domingo, 23 de diciembre de 2007

La Educación

En estas sentidas palabras de fin de estudios, la alumna del Liceo Comercial Diego Portales (Rancagua) se refiere al siempre vigente tema de la educación y su calidad, pero con un sugerente y nuevo enfoque. El compromiso y responsabilidad que le caben a los propios estudiantes. Tiene validez si lo dice una de ellos.

Por
Araceli Vásquez Pavéz
4° año Especialidad de Administración
Liceo Comercial Diego Portales P., Rancagua.
(Fragmento) Discurso de Despedida de 4° año Medio 2007

Sin lugar a dudas, en nuestro país, hace ya mucho tiempo que las cosas no funcionan como deberían, y no me refiero tan solo a la educación, pero, en lo que a mi respecta, es quizás ésta, la que me afecta en forma más directa.

Hace unos años atrás, un hombre muy sabio dijo: Gobernar es educar, pero como las de muchos otros, sus palabras se fueron con el viento, y algunos quizás las recuerdan, pero son muy pocos quienes en realidad las aplican.
En el esplendoroso y más que digno de orgullo, Chile de hoy, hartas cosas se han convertido en un vil negocio, y, entre ellas, lamentablemente, la educación en que, el siquiera hecho de pensar que ésta puede ser para todos, es algo parecido a un sueño. Quizás un imposible

Lo más triste del asunto no es realmente esto, sino, el hecho de que pareciera que no existe nadie a quien le importe mayormente. Y quienes han alzado en cierto grado la voz, no lo han hecho quizás con demasiada fuerza o de la manera adecuada.

Resultados para nada extraños, puesto que así ocurren por lo general, en la mayoría de los proyectos que se emprenden en nuestro país, donde los objetivos se tergiversan y las metas jamás se alcanzan.

Por lo general, contar con una gran infraestructura o una muy avanzada tecnología no garantiza que la Educación que se imparte en el establecimiento sea de calidad y, mucho menos el que la matrícula o mensualidad que en él se paga, sea elevada o no, ya que cuando los profesores son buenos y los alumnos están realmente interesados en aprender, no existe ningún obstáculo para que la Educación se entregue de buena forma. De hecho, pareciera que mientras más adversas sean las condiciones en las que se imparte, es más valorada por quienes la reciben; al contrario, de quienes tienen todas las posibilidades y comodidades y no las aprovechan.

En la actualidad, es muy difícil encontrar un establecimiento así, en donde lo que importa es la calidad por sobre la imagen.

A diario nos encontramos con profesores que trabajan en distintos lugares para obtener mejores remuneraciones, y es tanto quizás el agotamiento que esto conlleva, que en ninguno enseñan correctamente; otros entran en la sala de clases solo a formar parte del mobiliario y nada más, y otros, simplemente, ni siquiera llegan.

Me encantaría poder decir que toda la culpa de tener una mala educación es de ellos, pero, a ciencia cierta no es así.

Los alumnos, son en gran medida quienes contribuyen a que esto continúe; preocupados de perder clases lo mayormente posible cuando debería ser lo contrario, aunque quizás no todos tenemos las mismas prioridades.

Existe una sola solución, pero que en el camino quizás tomará diferentes matices: porque la educación es eso: una sola meta, a la que puedes llegar por diversos caminos:

La utopía de todo esto sería profesores comprometidos y con una verdadera vocación para enseñar, vocación que no dudo que alguna vez tuvieran, pero que seguramente el tiempo ha hecho menguar poco a poco. Y además, tenemos a los alumnos. Alumnos con deseos de aprender y de conocer cosas nuevas, que no sean, en ningún caso, marcas nuevas de cigarrillos ni licores, y mucho menos nuevas drogas.

Y si ya no somos capaces de lograr esto, la educación sale definitivamente sobrando. Tristemente se habrá perdido el tiempo. Tiempo que jamás perdona, ni se devuelve. Mucho menos se devuelve.

La vida es efímera y, por lo tanto, disfrutar de ella no puede constituir una falta; pero, saber como disfrutar de ella, es el verdadero secreto.

El mundo de hoy, no tiene contemplaciones con absolutamente nadie y, si no estás preparado o preparada para enfrentarlo, el camino se hace cada vez más empinado y difícil.

La educación es un camino, y uno especialmente bueno para aquellos a quienes la vida no entrega regalías ni asegura un buen porvenir.

La Educación es un derecho –dicen algunos-, bellas palabras, pero sin valor en la realidad. Yo creo más bien, que es una opción, tanto desde el punto de vista económico como intelectual; ya que es accesible para quienes tienen como financiarla y, cultivada por quienes saben apreciarla.
En cualquier lugar del mundo, una buena educación es símbolo de progreso, ya que las personas elevan –gracia a ésta- su nivel de vida y, al mismo tiempo, los países crecen en todos los ámbitos que se pueda imaginar.

Hoy, quizás para muchos, la educación no representa absolutamente nada y, seguramente, es más importante divertirse y pasarlo bien con los amigos. Tal vez no es una mala elección cuando se es joven y no existe ninguna preocupación más que pedir dinero cada cierto tiempo a nuestros padres. Pero la realidad no es tan simple. La juventud eterna es un sueño y nada más que eso. Y, más temprano que tarde, el tiempo toma mayor peso sobre nuestra espalda y, poco a poco, la fortaleza tanto física como mental que, en un tiempo fue la proveedora de un gran orgullo, con el paso de los años, será solo un anhelado recuerdo.

La magia de la vida está en tomar la sabiduría que cada día aparece en nuestro camino, y guardarla como un regalo imperecedero en la memoria, que seguramente servirá para que las generaciones futuras tengan un mejor porvenir.

Si no tomamos la ayuda que la Educación nos brindó tan abiertamente y en nuestro propio beneficio, será mejor cerrar los ojos y no mirar atrás, pensando en lo que pudo ser y no fue, y mirar hacia adelante con los ojos muy abiertos lo que viene y lo que no será.

Vivir cada día es hermoso y disfrutarlo también lo es, pero la existencia del ser humano es cíclica y, conforme a esto, las personas maduran y se forman dentro de lo posible una vida alegre y llena de dicha. Educarse, jamás ha sido y nunca va ha ser -como muchos piensan- una pérdida de tiempo. Pero mientras se juzgue a las personas por lo que tiene y no por como piensan, nuestro país jamás va a cambiar y la Educación será por siempre lo que hoy es: un simple negocio, donde lo importante no es enseñar sino, tan solo, ganar dinero...”
Fotografía: María Fernanda Díaz

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