viernes, 14 de noviembre de 2008

Del Estado-Nación al Estado-Multicomunitario


Génesis de la construcción de un camino al desarrollo,
trazado por la voluntad de todos los chilenos


Pablo Favio Vásquez
Prof. Historia y Geografía y Gestor Cultural

La implementación de la Revolución de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones, hacia la década de 1990, ha venido generando ciertas transformaciones en las relaciones entre la población chilena que habita en regiones y el poder Estatal centralizado en la región Metropolitana de Santiago.

Desde la última década del siglo pasado, el acceso a medios de comunicación globalizantes permitió a un reducido grupo de la población extra-metropolitana acceder a herramientas informáticas que les otorgaban un cierto espacio de autonomía en la organización, decisión y acción con respecto al poder centralizado.

Sin embargo, la generación de actividades culturales por parte de éste grupo –pioneros en gestión cultural en regiones- se topó muchas veces con la desidia e incomprensión de sus iniciativas, sobretodo al momento de ser consideradas éstas como un “mero espectáculo”, en vez de entenderlas como un medio de participación ciudadana e Instrumento de (auto)educación social.

En este contexto, debemos considerar necesario hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué es la cultura?, ¿Quiénes construyen o generan Cultura? ¿Cuándo se crea Cultura?

Por cultura, debemos entender a cualquier creación generada por el ser humano, tanto material como inmaterial, para relacionarse entre sí y con el medio ambiente en el cual se encuentra inserto. En este sentido, cabe agregar que toda creación cultural es valiosa en sí misma, por cuanto su existencia obedece a un contexto social, temporal y espacial único e irrepetible.

Hemos de considerar que todo ser humano es creador de cultura, por cuanto su constitución como individuo único e irrepetible (combinación de genética y medio social-ambiental), hace que sus acciones tanto materiales como inmateriales adquieran éstas mismas características, lo que a su vez, le permiten diferenciarse del resto de la humanidad.

En el caso del ámbito temporal, se tiene que la creación de cultura es un proceso ininterrumpido y afecta a todos lo espacios, es decir, la cultura se crea y transforma en cada momento y en cada espacio social y geográfico en el cual está presente el ser humano.

Ahora bien, por motivos de su agrupamiento natural, los seres humanos han dado vida a una serie de organismos que, debido a su cohesión, le han permitido amplificar y extender sus creaciones culturales: la comunidad.

La Comunidad: célula cultural básica.

La unidad mínima de población humana para entender el desarrollo cultural de cualquier aglomeración social mayor, es la comunidad. Este grupo humano, puede ser definido como:

“Un conjunto de habitantes de una aglomeración humana, que poseen características semejantes (o que les pueden ser atribuidas externamente por otros), que desarrollan relaciones entre sí, que desarrollan actividades laborales o de otra índole comunes y, que, pueden o no habitar en una misma zona de la ciudad”. [1]

En este mismo contexto, la ciudad también puede ser entendida como un conjunto de comunidades. Esto permite a su vez, la creación de un espacio comunitario o varios espacios comunitarios, conceptos que se identifican como: uno o varios lugares, constituidos por espacios públicos o privados, en los cuales se crean, transforman y destruyen relaciones entre los miembros de una comunidad o entre varias de ellas.

Cabe destacar que los espacios comunitarios pueden o no estar agrupados en una zona determinada de la ciudad. Cuando un grupo de espacios comunitarios coinciden en ubicarse en un reducido espacio físico, se produce la creación de barrios, donde la relación-actividad social principalmente desarrollada allí, le otorgará su identidad a éste.

La Cultura en la Región de O’Higgins

En el caso de nuestra Región de O’Higgins, los elementos generadores de cultura y, que al mismo tiempo le otorgan una idiosincrasia, se encuentran diseminados por todo lo ancho y largo del territorio regional: las comunidades rurales.

Las comunidades rurales poseen las mismas características que una comunidad urbana, pero, a diferencia de ésta, la comunidad rural presenta una cohesión mucho mayor entre sus integrantes. Ello se debe normalmente a que las actividades que éstos desarrollan se ejecutan en un radio de acción muy reducido dentro o alrededor del núcleo habitado. Por otra parte, algunas de éstas labores involucran una alta cantidad de pobladores de la comunidad, por cual, las relaciones sociales se ven reforzadas con la cotidianeidad del acto de la convivencia, la cual, muchas de las veces se consolida finalmente a través de algún rito social de enlace entre las familias, como es el caso de Matrimonios, Bautizos o, agrupándolos en organizaciones comunitarias Centros de Madres, Clubes Deportivos, Comités de Viviendas, Bomberos, Juntas de Vecinos, etc.

Desde el punto de vista cultural, las comunidades rurales poseen una idiosincrasia marcada por la directa relación de sus miembros con el medio ambiente en el que se asienta el conjunto de pobladores, lo que se ve reflejado en el fuerte sentimiento de apego de éstos a la tierra que los envuelve cada día; y, por el cúmulo de vivencias compartidas a lo largo del tiempo por sus habitantes –y que son expresadas a través del canto, el baile, la pintura, el deporte, gestos y símbolos sociales, etc.–, generando finalmente una Imagen e Historia Local común a todos, pero al mismo tiempo, irrepetible en relación al resto de la Región.

De esta manera, la personalidad de cada comunidad presente en la Región adquiere ribetes de singularidad, ya que el mismo sentimiento de valoración hacia ella, permite a sus habitantes diferenciarla de otras comunidades rurales, las que muchas veces parecieran ser semejantes entre sí. En síntesis, cada comunidad rural es un microcosmos (única en sí misma), lo que la hace culturalmente original y patrimonialmente invaluable.

La Pérdida de Idiosincrasia, Identidad y Autonomía Regional

Desde el establecimiento del sistema de Regiones en la década de 1970, la participación ciudadana en la toma de decisiones se vio cercenada desde el momento mismo en que las máximas autoridades regionales fueron designadas por el Poder Ejecutivo, en este caso, Intendentes Regionales y Gobernadores Provinciales.

Desde el punto de vista de la Cultura y el Patrimonio, esta situación ha constituido un grave impedimento, por cuanto la responsabilidad de efectuar una positiva labor por parte de quien detenta el cargo, no es rendida a la ciudadanía (ni urbana ni rural) correspondiente, puesto que quienes ejercen dichos puestos, solo deben rendir cuentas al poder centralizado del Estado, presente en la siempre culturalmente distinta y hegemónica Capital Estatal: Santiago.

Es simplemente imposible para una Región buscar y alcanzar el desarrollo en pro del bienestar de sus habitantes si sus máximas autoridades son designadas por entidades que no habitan en la Región misma. O si las estrategias o marcos regulatorios se diseñan en la distante metrópolis.

La Recuperación de la Idiosincrasia, Identidad y Autonomía Regional

Para generar desarrollo y crecimiento en nuestra Región, primero es necesario conocer a sus pobladores, haber compartido con ellos sus experiencias diarias, haber conocido las historias y leyendas locales de sus antepasados, comer de sus alimentos en su propia mesa, entender sus preocupaciones y ser partícipe de sus problemas y esperanzas... Y, lo más importante, entender que todo este conjunto de vivencias son auténticas, válidas, legítimas y actuales, por cuanto su existencia es importante y, más aún, en su actuar contribuyen a la Vida de la Región.

De la mano de lo anterior, cada comunidad urbana y rural presente en la Región tiene el deber y el derecho de contribuir al desarrollo de su propia personalidad, ya sea a través de la autogestión (iniciativas propias) o por medio de la colaboración de otras instituciones (el Estado, ONG’s u organismos internacionales), en actividades tales como: hermoseamiento de parques, mantención de la limpieza de los barrios, comités de vigilancia; juegos y deportes para niños, jóvenes, adultos y adultos mayores; actividades artístico-culturales, creación de microempresas locales de todo tipo, etc.

En suma, todo este conjunto de iniciativas y actividades deben ser entendidas como una forma de mejoramiento de la calidad de vida propia de las personas, de sus comunidades y, de una poderosa contribución al crecimiento, progreso y bienestar social de toda nuestra Región.

Así, debemos entender que la Idiosincrasia y la Identidad de la Región de O’Higgins es la SUMA de todas las características de las comunidades tanto urbanas y rurales presentes en ella. Son éstas comunidades las llamadas a dar vida a la Región, y no la Región a ellas. Por ende, son las comunidades rurales y urbanas las que deben trabajar por mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y, por consecuencia, SON ELLOS LOS RESPONSABLES ÚLTIMOS Y DIRECTOS de la creación de una REGIÓN VERDADERAMENTE AUTÓNOMA, creando por iniciativa comunitaria, las instituciones civiles que permitan la participación social en todos los ámbitos regionales.

De cada una de las actividades, opiniones y decisiones que todas las personas realizan, dicen y ejecutan, depende la autonomía y el progreso de nuestra Región y, por ende, el futuro de nuestros hijos.Como consecuencia de toda esta cadena de acciones, se llega a que la figura real del Estado-Nación desaparece, y es reemplazada en la vida cotidiana por un organismo vivo y dotado de alta movilidad y dinamismo, abierto a las transformaciones benéficas y consciente de lo pasado, el presente y los tiempos venideros: un Estado de todos los chilenos, El Estado-Multicomunitario.

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1) Vásquez, Pablo Favio. Rescate Testimonial e Historia Oral de la Población Puertas Negras del Cerro Playa Ancha de Valparaíso 1965-2005. Tesis de Título, Universidad de Playa Ancha, 2005, pág. N° 33.


Vista de Malloa. Imágen de Jorge Díaz

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