La Mesa consideró la creación de un documento de protocolo en el que se estipula la intención de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, tales como la participación de la mujer, las remuneraciones, la salud y las pensiones de jubilación, entre otras muchas preocupaciones de los trabajadores.

Los sueldos de los temporeros son muy malos, no alcanzan para cubrir todas las necesidades de sus familias.

En Diciembre del año pasado, ocurrieron fuertes protestas en Copiapó de parte de un grupo de temporeros de un predio agrícola exigiendo mejores condiciones en cuanto a la alimentación, hospedaje y remuneraciones proponiendo que se aplique el Sueldo Ético propuesto por Monseñor Goic. Después, en Enero de éste año, se produjo otro movimiento de apoyo al Sueldo Ético y de la mejora de las condiciones laborales en Ovalle.

¿Cuál es el panorama de los temporeros en la Región de O’Higgins?

Es un poco difícil de precisar con exactitud. Pero, primero se tiene que considerar que hay aproximadamente 700 predios agrícolas de gran envergadura en la Región. Junto a ello, se tiene que destacar que la superficie frutal cultivada alcanza las 60 mil hectáreas y que, hay 120 mil trabajadores temporeros frutícolas, por lo que éstos constituyen la mayor fuerza laboral de toda la región.

Ahora bien, las condiciones de trabajo de éstos 120 mil trabajadores es muy difícil de graficar y analizar a fondo. Esta región es inmensa, muy grande. Imagina que solo existen 5 fiscalizadores de la Inspección del Trabajo para toda la provincia de Cachapoal que cuenta con la mayor cantidad de predios agrícolas de la región. Obviamente no son capaces de acudir a todos los llamados -si es que los abusos son denunciados-.

Hay muchos problemas y ello, debido a que se ha seguido considerando a los temporeros como trabajadores de poca importancia. Como un trabajo de mala calidad. Sin embargo, eso no es cierto, ellos son el principal motor económico y laboral de la región (estos 120 mil trabajadores generan los ingresos necesarios para mantener a más de medio millón de habitantes, es decir, casi toda la población de nuestra región).

El concepto y la imagen del trabajador temporero frutícola se están transformando y continuarán cambiando, siempre y cuando se tome conciencia de su dignidad como persona más que por lo que significa económicamente para el empresario.

En ello también ayudan las exigencias de los mercados extranjeros. Los empresarios chilenos deben aprender que todas sus empresas agrícolas descansan en los hombros y en la calidad del trabajo de estos trabajadores. El empresario agrícola chileno debe aprender a respetar y mantener contento a sus trabajadores, a pagarles en conciencia lo que realmente se merecen. A eso se refería Don Alejandro Goic cuando nos mencionó el Sueldo Ético. Ellos manipulan alimentos, productos de alto valor económico en los mercados asiáticos y europeos. Cualquier error podría significar la pérdida de millones de dólares e incluso, el cierre de cualquiera de estos mercados.

Por eso, la importancia de un trabajo como éste tiene que tener su correspondiente retribución, lo que debe reflejarse en la calidad del trabajo ejecutado por el trabajador durante largas horas al sol o parado durante horas en los Packings embalando frutas con sumo cuidado y siguiendo especificaciones técnicas provenientes de estándares internacionales.

Los temporeros son trabajadores profesionales y deben ser reconocidos como tales, tanto social como económicamente.
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[1] Morín, Eduardo. Pastoral de los Trabajadores. Fundamentos. Diócesis de la Santa Cruz de Rancagua. Pág. N° 1.

En la imagen, Trabajadores en un parcking- Fotografía cortesía de Eduardo Morín.

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